Darte un “baño de naturaleza” tras el confinamiento no es un lujo sino una necesidad

“La naturaleza no es un lujo, sino una necesidad del espíritu humano, tan vital como el agua o el buen pan”, dijo el ambientalista estadounidense Edward Abbey. [Foto: Getty Creative]

Tras semanas confinados en casa, retomar el contacto con la naturaleza no es un lujo sino una necesidad vital. El impacto psicológico de estar encerrados entre cuatro paredes, en algunos casos con una ventana o balcón como único contacto con el exterior mirando a la jungla de asfalto en la que se han convertido las ciudades modernas, puede aumentar la sensación de estrés, soledad y ansiedad.

Mucho antes de que tuviéramos que encerrarnos en casa, Richard Louv ya se había referido a los estragos que puede causar la separación de los entornos naturales. Acuñó el término “trastorno por déficit de la naturaleza” para referirse a los costos psicológicos, físicos y cognitivos de la alienación humana de la naturaleza. Afirmó que alejarnos de los entornos naturales puede reducir nuestra capacidad atencional y conducirnos a la depresión.

Por eso, volver a sentir la brisa del mar en la cara, escuchar el sonido de un arroyo corriendo o aspirar el olor de los árboles puede convertirse en el bálsamo que alivie la monotonía de tantos días grises. Ese abrazo íntimo de la naturaleza nos restaura y vivifica. Nos ayuda a regenerar nuestra salud, aleja los nubarrones de las preocupaciones y mejora nuestro estado de ánimo.

El increíble poder restaurador de los espacios naturales

“La naturaleza siempre lleva los colores del espíritu” - Ralph Waldo Emerson [Foto: Getty Creative]

Corría el año 1984 cuando Roger S. Ulrich, profesor de arquitectura de la Universidad Tecnológica Chalmers, se preguntó cómo influía la naturaleza en nuestra salud. Para buscar la respuesta se dirigió a un hospital suburbano de Pensilvania, donde trabajó con 46 pacientes que habían sido sometidos a una cirugía.

Todos los pacientes fueron hospitalizados en habitaciones prácticamente idénticas y fueron tratados por el mismo personal de enfermería. Solo hubo una diferencia: la mitad pudo disfrutar de una ventana con vistas a unos árboles mientras que las vistas de la otra mitad se redujeron a un muro de ladrillo marrón.

Ulrich descubrió que los pacientes que tenían vistas naturales reportaron menos dolor durante los primeros cinco días después de la operación y recibieron el alta antes. Los pacientes sin vistas, al contrario, necesitaron analgésicos más fuertes para calmar el dolor y presentaron un leve incremento de las complicaciones postoperatorias.

Muchas investigaciones se han realizado desde entonces llegando a la misma conclusión: la naturaleza ejerce un poder benéfico sobre nuestra salud física y emocional.

Investigadores de la Universidad de Sussex comprobaron que somos más felices cuando podemos disfrutar de hábitats naturales, ya se trate de espacios verdes o cerca del agua. Y científicos de la Universidad de Hong Kong descubrieron que las personas que tienen vistas al mar desde sus casas o que pueden visitarlo a menudo tienen mejor salud y reportan un mayor bienestar.

La influencia benéfica de la naturaleza puede deberse a diferentes razones. En parte, puede explicarse mediante su efecto relajante. Investigadores de la Universidad del Norte de Florida comprobaron que escuchar sonidos naturales durante apenas 7 minutos disminuye la tensión muscular, la frecuencia cardíaca y el estrés. De hecho, descubrieron que los sonidos naturales son mucho más relajantes que la música clásica.

El psicólogo Stephen Kaplan brinda otra pista para comprender los efectos positivos de la naturaleza. Cree que se debe a que nos permite entrar en un estado de atención sin esfuerzo. El movimiento de las nubes, las hojas de los árboles o el mar puede resultar casi hipnótico, activando nuestra red neuronal por defecto, esa especie de piloto automático en el que entramos cuando soñamos despiertos y estamos muy relajados. Ese estado nos ayudaría a liberarnos de las preocupaciones y aliviaría la carga mental y la fatiga física, devolviéndonos la energía perdida.

Shinrin Yoku, la sabiduría de disfrutar plenamente de la naturaleza

“La naturaleza no es un lugar para visitar. Es nuestro hogar” - Gary Snyder [Foto: Getty Creative]

Existen muchas maneras de disfrutar de la naturaleza, pero todas no permiten aprovechar al máximo su acción restauradora. El shinrin yoku es una práctica que se ha extendido en Japón y que actualmente forma parte de su programa de salud nacional.

Su principio es simple: absorber el bosque a través de los cinco sentidos. Dar un paseo relajado para notar todo lo que vemos, respirar profundamente para captar los aromas, sentir el aire, tocar las diferentes texturas y escuchar el canto de las aves.

Este tipo de paseo meditativo reduce la presión arterial, fortalece el sistema inmunitario y disminuye hasta en un 12,4% el nivel de cortisol, la hormona del estrés, en comparación con un paseo urbano, según un estudio realizado en la Universidad Nacional de Chungnam.

El contacto con la naturaleza también nos ayuda a relativizar y poner las cosas en perspectiva. Una caminata de 50 minutos en un entorno natural disminuye la ansiedad, reduce los pensamientos negativos recurrentes, alivia las emociones negativas y mejora nuestro estado de ánimo, como comprobaron científicos de la Universidad de Stanford.

¿Cuál es el secreto para disfrutar de esos beneficios?

Cuando se trata de reencontrar el equilibrio y la calma, no existe una solución única para todos. Es importante que encuentres un lugar donde te sientas bien. Si disfrutas del olor a tierra húmeda, te relajarás más en un bosque, pero si prefieres el olor del mar, entonces tu “baño de naturaleza” será en la costa. 

Independientemente del lugar que elijas, lo más importante es la actitud con la que emprendas ese paseo. El inmunólogo Qing Li, de la Escuela de Medicina de Tokio, reveló el secreto: “Asegúrate de dejar tu teléfono y tu cámara en casa. Vas a caminar sin rumbo y lentamente. No necesitas ningún dispositivo. Deja que tu cuerpo te guíe. Escucha a dónde quiere llevarte. Sigue tu olfato. Y tómate tu tiempo. No importa si no llegas a ninguna parte. No vas a ir a ninguna parte. Estás saboreando los sonidos, los olores y las vistas de la naturaleza”.

Muchas personas, debido a las medidas de aislamiento, todavía no pueden disfrutar de la naturaleza. Pero el confinamiento se irá relajando. Muy pronto podremos volver a ella. Entonces nos estará esperando con los brazos abiertos, como una madre amorosa, dispuesta a sanar nuestras heridas y regenerarnos. Solo tenemos que dejarla entrar.

 

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