Compartimos dos tercios de nuestros genes con un gusano

Apuntes de Naturaleza

Nos sorprende mucho la cantidad de genes que tenemos en común con otros seres vivos. No tanto con el gorila, con el que compartimos más de un 99%. A fin de cuentas es nuestro “primo” más cercano. Pero otros datos sí resultan más chocantes. Como enterarnos de que nuestro genoma y el de dos gusanos bellota se parecen en más de dos tercios.

Bueno, decir que se parecen es quedarse cortos. Porque lo que se expone en el artículo es que son prácticamente iguales. No sólo en la secuencia, si no en la manera de organizarse. Que es un paso más.

Muy bien, pero ¿quienes son estos “bichos”? No mucha gente conoce a los gusanos bellota. Se trata de animales de la clase enteropneustos, del filo Hemicordados. Que tampoco es que aclare mucho más las cosas.

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Para tratar de poner orden en los seres vivos, hay que ver qué características los separan más claramente. En el caso de los animales, el primer criterio es algo complejo de explicar. Se trata del número de capas de células en el embrión. Pero aunque no sea algo muy visible, separa nítidamente dos grupos.

El primero son las esponjas, medusas y ctenóforos. Los diblásticos. Y luego estamos el resto, desde la tenia al tiranosaurio y los humanos, que somos triblásticos. Primer gran grupo separado. Siguiente paso.

Pues tampoco es sencillo. Durante nuestro desarrollo embrionario, se tienen que formar la boca y el ano. Y dependiendo de cómo lo hagan, los animales somos protóstomos o deuteróstomos. Al primer grupo pertenecen por ejemplo los moluscos – caracoles, sepias, mejillones – y los artrópodos – arañas, cienpiés, insectos y afines.

Al segundo grupo, el de los deuteróstomos, pertenecen animales tan dispares como las estrellas y erizos de mar – los equinodermos – y los peces, anfibios, reptiles y mamíferos, conocidos como Cordados. Pero también los Hemicordados, como los gusanos bellota.

Así que compartimos un tercio de nuestros genes, ordenados y funcionando de la misma manera, con estos bichos. Que para entendernos, vendrían a ser nuestros primos muy muy lejanos. Mucho. Tanto, que la última vez que tuvimos un ancestro común fue hace aproximadamente 500 millones de años.

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Bien visto, si en 500 millones de años estos genes no han cambiado, algo deberíamos sospechar. Será que esos genes, que los investigadores cifran en unas 8.600 familias de genes, deben ser importantes. Y vaya si lo son. En concreto, se encargan de portar la información de cómo se construye la faringe.

Que no es ninguna tontería. Porque esta parte del cuerpo no sólo se encarga de conectar la boca con el esófago, y el lugar por el que pasan el aire y la comida. En los peces también aloja las branquias, y en los animales que evolucionamos de ellos también cumple una función importante.

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