El animal emblema de Pakistán está de vuelta

Que una especie se recupere, y que sus poblaciones vayan creciendo, siempre es una buena noticia. En algunos casos, además de la importancia para la conservación de la naturaleza, se suman otros factores. Como el caso del Markhor (Capra falconeri), el animal emblema de Pakistán.

La mayoría de los países del mundo tiene un animal emblema, así como una flor. Incluso algunos tienen un árbol, que se suma a los anteriores. Y cuando estas especies caen en la espiral de la extinción, suponen un problema nacional. Normalmente, se dedican muchos más esfuerzos a la recuperación de estas especies respecto a otras, ya que se supone que representan al país. Pero no siempre se tiene éxito.

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En el caso del Markhor sí ha sido así. Esta especie de cabra montesa estaba en serio peligro de extinción. Cuando se detectó el problema, en torno al año 1991, quedaban entre 40 y 50 ejemplares en libertad. Según el último censo, realizado a finales de 2011 y publicado recientemente, la población salvaje cuenta con más de 1.500 individuos.

Esta especie no es importante únicamente por ser un emblema nacional. Es una de las principales presas de leopardos de las nieves y lobos, por lo que es clave para el mantenimiento de estos carnívoros.

Los peligros que amenazaban a este animal son los habituales. Por una parte, su hábitat natural se ha visto reducido, bien convertido en campos de cultivo o urbanizado. A esto hay que sumarle la competencia que suponen las cabras domesticadas, con las que compite tanto por espacio como por alimentos.

Sin embargo, el principal problema que tiene esta especie es la caza. Su cornamenta no sólo se utiliza como ornamento, también es un ingrediente fundamental en la medicina tradicional de la región. También su carne, especialmente en la región fronteriza entre la India y Pakistán.

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Y aún queda otro motivo, quizá el más importante. El markhor está considerado como uno de los animales más difíciles de cazar. Las monterías de esta cabra son muy peligrosas, ya que vive en zonas montañosas muy escarpadas. Y, por supuesto, el animal no lo pone fácil. A su capacidad para esconderse, y para moverse con mucha agilidad por el terreno, se le suma su agresividad cuando se ve acorralada.

A pesar de todos estos factores en contra, la especie ha conseguido recuperarse. Gracias a los esfuerzos de las autoridades nacionales, pero sobre todo a los esfuerzos de las organizaciones conservacionistas. La Sociedad para la Conservación de la Fauna Salvaje (Wildlife Conservation Society) ha sido quien ha encabezado este proyecto que comienza a dar sus frutos.

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