Ellos se benefician económicamente y por sorpresa de las protestas de un país

Cacerolazo en Bogotá, Colombia, el primero de diciembre de 2019 (Foto Reuters/Carlos Jasso).

En un día de trabajo normal, Jose (nombre ficticio para proteger su identidad), un vendedor ambulante de cervezas, refrescos y snacks en Medellín, la segunda ciudad en importancia en Colombia, dice que vende entre 70.000 y 100.000 pesos colombianos (entre 20 y 29 dólares), pero con las marchas ciudadanas que se han presentado con frecuencia desde que fue convocado un paro nacional el 21 de noviembre, sus ingresos casi que se han cuadruplicado.

Ese jueves 21, por ejemplo, recibió 400.000 pesos (120 dólares). Aquel día, por Medellín marcharon casi 200.000 personas, en un recorrido de más de doce horas que comenzó a las 6:00 de la mañana y culminó en la noche. “Por mí que el paro siga, esto está muy bueno”, afirma.

El paro, convocado por distintos sectores de la sociedad colombiana -estudiantes, educadores, centrales obreras y de trabajadores- para expresar su desacuerdo frente a algunas decisiones recientes tomadas por el presidente Iván Duque Márquez, ha recibido el apoyo de facciones opositoras del partido de gobierno (Centro Democrático), que lidera el expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez. Las manifestaciones masivas, sin embargo, han paralizado diversas actividades en Colombia.

Universidades públicas se encuentran con las clases suspendidas por decisión de los estudiantes, mientras avanzan las negociaciones de las peticiones del paro; locales y centros comerciales cierran cuando se realizan las marchas; el transporte público ha debido clausurar y restaurar algunas estaciones por los destrozos provocados, y el bloqueo de vías ha generado un caos en movilidad en las capitales principales, además de que algunas rutas de buses no pueden prestar sus servicios obligando a las gentes a caminar largos trayectos para llegar a sus destinos.

Marcha del 8 de diciembre en Bogotá (Foto Juan Barreto/AFP vía Getty Images)

Pero entre todo este panorama, han surgido algunos ganadores inesperados. El principal, curiosamente, ha sido la cacerola, producto que ha sido protagonista excluyente de las protestas debido a los llamados “cacerolazos” que cada noche se vienen realizando en parques y espacios públicos. Ha llegado a tal punto, que el periódico El Espectador, el segundo en tiraje en Colombia, la designó como “el personaje del año”.

Escribió el director del diario, Fidel Cano, el 7 de diciembre: “Pero la cacerola es el personaje de este año en Colombia, no solamente por la novedad de esta representación del malestar en el país —aun cuando no responda a su uso histórico original, como lo explicó Héctor Abad en una columna en este diario—, sino también porque con ese acto simple pero potente de agarrar a golpes aquel utensilio se rompieron muchas lógicas perversas en Colombia”.

La aparición de este utensilio en las manifestaciones -replicando lo ocurrido en otras ocasiones en países como Argentina y Venezuela-, llevó a que sus ventas se incrementaran. Así lo reportó la cadena radial Caracol, al señalar que en ciudades como Pereira (centro-occidente), la demanda se triplicó.

Paula Méndez, una comerciante de dicha ciudad que ofrece sartenes y cacerolas, declaró a la emisora que tenía disponible el “kit de la protesta”, que incluía sartenes pequeños que negociaba, en promedio, dos o tres diarios, y en estas semanas ha llegado a transar hasta nueve.

Marcas reconocidas que fabrican cacerolas y sartenes -Imusa y Universal, entre otras- han recibido indirectamente los beneficios de este fenómeno, al ser mencionados en innumerables publicaciones de redes sociales.


“Hay que aprovechar el sol y el hambre”

José Wílmar Castro, presidente de Asotramódulos, una asociación que reúne a comerciantes y venteros ambulantes, confirma que las marchas les han reportado ingresos generosos, aprovechándose de los efectos del sol y del hambre.

Los productos que más han vendido son las barras congeladas, los energizantes y las aguas, también las comidas rápidas como empanadas y snacks.

Daniel Manzano, presidente de una asociación de comerciantes en Medellín, afirma que el 21 de noviembre hubo cafeterías que vendieron todo su inventario. Hasta algún centro comercial del centro de esta ciudad, que había decidido no abrir ese día, tuvo que hacerlo porque la gente demandaba baños y bebidas.

Las marchas continúan en el país, pese a que su frecuencia ha bajado con respecto a los días más cercanos al 21 de noviembre, pero los manifestantes aseguran que vendrán más movilizaciones. Para el 22 de diciembre se prevé que haya una en Medellín con la presencia de artistas reconocidos, tal y como ocurrió en Bogotá el domingo 8 de diciembre, cuando marcharon miles de personas convocadas por la cantante Adriana Lucía y otros colegas.

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