¿Destruyó el antiguo Egipto sus ecosistemas?

J Toledo
Tallas de animales - elefantes, leones, jirafas, entre otros - en el mango de un cuchillo ritual del Periodo Predin&amp;aacute;stico Egipcio. <i>Cr&amp;eacute;dito: Charles Edwin Wilbour Fund, Brooklyn Museum</i>
Tallas de animales - elefantes, leones, jirafas, entre otros - en el mango de un cuchillo ritual del Periodo Predinástico Egipcio. Crédito: Charles Edwin Wilbour Fund, Brooklyn Museum

Hay algo en los grandes imperios de la antigüedad que nos llama la atención. Tanto desde el punto de vista social, como el cultural, su nivel científico... y su comportamiento ecológico. Cómo se relacionaban estas culturas antiguas con su entorno nos ayuda tanto a entenderlas mejor, como a explicar lo que nos encontramos hoy en día.

Con este enfoque es con el que ha trabajado un grupo de expertos. En un artículo reciente explican cómo era el ecosistema en el que se asentó el antiguo Egipto, desde la época previa a los faraones hasta su caída. Y mucho más adelante en el tiempo. De hecho, estudiaron el cambio en los últimos 6.000 años.

Pero ¿qué datos han usado? Porque ahí radica gran parte del interés de su trabajo. Se han basado en la fauna que aparece reflejada en el arte egipcio antiguo, en los animales que aparecen recogidos en dibujos y grabados con asombroso detalle. Pero no sólo eso.

También en restos arqueológicos y fósiles. Estos datos más robustos han servido a los investigadores para determinar qué animales de los que aparecen en los dibujos eran parte de la fauna habitual, y cuáles aparecían como resultado de viajes o simplemente de mitología.

Con todo ello, han sido capaces de realizar un modelo matemático que les ha permitido analizar el cambio en el entorno natural de esta región del mundo. Y los resultados son muy interesantes.

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Lo primero que destaca es que los ecosistemas han ido haciéndose progresivamente más sencillos. En realidad lo que ha ocurrido es que se ha perdido redundancia ecológica. Con este término se refieren a que muchos animales que cumplían una función similar han ido desapareciendo, con lo que los ecosistemas se han debilitado y han perdido capacidad de adaptación.

Lo mejor es explicarlo con un ejemplo. En el Egipto antiguo existían distintas especies de antílopes – búbalos, varias especies del género Oryx, y otras relacionadas. Todas ellas tenían costumbres muy similares, se alimentaban de recursos muy parecidos y servían de presa para los mismos depredadores. Cada una ligeramente distinta, con pequeñas especialidades, pero prácticamente asimilables. Es decir, pertenecían al mismo grupo funcional.

Pero por culpa de cambios en el clima – que se fue haciendo cada vez más seco – y por la presión de una población humana cada vez más grande, muchas de estas especies fueron desapareciendo. Y esto afecta tanto a los depredadores que se alimentan de ellas, como a las plantas de las que se alimentan.

Cuando se extingue la primera especie, el cambio en el ecosistema es pequeño. A fin de cuentas hay otras especies que, dicho de un modo simple, sirven para lo mismo. Por eso la redundancia ecológica es buena. Pero al perderse la segunda la cosa se complica, y con cada extinción un poco más.

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El resultado es un ambiente simplificado, con poca capacidad para adaptarse a los cambios y responder a las perturbaciones. Que siempre van a ocurrir. Así que, poco a poco, el ecosistema va perdiendo riqueza y calidad, hasta que resulta difícil vivir en él.

Este tipo de procesos se dieron en Egipto desde muy pronto, con los primeros caídos incluso antes de la primera dinastía de faraones. Pero se ha mantenido en el tiempo hasta la actualidad, con el último cambio importante hace apenas cien años – anteayer, en términos ecológicos.

Y hasta aquí puede llegar la ciencia. Siendo rigurosos, no se puede decir que los cambios provocados por los antiguos egipcios provocaron la caída de su imperio. Pero de que jugó un papel importante, tampoco parece que se pueda dudar.