Qué es el bioterrorismo, la próxima amenaza global que teme Bill Gates

Javier Peláez
·10 min de lectura
Bill Gates durante una charla TED en 2015 donde advertía que “no estamos preparados para la próxima pandemia”
Bill Gates durante una charla TED en 2015 donde advertía que “no estamos preparados para la próxima pandemia”

Bill Gates es, sin duda alguna, una de las personas más relevantes e influyentes en la historia moderna. Los desarrollos informáticos de su empresa Microsoft le llevaron a ser uno de los hombres más ricos del planeta, y ahora, desde su condición de filántropo a través de la Fundación Bill & Melinda Gates, invierte miles de millones de dólares cada año en diferentes proyectos de educación, igualdad social, planificación familiar o vacunación infantil. Su experiencia, su conocimiento y sus certeras predicciones le han convertido además en una de las voces a tener en cuenta para analizar la actualidad y el futuro. Hace tan solo unos días, Bill Gates fue entrevistado por el conocido divulgador estadounidense Derek Muller y realizó unas sorprendentes declaraciones sobre qué podría ocasionar la próxima crisis mundial. Para Gates, las mayores amenazas a las que se enfrenta la humanidad son la crisis climática y el bioterrorismo. Para bien o para mal, todos conocemos el grave problema del calentamiento global, pero el hecho de que Gates cite el bioterrorismo en segundo lugar es algo que ha llamado mucho la atención.

En Yahoo hemos pensado que sería buena idea contactar con algunos investigadores y expertos en biotecnología para explorar el tema con algo más de profundidad, explicando de manera sencilla y divulgativa en qué consiste el bioterrorismo, cuáles podrían ser las principales amenazas en este campo y, finalmente, comprobar si el temor de Bill Gates tiene fundamento. Contamos con la ayuda de Lluis Montoliu, científico del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología (CNB), investigador y miembro del Comité de Dirección del Centro de Investigación Biomédica en la Red de Enfermedades Raras (CIBER-ER) del ISCIII, y con Lucas Sánchez, ex investigador en vacunas en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y comunicador científico en la plataforma ScienSeed.

Para comenzar con una definición rápida y sencilla, nos vamos a la web oficial de los célebres CDC estadounidenses (Centros para el control y la prevención de enfermedades) donde nos explican que el bioterrorismo consiste en “la liberación intencional de virus, bacterias u otros gérmenes que pueden infectar o matar a las personas, los ganados o los cultivos”.

Tecnologías de doble uso

A partir de esta definición de bioterrorismo, “afortunadamente, no veo un riesgo inminente en la actualidad más inmediata”, explica con calma Montoliu “pero sí es cierto que contamos con tecnologías que pueden utilizarse inadecuadamente”. El científico del CNB mantiene además una importante actividad en el campo de la bioética, y nos recuerda que “uno de los elementos que continuamente estamos revisando, y en esto ha sido pionera la Comisión Europea, son las denominadas tecnologías de doble uso. La mayoría de los proyectos biotecnológicos tienen una aplicación civil pero también hay que ser conscientes de que pueden tener una aplicación en el campo militar”.

Toda la investigación pública se realiza de una manera reglada, ofreciendo un alto nivel de confianza, especialmente la que se realiza desde centros públicos, porque “no hay manera de realizar hoy en día un proyecto de investigación que no pase por múltiples filtros y comités de ética. En el ámbito público siempre habrá múltiples expertos que revisarán ese proyecto, desde diferentes ángulos y obligarán al investigador a reflexionar sobre el potencial uso inadecuado que alguien pueda hacer”.

¿Somos capaces de crear virus?

En la entrevista, Gates considera que “existe la posibilidad de que alguien que quiera causar mucho daño y dolor sea capaz de crear un virus”, por lo que antes de continuar deberíamos preguntarnos si, en la actualidad, hemos desarrollado tecnologías capaces de fabricar un virus.

La respuesta es afirmativa. “Nuestros conocimientos acumulados hacen posible esa realidad”, explica Montoliu. “De hecho somos capaces de desarrollar virus que puedan estar más optimizados que en su estado natural”. Un ejemplo que Montoliu conoce bien es el de Luis Enjuanes, el gran investigador español que se encuentra desarrollando una potente vacuna contra el coronavirus. “El equipo de Enjuanes utiliza una tecnología estupenda que permite crear una reproducción del coronavirus en forma de molécula de ADN y la pueden modificar a voluntad en el laboratorio. Ellos la utilizan para eliminar los genes de la virulencia, y crear así un virus que mantenga toda la estructura (y que por tanto sea inmunogénico) pero que no cause problemas. Sin embargo, con esta misma tecnología con la que se pueden atenuar los genes de la virulencia en el coronavirus también se podrían potenciar, añadir otro tipo de genes más contagiosos o virulentos... sobre el papel, puede hacerse”.

GENE DRIVE o el peligro oculto de tecnologías útiles y beneficiosas

Todos deberíamos comprender que una tecnología, por sí misma, no es intrínsecamente buena o mala, es simplemente una herramienta y será su buen o mal uso el que determine esa valoración ética. Los aviones son el medio más rápido y seguro de viajar grandes distancias, sin embargo en septiembre de 2001 se convirtieron en una herramienta terrorista causando un alto número de víctimas y heridos. Del mismo modo, el riesgo que pueda representar la biotecnología no radica tanto en el desarrollo, directo e intencionado, de tecnologías peligrosas sino del uso que se haga con esos conocimientos.

Para entender este dilema, Montoliu cita como ejemplo el desarrollo conocido como Gene Drive, una tecnología importante y beneficiosa, pero que podría causar muchos problemas si se utiliza inadecuadamente. En español se conoce como “Impulso génico” y se ideó para combatir graves problemas sanitarios como la malaria, el dengue, el chikungunya o cualquier otra enfermedad transmitida por mosquitos. “Mediante una derivada de CRISPR, mediante edición genética”, explica el investigador, “se puede interferir con un gen que sea importante para la reproducción de una especie. Lo habitual, según Mendel, es que si lanzamos un mosquito portador de esa modificación, la mitad de la descendencia de ese mosquito heredaría esa mutación y la otra mitad, no. Sin embargo, con la tecnología de Gene Drive, podemos saltarnos esa “herencia mendeliana" y conseguir que todos los descendientes de ese mosquito hereden la mutación”. Esta tecnología tiene aplicaciones interesantes y beneficiosas para controlar insectos que propagan enfermedades, o para grandes plagas de especies invasoras, como los conejos o sapos en Australia, pero también es fácil imaginar los enormes perjuicios que podría suponer un mal uso de estas herramientas biotecnológicas.

CRISPR, la herramienta de edición genética que debermos tener vigilada en un futuro
CRISPR, la herramienta de edición genética que debermos tener vigilada en un futuro

Por su parte, Lucas Sánchez recuerda una noticia que, hace unos años, causó gran revuelo en la comunidad científica. “Hace un tiempo coincidí en un congreso con un célebre inmunólogo llamado Ian Ramshaw que dio una conferencia titulada "de las vacunas al bioterrorismo". Tanto el título como el cartel me llamaron mucho la atención”. En la charla Ramshaw explicaba su trabajo en Australia y cómo buscaba desarrollar un mecanismo para esterilizar a los incontables conejos que habían desatado una enorme y dañina plaga que se extendía sin control por todo el país. “Su hipótesis consistía en modificar un virus para que produjera una respuesta autoinmune que dejara estériles a los conejos. Probaron su hipótesis en ratones y se dieron cuenta de que funcionaba… pero no como habían planeado. El virus no esterilizaba sino que mataba rápidamente a los ratones, probaron a frenarlo con antivirales y el virus seguía fulminando a los ratones. Intentaron incluso vacunar primero a los ratones para, más tarde, inocularles el virus, pero se dieron cuenta que el virus seguía matando a todos los ratones, incluso vacunados”.

En definitiva, y sin pretenderlo, Ramshaw había desarrollado un supervirus tan letal que era capaz de saltarse la barrera de la vacunación. En aquel tiempo, el investigador tuvo que soportar muchas críticas e incluso acusaciones de bioterrorismo por parte de algunos medios. La historia de Ramshaw es un buen ejemplo de que en la actualidad es poco probable que exista alguien buscando, voluntaria y activamente, la manera de desarrollar un virus letal para usarlo con fines terroristas. El peligro puede llegar de herramientas que son útiles y beneficiosas para la humanidad pero que mal usadas pueden resultar peligrosas.

Como en otros muchos campos, cada vez contamos con más y más tecnologías que podrían representar un peligro potencial. Son herramientas muy beneficiosas y útiles, pero como cualquier herramienta también pueden utilizarse en perjuicio de las personas. “Siempre existe la posibilidad de que aparezcan científicos “rogue”, investigadores pícaros que actúen por su cuenta. Hasta cierto punto es inevitable que pueda aparecer un He Jiankui que, a pesar de que está prohibido editar e implantar embriones humanos, se saltó todas las convenciones éticas y en noviembre de 2018 utilizó CRISPR para realizar la primera modificación genética de bebés”, explica Luis Montoliu.

¿Podría surgir un científico “rogue” en el campo del bioterrorismo? Sí, sería posible, aunque siempre está la cuestión de si es verdaderamente práctico como forma de terrorismo. Existen incontables métodos, más sencillos, asequibles y baratos para causar daño sin necesidad de acudir a la biotecnología. Para nuestra tranquilidad es importante saber que todas estas tecnologías son relativamente complejas, no es algo tan sencillo. “El nivel de sofisticación es muy elevado, las instalaciones necesarias y los conocimientos implicados son también muy altos y si no se hace todo correctamente lo más probable es que las personas involucradas en ese proyecto acabaran contaminadas o afectadas ellas mismas”, aclara Montoliu.

Una realidad de ciencia ficción

Cuando pensamos en bioterrorismo nuestra imaginación se escapa hacia literatura o cine de ciencia ficción. Malvados de James Bond con laboratorios secretos y virus terribles capaces de matar en apenas unos segundos. “Es cierto que existen virus muy peligrosos, un ejemplo conocido son los virus hemorrágicos, como el virus del Nilo o el ébola, pero no todos se pueden cultivar y manipular en el laboratorio, al menos de momento”, recuerda Montoliu. Sin embargo, la realidad es diferente, no es necesario pensar en los virus más letales. “El ébola suele dar mucho miedo porque tiene una mortalidad muy alta”, explica Lucas Sánchez, “pero esa misma letalidad juega en su contra ya que impide que pasen desapercibidos los brotes y se pueda transmitir sin llamar la atención”.

Pero no es necesario fijarse en los virus más letales, como estamos comprobando en la actualidad, incluso los virus más modestos pueden ponernos en serios aprietos. Tal y como nos explica Lluis Montoliu: “Ahora miramos películas de ciencia ficción, como Estallido o Contagio, y las vemos de otra manera”. Hasta hace poco las considerábamos como guiones futuristas de catástrofes, pero ahora comprendemos que la gran amenaza no es un científico malvado en un laboratorio secreto, sino que puede llegar de una simple chica que visita un Casino en Macao, cena en un restaurante y se contagia de un virus que existe en la naturaleza y que no necesita modificación artificial para crearnos graves problemas”.

“El tablero de juego para cualquier patógeno hace apenas cien años no tiene nada que ver con la densidad de población y la enorme movilidad que tenemos en nuestros tiempos”, aclara Lucas Sánchez. “Es cierto que en la actualidad tenemos más medidas de higiene y de seguridad, tenemos más vacunas, tratamientos y más fármacos pero también tenemos una densidad de población altísima, vivimos muy juntos unos de otros y además estamos siempre muy comunicados”.

La acelerada destrucción del hábitat de muchas especies animales que son reservorio natural de multitud de virus, la proximidad y un mayor contacto de esas especies con los núcleos poblados, están facilitando que patógenos que habitualmente no deberían llegar a la cadena humana experimenten una zoonosis, un salto al ser humano. A partir de ahí, la globalización ha conseguido que el virus pueda viajar en apenas un día a cualquier parte del planeta. Todos estos elementos han creado una verdadera autopista para virus, y son factores más reales y probables una posible acción, voluntaria y dirigida, de bioterrorismo.

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