La batalla de las viviendas en Jaffa, síntoma del malestar en Israel entre judíos y árabes

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Israa Jarbou ha dejado de ir a trabajar durante toda una semana por temor a ser agredida por judíos en el autobús en Jaffa, localidad mixta donde viven judíos y árabes, al sur de Tel Aviv.

"Van a darse cuenta de que soy practicante, asegura esta cajera de 27 años, bajo su hijab, velo musulmán que cubre la cabeza. "No hay ninguna seguridad".

David Shvets, estudiante judío de 24 años, salía el jueves de su escuela talmúdica Meirim Beyafo, ubicada en el mismo barrio donde vive la joven árabe israelí. Shvets cuenta que le tiraron piedras, y que el coche de un amigo y una sinagoga fueron incendiados.

"Nos movemos en grupo, con escolta policial para volver a nuestras casas por la noche" se lamenta, mientras califica la situación de "jungla".

Esta ciudad portuaria, con bares de moda y restaurantes repletos, vive hoy al ritmo de calles cerradas por la policía montada, mientras las fuerzas de seguridad patrullan, con fusiles automáticos.

El estado hebreo intenta así evitar los enfrentamientos en varias ciudades mixtas entre las comunidades judía y árabe, que representa el 20% de la población total de Israel.

Hay ataques contra sinagogas, mezquitas, cementerios, automóviles, incluso contra un teatro. Al menos un hombre ha muerto.

- Viejos agravios -

Estos enfrentamientos estallaron tras el inicio del 10 de mayo de los combates más intensos desde 2014 entre Israel y grupos armados de Gaza, en especial el movimiento islamista Hamás, en el poder en el enclave.

Israa Jarbou vive en un exiguo apartamento, con nueve personas, entre ellas su marido, sus dos hijos y su suegra Etaf.

Pero el barrio cambia rápidamente: sus vecinos árabes, pobres, son expulsados de sus viviendas sociales, para ser reemplazadas por lujosos apartamentos al alcance de judíos israelíes.

La familia Jarbou libra una pelea con el administrador público de viviendas sociales, Amidar, que intenta sacarla de ahí.

"Quieren expulsarnos" se lamenta Etaf Jarbou, la matriarca de 57 años.

Para Tony Copti, director de cine y librero, la amargura de los árabes nació con la creación de Israel en 1948.

Antes, la ciudad portuaria estaba repleta de médicos, ingenieros, escritores.

"Para los árabes palestinos, Jaffa era la capital de la educación, del teatro, del cine, de la prensa" relata Copti. "Era un país por sí solo"

De los 70.000 habitantes árabes en la época, solo quedaron 3.000 en 1948. Los demás huyeron o fueron expulsados, según Zochrot, asociación israelí de documentación de las comunidades palestinas.

Según Amir Badran, nacido en Jaffa y consejero municipal de Tel Aviv, la mayoría de los inquilinos actuales de Amidar en Jaffa son árabes, y más de un tercio de ellos están amenazados de expulsión.

Amidar "ignora el hecho que estas propiedades era originalmente palestinas (...) y no toma en cuenta que los árabes no tienen los medios para comprar estas propiedades", según la asociación.

El administrador ordenó la expulsión de los Jarbou en 2018, alegando alquileres impagados durante más de 30 años.

- Orden anulada -

La orden fue anulada debido a la larga presencia de la familia en esta vivienda, a su mala salud y a sus bajos ingresos. Su abogado espera ahora obtener para ellos el derecho de comprar la vivienda o, al menos, poder vivir en ella con un alquiler accesible.

Las relaciones con Amidar ilustran las discriminaciones que los árabes dicen sufrir en Israel, lo que ha reforzado su solidaridad hacia los habitantes de los Territorios palestinos.

La situación en Sheij Jarra en Jerusalén Este --cerca de 500 palestinos amenazados de expulsión en beneficio de colonos judíos-- tiene gran eco en la casa de los Jarbou.

"Jerusalén Este me rompe el corazón" dice Etaf Jarbou.

Varios centenares de habitantes árabes y judíos protestaron el domingo en Jaffa contra la política israelí y en favor de la coexistencia. Algunos portaban ramas de olivo, bajo la mirada de los policías antidisturbios israelíes.

"Los árabes de Israel no dijeron nada durante las tres últimas guerras de Gaza. Pero ahora, con la discriminación, ya estamos hartos" comentó Muhamad Mansour, manifestante e ingeniero de 34 años.

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