Bill Viola combate las prisas con videoarte en "Espejos invisibles"

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Vista de una de las obras que forman parte de la exposición 'Bill Viola. Espejos de la invisible' en la Fundación Telefónica este miércoles en Madrid. La exposición, que estará abierta al público del 6 de febrero al 17 de mayo, es una selección de sus obras más significativas, desde sus inicios con piezas como "The Reflecting Pool" hasta la reciente serie "Mártires". EFE/ Fernando Alvarado

Madrid, 5 feb (EFE).- El arte de Bill Viola se enfrenta al ritmo frenético de la sociedad contemporánea. Sus instalaciones invitan al espectador a detenerse y tomarse un tiempo para reflexionar sobre la vida, la muerte y el paso del tiempo, en esta ocasión en la Fundación Telefónica de Madrid.

El artista estadounidense muestra en Madrid una selección de su extensa trayectoria -cuatro décadas- dedicada al videoarte. "Bill Viola. Espejos de lo invisible" incluye obras desde sus inicios, como "The Reflecting Pool" (1977), hasta los últimos años, como "Mártires", un encargo para una iglesia en Londres (2014).

La muestra llega a Madrid -hasta el 17 de mayo-, tras pasar por Barcelona, aunque la directora de la Fundación Catalunya La Pedrera, Marta Lacambra, ha reconocido que es una exposición "diferente" por las características "únicas" del espacio y de la propia obra del artista.

La responsable de este cambio es la comisaria Kira Perov, pareja de Viola y directora del estudio del artista, que cuida con precisión cada exposición de la obra de Viola. También es la que ha pedido este miércoles, con motivo de la presentación, que no hubiera una visita guiada de la misma y así los asistentes pudieran recorrerla en silencio y a su ritmo.

"Bill quiere captar el gran recorrido de la vida, no su ajetreo", ha explicado la comisaria sobre la obra de su marido, que no ha podido estar en la presentación por su estado de salud.

Viola es uno de los nombres fundamentales del videoarte. En su trabajo confluye su interés por la filosofía, el pensamiento budista o el misticismo, con temas como el paso del tiempo, la vida, la muerte, la angustia o la soledad.

Su obra está presente en los principales museos del mundo. Y ha contado con numerosas retrospectivas en el Grand Palais, el Guggenheim -fue la segunda más visitada de su historia-, la National Gallery o el Whitney de Nueva York.

"He tenido éxito si una persona ve mis obras y puede utilizar algo para su propia vida", suele decir.

El recorrido íntimo que la comisaria ha ideado está marcado por el silencio y la oscuridad. "Incrementation", el autorretrato del artista que va contando sus respiraciones recibe al visitante, que puede ver al artista enfrentándose a su propia mortalidad.

Más adelante, "The Reflecting Pool" (la piscina reflectante), experimenta con la desintegración de la figura. El agua es uno de los elementos comunes en la obra del artista como símbolo de pureza, serenidad y redenciçon.

En "Ablutions" (2015), Viola muestra a una mujer y un hombre, a cámara lenta, lavándose las manos como símbolo purificador y en "Self Portrait, Submerged" (2013), aparece él mismo sumergido con los ojos cerrados.

En "Mártires" (2014), encargo de la Catedral de San Pablo de Londres, cuatro actores luchan contra los elementos de la naturaleza -tierra, aire, fuego y agua- en un recorrido que reflexiona sobre la aceptación de la muerte, el sacrificio y la fortaleza.

Perov cree que el trabajo de Violla puede ayudar a ver la tecnología como una herramienta muy poderosa: "Es como un tenedor, con él puedes darle a alguien de comer o hacerle daño".

La comisaria ha reivindicado el espíritu original de internet, que nació como un espacio que abría un mundo de posibilidades, pero ahora ha convertido el mundo en un lugar "que da miedo".

"Puedes decir las mentiras que quieras, y no pasa nada. Es difícil, sobre todo para los jóvenes, diferenciar que es realidad y que no", advierte.

La obra de Viola va en una dirección completamente opuesta, ofrece claridad en un mundo hiperestimulado: "La gente suele pasar mucho tiempo en sus exposiciones, en la de París, la visita promedio solía durar dos horas y media".

"Es increíble llegar a conseguir eso en una sociedad en la que todo el mundo corre", concluye.

Por Celia Sierra.