Los cipreses, resistentes al fuego

José de Toledo

Durante la época de verano es muy habitual encontrar entre las noticias de medio ambiente muchas relacionadas con el fuego. Demasiadas, por desgracia. Casi todas hacen referencia a la superficie de bosque que se ha quemado, o a incendios especialmente preocupantes. Pero este verano ha salido una noticia interesante. Según explican los expertos, los cipreses resisten al fuego, y podrían servir como barrera para los incendios. Aunque aún no se sabe cómo lo consiguen.

La Diputación de Valencia ha publicado unas fotografías sorprendentes. En ellas se puede ver el resultado del incendio forestal que tuvo lugar el mes pasado en la zona de la Andilla, entre las provincias de Valencia y Castellón. El bosque quedó completamente arrasado, y lo único que ha sobrevivido es una parcela plantada con cipreses.

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Esta parcela forma parte de un proyecto de investigación europeo, denominado CypFire. El objetivo de este estudio es comprobar las propiedades que tienen estos árboles y su tolerancia a distintas condiciones ambientales, como las sequías, las heladas y, como su nombre indica, el fuego. La idea sería utilizar estos árboles como barrera natural contra el fuego.

Los expertos aún no se han puesto de acuerdo sobre cómo consiguen sobrevivir los cipreses a los incendios. Lo primero que hay que decir es que no son ignífugos, es decir, sí que pueden quemarse. Lo que ocurre es que tienen algunas características que hacen muy difícil que prenda en fuego en ellos.

Esta especie acumula muy pocas ramas muertas en el suelo, y produce un mantillo, una primera capa de suelo, muy delgada y compacta que acumula mucha humedad. Con esto consigue resistir al fuego y a la sequía. Pero lo más sorprendente está en su copa. A pesar de ser muy compacta, y de que en la parcela de estudio los ejemplares estuviesen muy juntos, las copas de los cipreses no propagaron las llamas.

Con estos datos, parece que plantar cipreses sería una buena solución para mejorar la protección contra los incendios. Servirían para complementar a los cortafuegos, y son baratos y fáciles de mantener. Pero no todo son ventajas.

Para empezar, en España y otras partes de la Europa mediterránea, estos árboles no son autóctonos. Introducir especies en los ecosistemas nunca es una buena idea, ya que el equilibrio de los ecosistemas se ve alterado.

En el caso de los cipreses, el problema es aún mayor. Las hojas de esta especie contienen unas sustancias denominadas alelopáticas. Se trata de compuestos que al ciprés no le provocan ningún problema, pero que impiden que crezca ninguna otra planta alrededor.

Donde sí tendrían una utilidad clara sería en zonas construidas, especialmente en las urbanizaciones de zonas rurales. Plantar una línea de cipreses rodeando estos núcleos los protegería de los incendios. El problema en este caso sería controlar que no colonizasen el monte cercano.