Biden vs. Trump: en las elecciones de Estados Unidos siempre se vota con el bolsillo

Eszter Wirth, Profesora de Economía Internacional (ICADE), Universidad Pontificia Comillas
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Este martes 3 de noviembre se celebran en Estados Unidos los comicios en los que Donald Trump se juega la reelección frente al candidato demócrata Joe Biden. Una vez más, la economía será un factor determinante en las elecciones presidenciales norteamericanas, y sobre todo ahora, que se trata de un contexto económico difícil.

Tras la posguerra, solo dos presidentes estadounidenses han tenido que conformarse con un único mandato: Jimmy Carter y George Bush padre (Gerald Ford no fue elegido presidente, accedió al cargo tras la dimisión de Nixon).

Ambos tuvieron que enfrentarse a un marco económico turbulento y a unos contrincantes carismáticos y con un discurso optimista sobre el futuro: Ronald Reagan y Bill Clinton, respectivamente.

Donald Trump se enfrenta a una situación de contracción económica, aunque el origen de esta es bien diferente al de las recesiones pasadas. En el segundo trimestre de 2020 el PIB cayó un 31,4% y en septiembre la tasa de paro se situó en 7,9%, que es sustancialmente menor que el 15% de abril, pero el doble de la media de 2017-2019. Según las últimas noticias, en el tercer trimestre el PIB remontó un 33,1%, y el presidente no tardó en vanagloriarse por su gestión de la crisis provocada por el coronavirus, y en defender la necesidad de seguir reabriendo la economía.

No obstante, los índices de Wall Street sufrieron caídas bruscas durante la semana y las previsiones no son optimistas a medida que crecen los contagios y llega el invierno.

Crecimiento económico interanual de EEUU en % (Primer trimestre 2017 - Primer trimestre 2020)

Tasa de paro de EEUU en % (enero 2017-septiembre 2020)

Los votantes estadounidenses se preguntan si Trump merece tener una segunda oportunidad para arreglar la economía y, en caso contrario, evalúan si la alternativa planteada por Joe Biden es mejor.

Biden no es economista, siempre estuvo centrado en temas de política exterior y justicia, pero al ser elegido vicepresidente de Obama tuvo que enfrentarse a las consecuencias de la crisis financiera de 2008, de la que el país salió relativamente rápido e inició una década de crecimiento. Por tanto, cuenta con una ventaja.

Sondeo de las elecciones presidenciales: intención de voto a 30 de octubre de 2020

La gran discordia: impuestos y salario mínimo

El punto de mayor fricción entre los dos candidatos se halla en los impuestos. En 2017 Trump redujo los tipos del impuesto sobre la renta de personas físicas en cinco de los siete tramos impositivos, beneficiando sobre todo a los que más ganan, y bajó el tipo del impuesto corporativo al 21%. Estas reducciones impositivas caducan en 2025, pero Trump se plantea convertirlas en permanentes.

En cambio, Biden quiere incrementar el tipo máximo del impuesto sobre la renta de personas físicas al 39,7%, tal como estaba en la era Obama, lo que afectaría solo al 5% de la población con más ingresos (por encima de 400 000 dólares anuales). También quiere incrementar el tipo del impuesto corporativo al 28% y el impuesto sobre ganancias del capital.

Se trata de un plan controvertido, que preocupa a las grandes fortunas y multinacionales, y que los republicanos usan como caballo de batalla para desacreditar al demócrata.

Biden también propone fijar el salario mínimo en 15 dólares/hora a nivel federal para sacar de la pobreza a 17 millones de trabajadores. Trump, por su parte, defiende que el salario mínimo lo fije cada estado según su nivel de precios, ya que no se puede comparar el coste de la vida en California o Nueva York con el de Misisipi o Nuevo México.

Energías verdes

El programa más ambicioso de Joe Biden se centra en destinar unos 2 billones de dólares a la construcción de viviendas e infraestructuras de bajo consumo energético y a proyectos de energía verde. Su objetivo es reducir las emisiones de carbono, crear millones de empleos verdes y modernizar el sistema de infraestructuras de Estados Unidos, que desde hace décadas arrastra problemas de congestión y envejecimiento.

Biden ha intentado incorporar en su programa una parte del Green New Deal, presentado por el ala más progresista de su partido, liderada por Alexandria Ocasio-Cortez. No obstante, el exvicepresidente sabe que no puede destinar decenas de billones de dólares a un proyecto tan ambicioso, sobre todo cuando la deuda pública del país supera el 100% del PIB y se disparará aún más debido a los gastos destinados a mitigar los efectos de la covid-19.

Por otra parte, Biden no se atreve a hablar de poner trabas al sector hidrocarburífero del fracking en estados clave para las elecciones como Pennsylvania, debido a la cantidad de ingresos y empleos que genera, además de que garantiza la autosuficiencia energética. Por su parte, Trump busca meter miedo a los votantes de esas áreas, acusando a su rival de querer liquidar esta industria.

Política comercial

Donde ambos candidatos muestran similitudes es en la política de comercio exterior frente a China. Trump ha pasado buena parte de su presidencia acusando al gobierno y a las empresas chinas de vender sus productos por debajo del precio de coste (dumping), y comenzó una guerra comercial a base de aranceles.

Aunque Biden critica las decisiones de Trump por dañar indirectamente a las empresas y consumidores nacionales, no bajará el tono contra el gigante asiático y sus prácticas.

Durante la presidencia de Obama, la Casa Blanca se centró en la liberalización del comercio exterior, algo visto por muchos estadounidenses como una amenaza para la economía local.

Dicho enfoque es probablemente uno de los factores que explican el triunfo de Trump en 2016 y Biden no quiere tropezar con la misma piedra. En cambio, se inclinaría a retomar la cooperación con socios comerciales históricos, como la UE o Japón, para presionar a China.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Eszter Wirth no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.