El Barcelona no estaba muerto y quiere LaLiga

Miguel A. Sánchez
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Hay un tema muy famoso de Peret, rey de la rumba catalana, que habla de su amigo Blanco Herrera, que le pagaron su salario y, si pensárselo dos veces, se fue para malgastarlo. En este caso, el amigo es Josep Maria Bartomeu, y cogió al Barcelona y se lo llevó de farra para soltar billetes al aire y malgastar los fondos hasta sumirlo en una importantísima crisis económica. La falta de liquidez y los malos resultados han llevado a muchos a descartar al Barcelona y, como no volvían a la senda de la victoria, lo han dado por muerto. Y no estaba muerto, no, no.

Al cabo de unas jornadas de haber empezado la Liga pospandemia, encontraron un equipo muy parecido al Barcelona que no conseguía resultados. Entonces, los equipos y la prensa se vistieron de negro y le hicieron un gran velorio. No le perdonaron sus deudas, pero sí lo enterraron aunque algunos con más alegría que pena. El Barcelona superaba los 10 puntos de diferencia con el líder Atlético de Madrid, incluso con más partidos disputados. Y no estaba muerto, no, no.

Koeman ha resucitado al Barcelona | Jean Catuffe/Getty Images
Koeman ha resucitado al Barcelona | Jean Catuffe/Getty Images

Pero los equipos de arriba se relajaron, Koeman fortificó las bases, dio protagonismo a canteranos muy preparados y el Barcelona ha aparecido lleno de vida y contenta para gritar en las ruedas de prensa: “¡Eh, se equivocaron de muerto!”. El lío que se ha formado en la tabla, eso sí que es puro cuento, y aunque no quieren a Bartomeu, los culés sí que quieren vivir muertos. Y no estaba muerto, no, no.

Así, en la primera semana de marzo, el Barcelona ha regresado y mira al líder Atlético de Marid a solo una victoria de distancia. Es cierto que los colchoneros todavía no han jugado su partido de este fin de semana y tienen otro encuentro atrasado, pero los blaugranas están a solo dos puntos de los del Metropolitano. Han regresado con profesionalidad y buen hacer para asaltar el título y recordar a todo el mundo que no debieron darles por muertos. Pues… no estaba muerto, estaba de parranda.

¡Viva la rumbita catalana!