Bielorrusos atraviesan un bosque para huir del "horror"

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Cargando apenas una mochila, un joven de 19 años perseguido en Bielorrusia por participar en las protestas prodemocracia logra entrar en Lituania atravesando el bosque que cubre la frontera entre ambos países.

El joven es uno de los decenas de bielorrusos que atraviesan ilegalmente esta frontera huyendo de la sangrienta represión en su país, tras las cuestionadas elecciones de agosto de 2020.

"Es un enorme alivio. Dejé atrás el horror", contó el joven bielorruso a la AFP, pocos minutos después de ingresar de noche a Lituania y antes de la llegada de una patrulla fronteriza.

El hombre, que pidió permanecer en el anonimato, consideró que la travesía fue relativamente fácil, pero llena de sustos.

Tardó solo 40 minutos para llegar a Lituania después de que lo dejaran en carro en el lado bielorruso de la frontera.

En el camino tuvo que eludir a los guardias fronterizos bielorrusos arrastrando un dolor de rodilla, agravado por una golpiza policial que dice que recibió tras una reciente detención.

Contó además que su brújula en mal estado casi lo hace caminar de regreso a Bielorrusia.

En la frontera después de unos pocos minutos, el joven ve a dos guardias fronterizos que llegan en una patrulla.

Al verlo le preguntan en ruso de dónde viene.

"De Bielorrusia. Solicito asilo político", responde.

Uno de los guardias toma su pasaporte, registra al joven y le da un par de guantes de látex para que se los ponga.

Como lo ve muy nervioso le dice: "no se preocupe, todo va a salir bien".

- Cuatro arrestos en un año -

La guardia fronteriza lituana dijo que ha detectado 37 cruces ilegales desde Bielorrusia entre el 1 de agosto de 2020 y el 1 de mayo de 2021, algunos de los cuales podrían ser contrabandistas.

El gobierno lituano recibió 142 solicitudes de asilo de bielorrusos que ingresaron legal o ilegalmente en ese período, y hasta ahora ha concedido 12.

Lituania también ha recibido a cientos de bielorrusos por un "corredor humanitario", otorgando visas de seis meses que les permite regularizar su situación.

La historia del hombre de 19 años es típica de muchos jóvenes atrapados por la represión desatada por el presidente prorruso Alexander Lukashenko, en el poder desde 1994.

El joven dijo que fue detenido por primera vez el año pasado antes de las elecciones presidenciales, que la oposición asegura fueron manipuladas para asegurar la reelección de Lukashenko.

Posteriormente, comenzó a asistir regularmente a las manifestaciones y fue detenido tres veces más y pasó un breve período en prisión por su activismo.

"Me hizo ver la ilegalidad en el país", comentó. Durante su detención dijo que un agente de seguridad le dijo que "no dejarían de hostigarme".

Organizaciones de derechos humanos calculan que actualmente hay más de 300 personas detenidas por motivos políticos en Bielorrusia.

Tras sus arrestos, el hombre dijo que intentó ir legalmente a Ucrania, pero fue rechazado en la frontera y le dijeron que no podría salir sin cumplir con el servicio militar en Bielorrusia.

Sin poder dejar su país legalmente por casos en los tribunales, investigaciones en marcha y el pretexto del servicio militar obligatorio, los bielorrusos como el joven de 19 años reciben ayuda de una red de organizaciones para cruzar ilegalmente la frontera.

"Si deciden cruzar la frontera ilegalmente, intentamos ayudarles", dijo un activista en Lituania que declinó identificarse por la actividad que realiza.

La asistencia incluye consejos sobre lo que pueden llevar, la mejor ruta a seguir y los puntos de referencia para orientarse.

- Gente libre -

German Snezhkov es uno de los que logró cruzar ilegalmente y recibió asilo político en Lituania.

"Era una fría noche invernal. Tuve que caminar por un canal, el agua me llegaba a las rodillas", recordó.

En un punto Snezhhov vio la luz del foco de la patrulla fronteriza bielorrusa y quedó congelado del miedo.

"Yo sabía que no podía regresar. Puse mi fe en Dios y seguí caminando", contó.

Unos tres meses después del cruce, él y su familia recibieron asilo, así como cursos gratuitos del idioma lituano y ayuda para encontrar empleo.

"Al entrar a otro país, vi una sociedad completamente diferente. Sentí que la gente aquí es libre", expresó.

Incluso los guardias fronterizos lituanos, dijo, fueron amables. "Me dejaron quitarme los zapatos para secarlos, eso significó mucho para mí", cuenta.

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