El tiburón martillo de Carolina, la última especie de escualo descubierta hasta el momento

El tiburón martillo de Carolina, una nueva especie de escualo, se describe en un artículo del último número de la revista Zootaxa. Pero ya se la conocía desde hace mucho tiempo, aunque nadie lo supiese. Y este tipo de historias están entre las preferidas de los biólogos: aquellas en las que se une el tesón – y la cabezonería – de unos investigadores con el descubrimiento de una nueva especie. Y para completarlo, se consigue en gran parte por suerte.

Los científicos responsables del artículo son especialistas en peces de agua dulce. De hecho, llevan mucho tiempo investigando la fauna de los principales ríos que desembocan en el estado norteamericano de Carolina del Sur. Para entender mejor esta fauna y los ecosistemas en que trabajan, cada vez han ido ampliando más la zona en la que estudian.

De esta manera, terminaron por llegar al mismo lugar de la desembocadura. Muchos de los peces que estudiaban nacían en los estuarios, en zonas de aguas marinas, y después pasaban a los ríos. Así que parecía lógico comprobar qué animales había en aquella zona.

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Las costas de Carolina del Sur son conocidas por ser lugar de cría de tiburones. Así que cuando encontraron crías de tiburón martillo durante sus expediciones, no se sorprendieron. Marcaron la zona, cogieron muestras tanto de los juveniles como de huevos, y volvieron al laboratorio.

Allí fue donde se encontraron la primera sorpresa. Al hacer un estudio genético, se encontraron con que los tiburones martillo se dividían en dos grupos muy claros. De hecho, dos grupos demasiado diferenciados. Así que buscaron en informes, libros e investigaciones antiguas para ver de qué podía tratarse.

El único caso parecido era un ejemplar que estaba en un museo. Pero según la descripción, era un tiburón martillo (Sphyrna lewini) normal, salvo porque tenía diez huesos menos. En concreto, diez vértebras menos. Por lo demás era igual que cualquier otro.

Esta descripción no convenció a los investigadores. Ellos no tenían un caso raro, sino muchos. Así que decidieron criar ejemplares de las dos variedades genéticas, y comprobar si una de ellas tenía menos vértebras que la otra.

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Y así fue. Al dejar crecer a los tiburones hasta que fueron suficientemente grandes, pudieron comprobar que todos los que pertenecían a un grupo genético tenían diez vértebras menos que los de la otra variedad. Eran dos especies distintas. Aunque el responsable del museo había identificado mal la especie, decidieron poner el nombre científico en su honor, Sphyrna gilbertii por Carter Gilbert.

Pero, ¿cómo era posible que nadie se hubiese dado cuenta antes? Se trata de especies crípticas. Para considerar a dos seres vivos como miembros de especies distintas tiene que existir barrera reproductiva. Es decir, si se cruzasen no darían lugar a descendencia. Pero de aspecto son exactamente iguales.

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