Berlín organiza test de covid-19 antes de las oraciones del ramadán

Yannick PASQUET
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Con la cabeza inclinada hacia atrás, el imán Abdallah Hajjir se somete a un frotis nasal en el exterior de una mezquita de Berlín para el test del coronavirus. "¡Negativo!", se felicita minutos más tarde antes de entrar para las oraciones del viernes.

El test de detección propuesto por el ayuntamiento de Berlín se realiza frente al edificio de ladrillos rojos que alberga la "Casa de la Sabiduría".

En este mes de ayuno del Ramadán, las autoridades locales llevan a cabo una labor de prevención e información para los musulmanes de Berlín y, de forma más general para los inmigrantes, que se han visto especialmente expuestos al virus desde hace un año.

En un aparcamiento adyacente al edificio religioso, un equipo médico, compuesto por personal libio, sirio y armenio, hace tests entre los fieles que se acercan con su alfombra de oración en la mano.

- Proteger a la sociedad -

Para el Imam Abdallah Hajjir, tocado con un gorro de hilos dorados, proponer estos tests es una forma de "aportar una contribución" en la lucha contra la pandemia. "Protegiendo a los miembros de nuestra comunidad, protegemos a todos aquellos que están en contacto con ellos, por lo tanto a la sociedad", estima.

En Berlín, donde vive el 35% de las personas de origen extranjero, el mayor número de infecciones se han registrado en los barrios con mayor proporción de población inmigrante.

Estos barrios suelen tener la tasa de desempleo por encima de la media y una densidad de población alta.

Muchas veces viven varios inmigrantes en viviendas pequeñas o incluso en albergues para inmigrantes con 3, 4 y hasta 5 personas por habitación.

En octubre pasado, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) dio la voz de alarma advirtiendo que los trabajadores inmigrantes de los países desarrollados estaban "en primera línea" frente a la crisis sanitaria.

La organización, que agrupa a unos 40 países desarrollados, evaluó que el riesgo de infección era "al menos dos veces mayor" que el del resto de la población.

En Alemania y en otros países, muchos extranjeros o personas de origen extranjero trabajan en sectores poco compatibles con el teletrabajo, como la limpieza o el cuidado de ancianos, según el instituto DeZim.

En Berlín, aprovechando el impulso de la campaña de vacunación, las autoridades intentan salvar "las grandes reticencias" de algunos inmigrantes frente a la vacuna, según la encargada de los temas de integración del ayuntamiento, Katarina Niewiedzial.

"Circula información falsa" sobre la vacunación debido a un desconocimiento "que va desde 'me quedaré estéril' hasta 'me implantarán un microchip'", afirma.

Para ella, un imán "con toda su autoridad" es el que mejor puede "infundir confianza en la gente".

"Por supuesto tiene un impacto completamente diferente cuando en un sermón como el de hoy menciona la necesidad de proteger vidas", añade.

Berlín también ha lanzado podcasts de información en más de diez idiomas, incluidos árabe, kurdo y farsi. La vacunación de los 18.500 refugiados que viven en alojamientos colectivos, considerados altamente prioritarios, apenas ha comenzado.

- Rezo en la acera -

Frente a la mezquita del barrio de Moabit, un pequeño grupo de fieles ha desenrollado la alfombra sobre el asfalto y escucha el sermón del imán, cuya voz trasciende las paredes de la sala de oración.

Como se permite a pocos fieles entrar en el edificio religioso están obligados a rezar en el exterior, en una parte de la acera.

Y deben hacer las abluciones antes de llegar a la mezquita.

Ali, de 30 años, que viene todos los viernes, se niega a permitir que las restricciones le arruinen el mes sagrado del Ramadán por segundo año consecutivo.

"Es una pena, no podemos programar grandes reuniones familiares (para las rupturas del ayuno) pero afortunadamente hay videollamadas con la familia", comenta, pragmático.

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