Las birmanas denuncian violencia de la junta durante su detención

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Las birmanas denuncian ante la AFP los golpes, los insultos y las amenazas que sufrieron durante su detención en las cárceles de la junta, donde centenares de mujeres están detenidas clandestinamente desde el golpe de Estado.

"Me abofetearon, me dieron patadas en el rostro (...) Nos dijeron que podían hacernos desaparecer sin que nadie lo supiera".

Ngwe Thanzin, cuyo nombre se ha cambiado por razones de seguridad, recuerda la angustia vivida durante sus días de detención.

El 27 de marzo, "Día de las fuerzas armadas", los militares pusieron en práctica todo su poderío, mataron a más de un centenar de civiles en todo el país y detuvieron a decenas de opositores.

Ngwe Thanzin, una activista que participó en una manifestación en un barrio de Rangún en ebullición desde el golpe del 1 de febrero, fue detenida y conducida a un centro de arresto para ser interrogada.

Una treintena de mujeres estaban hacinadas en la celda y dormían en el suelo.

Las noches, en vela, estaban ambientadas por "los gritos procedentes del edificio donde los hombres estaban detenidos".

- "Cubierta de moretones" -

Algunas mujeres sufrían también violentos interrogatorios.

"Una joven de 19 años, cubierta de moretones, no podía sostenerse en pie (...) No recibió ningún cuidado médico y lloraba en una esquina de la celda", recuerda Ngwe Thanzin, liberada al cabo de cuatro días y desde entonces en la clandestinidad.

Otras tuvieron menos suerte y fueron transferidas a la tristemente célebre cárcel de Insein, de Rangún, donde muchos presos políticos estuvieron detenidos durante los precedentes regímenes militares.

La madre de Ma Chaw es una de ellas.

"Estoy muy preocupada por su seguridad", suspira la adolescente de 17 años, brutalmente detenida a mediados de abril con su madre cuando iban a casa de una amiga.

La estudiante pasó seis días detrás de las rejas al lado de mujeres que le contaron que habían sido "maltratadas y torturadas" en los interrogatorios.

"Una de ellas apenas podía caminar y comer", recuerda.

La adolescente fue liberada tras firmar un documento que certificaba que no había sufrido malos tratos, mientras que su madre fue trasladada al Insein.

La AFP no pudo verificar de manera independiente los testimonios de Ma Chaw y Ngwe Thanzin y la junta declinó hacer comentarios.

Pero desde mediados de marzo, la agencia de Naciones Unidas Mujeres activó las alarmas.

Desde el golpe de Estado contra Aung San Suu Kyi, las detenidas serían "víctimas de acoso y de violencia sexual", denunció en un comunicado, en el que exhortaba al "ejército y la policía a respetar los derechos fundamentales de las detenidas".

Cerca de 900 birmanas sin acceso en la mayoría de los casos a sus familias o a un abogado están detenidas desde el golpe, según la Asociación de Asistencia a los Presos Políticos (AAPP).

El gobierno de unidad nacional (GUN), un grupo de diputados depuestos en la clandestinidad, anunció que investiga las "acusaciones de violencia sexual y sexistas" en la cárcel.

"Estos casos revelan una tendencia más amplia de abusos cometidos desde hace años en total impunidad en particular con las mujeres y las jóvenes procedentes de minorías étnicas en las zonas de conflicto armado", agregó.

Para escapar a los abusos de la junta, muchas birmanas han huido a las zonas fronterizas del norte y del este del país, en territorios controlados por grupos rebeldes. Algunas han empuñado las armas contra la junta.

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