La base aérea de Bagram, una de las claves para controlar Afganistán

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La base aérea de Bagram, en Afganistán, el 1 de julio de 2021

La base aérea de Bagram, al norte de la capital afgana Kabul, fue durante décadas el bastión de las fuerzas extranjeras que combatieron a los rebeldes y un símbolo de las brutalidades cometidas a lo largo de todos estos años de conflicto.

Ubicada 50 kilómetros de Kabul, la base es vital para la seguridad de la capital y tiene una enorme importancia estratégica para controlar todo el norte de Afganistán.

Tentacular, fue construida por los estadounidenses durante la Guerra Fría para su aliado afgano, con el objetivo de ayudarlos a que se protegiesen de la Unión Soviética en el norte.

Desde su construcción y a lo largo de las décadas de conflicto que han sacudido a Afganistán, la base fue controlada por diferentes actores.

Fue desde allí que la Unión Soviética organizó la ocupación de Afganistán tras la invasión de 1979. El Ejército Rojo la agrandó mucho.

Tras la retirada de los soviéticos en 1989, la base quedó bajo control del gobierno afgano apoyado por Moscú, y luego por una administración muyahidín dividida durante la guerra civil.

En un momento, parece incluso que los talibanes controlaron una parte de la larga pista de kilómetros y sus enemigos de la Alianza del Norte la otra.

Bagram cayó finalmente en manos de los talibanes durante su irresistible acenso al poder a mediados de los años 1990.

- Hechas pedazos -

Luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la invasión de Afganistán por parte de una coalición internacional liderada por Washington, volvió bajo control estadounidense.

Fue desde Bagram que se llevaron a cabo los ataques aéreos contra los talibanes y sus aliados de Al Qaida, y desde donde se organizó al reabastecimiento de las tropas.

En estas últimas dos décadas, la base recibió varias visitas de presidentes estadounidenses. También albergó una prisión, que provocó una polémica por el trato acordado a los detenidos.

Cientos de miles de militares estadounidenses y de la OTAN, así como personal de empresas subcontratadas, pasaron por Bagram, que en un momento incluía piscinas, cines, spas y varias cadenas de comidas rápidas como Burger King y Pizza Hut.

Estos últimos meses, Bagram se convirtió en blanco de disparos de cohetes reivindicados por el grupo yihadista Estado Islámico, lo que hace temer que rápidamente sea objeto de un verdadero ataque.

Tras meses de consultas, el presidente estadounidense Joe Biden anunció en abril que las últimas tropas estadounidenses en territorio afgano partirían antes del 11 de septiembre, poniendo fin así a la guerra más larga que haya vivido Estados Unidos.

Aún hoy en día, los terrenos junto a la ruta entre Kabul y Bagram siguen repletos de carcasas oxidadas de tanques soviéticos, un cruel recuerdo de que más de cuatro décadas de conflicto ha dejado la mayor parte de Afganistán hecha pedazos.

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