Apuntes de Naturaleza

Así era el verdadero aspecto de los “hobbits”

Aspecto de la hembra de "hobbit". Crédito: Dr. Susan Hayes/Australian Archeological Association

Aprovechando el reciente estreno de la película "El Hobbit" de Peter Jackson, un equipo de investigación australiano ha publicado una reconstrucción del aspecto de un fósil humano al que se conoce como "el hobbit".

Se trata, en concreto, de una hembra de la especie Homo floresiensis. Este homínido recibe su mote debido al parecido con la especie ficticia de la obra de Tolkien. Según los estudios realizados sobre restos fósiles, un adulto de 30 años de esta especie mediría en torno a un metro de altura.

La técnica que se ha empleado se conoce como "aproximación facial". Los científicos prefieren este término al de reconstrucción, ya que este último se relaciona más con intentos artísticos de ofrecer una posible imagen de cómo sería una especie extinta. La aproximación facial emplea datos sobre los propios huesos, marcas de inserción de músculos y tendones y otros datos biométricos para dar una imagen certera de cómo sería dicha cara. De hecho, es una técnica empleada habitualmente en ciencias forenses para reconstruir el aspecto de cadáveres.

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Un hecho que ha sorprendido a muchos expertos al poder estudiar las aproximaciones faciales es su parecido con los humanos actuales. Aún existe cierto debate sobre si Homo floresiensis es una especie totalmente nueva o simplemente una población de alguna de las ya conocidas con ciertas características como enanismo y pequeño desarrollo.

Los últimos estudios parecen decantar las opiniones hacia considerarla una especie totalmente nueva, y la aproximación facial apoya esta teoría. El aspecto de la cara es muy similar al de un humano moderno, con características que claramente separan a H. florisiensis de Homo erectus, la otra especie con la que se suele asociar.

Desarrollo de la aproximación facial. Crédito: Susan Hayes / Australian Archaeological Association

Según explican los autores de la publicación, el trabajo ha sido mucho más complicado de lo que esperaban. Esto se debe, principalmente, a que carecían de datos con los que comparar. Cuando se realiza una aproximación facial sobre un ser humano, se cuenta con una base de datos de imágenes de caras muy amplia. Pero en el caso de una especie fósil, no hay con qué comparar y sólo se pueden realizar extrapolaciones matemáticas. Sin embargo, la técnica es muy precisa y cuenta con el respaldo de la comunidad científica.

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De hecho, la respuesta que ha recibido esta publicación ha sido muy positiva. En círculos científicos se habla de la importancia que este tipo de imágenes tienen tanto para el público general, como para el desarrollo de nuevos estudios. En muchas ocasiones, para discriminar entre dos especies se utiliza la anatomía comparada. Ahora se cuenta con datos fiables sobre los que trabajar.

Y también tiene un efecto publicitario. A todos los que no somos especialistas en la materia nos resulta más sencillo de entender una cara que un cráneo. Al cubrir los huesos de músculos y piel podemos observar y apreciar las similitudes y las diferencias entre este "hobbit" y un humano moderno.

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