Cuando nos mudamos, también lo hacen nuestras bacterias

J Toledo
Simulación por ordenador de cómo nuestras bacterias colonizarían un hotel que visitásemos. Por Cameron Slayden at Cosmocyte and Biology and Built Environment (BioBE) Center at the University of Oregon.
Simulación por ordenador de cómo nuestras bacterias colonizarían un hotel que visitásemos. Por Cameron Slayden at Cosmocyte and Biology and Built Environment (BioBE) Center at the University of Oregon.
Simulación por ordenador de cómo nuestras bacterias colonizarían un hotel que visitásemos. Por Cameron Slayden at Cosmocyte and Biology and Built Environment (BioBE) Center at the University of Oregon.

Que nuestra microbiota, la mal llamada flora bacteriana, es muy importante para nuestra salud queda fuera de toda duda. Y tampoco que es única de cada persona, por mucho que se pueda parecer entre gente que vive en la misma casa. Lo que no se sabía hasta ahora es que se viene con nosotros cada vez que nos mudamos.

En un estudio recién publicado en la revista Science se explica exactamente cómo funciona esta “mudanza de bacterias”. No se trata de que los distintos microorganismos que viven dentro de nuestros cuerpos se vengan con nosotros cuando cambiamos de hogar.

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Las casas que habitamos se pueblan con nuestras bacterias, con una composición prácticamente igual que donde vivíamos antes. Y lo más sorprendente es que esta colonización ocurre en un tiempo récord, mucho más rápido de lo que se pensaba.

Pero ¿cómo han llegado los científicos a esta conclusión? En su experimento utilizaron a siete familias que se presentaron voluntarias. En total se recogieron muestras diarias de 18 personas, dos perros y un gato. Cada día, cada uno de los individuos del experimento se frotaba un algodón para recoger muestras por las manos, la nariz y los pies. Y también se recogieron muestras diarias de superficies de las casas: pomos de puertas y ventanas, encimeras de la cocina, azulejos de los baños...

El primer paso fue comparar las especies que aparecían en cada persona con el resto de la gente con la que compartían casa. Ahí encontraron algunos resultados que eran predecibles. Por ejemplo, que dos personas que mantuviesen una relación íntima compartían más especies que las que no lo hacían, o que padres e hijos tenían una microbiota muy similar.

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Pero durante el estudio tres de las familias se mudaron de casa. Y ahí fue donde aperecieron las sorpresas. En menos de un día la casa nueva ya tenía una composición de microorganismos igual que la que acababan de dejar. En cambio, las casas que se quedan vacías cambian a un ritmo mucho más lento. Quedaba claro que el vector eran los humanos, y un vector muy veloz.

Estos ecosistemas microbianos que creamos sin darnos cuenta ni pretenderlo, tiene una gran importancia para nuestra salud. Por una parte, porque muchas especies resultan beneficiosas para nosotros. Pero también porque otras que no lo son tanto evitan que microbios que son aún más perjudiciales puedan llegar a infectarnos.