El Barça del futuro debería edificarse sobre Arthur Melo, no deshacerse de él

Arthur Melo durante el pasado Clásico en el Santiago Bernabéu. (Foto Manu Reino / Echoes Wire/Barcroft Media via Getty Images)

No hay nada más importante para un centrocampista azulgrana que poseer la capacidad de controlar el ritmo de un partido. Imponer su ley en el caos. Ordenar cada progresión de su equipo al modular la frecuencia de pases así como la intención y dirección de los mismos. Indispensable en la estructura táctica del Barça, el brasileño es de los pocos futbolistas que conectan el futuro del Barça con su pasado. Aquel que trituraba rivales a base de superar presiones altas rivales y esconder el balón hasta marear al contrario.

En un Barça de Quique Setién donde los ataques tienden a ser tan tediosos como horizontales, la soltura de Arthur Melo debe proyectar al conjunto azulgrana a un nuevo escalafón competitivo. En este sentido, el sudamericano combina la habilidad de acumular un gran número de pases para mantener el esqueleto táctico bajo el control y la pausa con una verticalidad que le permite agilizar y dinamizar el circuito de pases culé.

Tras una primera campaña donde ordenaba a su equipo cuando saltaba al campo, en esta liga 2019/20, el brasileño ha llevado su fútbol a un punto de atrevimiento desconocido. Así, al alternar distintas alturas en el terreno de juego, ha volado de la base donde chocaba con Busquets y De Jong para situarse en posiciones más adelantadas y ser más punzante.

Como muestran los datos, Arthur ha exhibido una mayor agresividad de cara a la portería rival al pasar de anotar 0 goles en LaLiga 2018/19 a sumar 3 dianas en la actual, presentar 0.2 tiros por partido a 0.5 e irse de 0.4 regates por duelo a 1.8. Una evolución que permitió al Barça juntarse más a través del pase y presionar mejor arriba, pero que desgraciadamente se quedó a medio camino por sus problemas físicos.

Efecto sobre Leo Messi

Por otra parte, el impacto positivo que tiene Arthur Melo sobre el colectivo es proporcional a la liberación que supone su presencia para el jerarca azulgrana. Con el brasileño sobre el campo, Leo Messi se puede permitir el lujo de reducir sus contactos con el balón en zonas menos determinantes como las del centro del campo. Enfocar su juego a la mediapunta para dar el último pase y anotar y no tener que venir a recibir hasta la base con el objetivo de paliar la falta de creatividad que presenta la médula culé sin Arthur.

Además, la inclusión del ‘8’ en las alineaciones del Barça se traduce en un mayor ritmo de juego del argentino. En pases verticales que habilitan a Messi en zonas intermedias para desgranar la defensa rival y poder girar. Cuantos más balones pasan por Arthur, más fluye el Barça. Conector de piezas distintas como es, solo el tiempo podrá cuantificar la importancia del brasileño en un equipo al que le faltan varias marchas más para pasar por encima de su rival.

No sabemos hacia dónde evolucionará el fútbol de Arthur. Si será capaz de instalarse definitivamente como un interior adelantado o seguirá ligado a la base, pero lo que sí es irrebatible es su importancia en el entramado azulgrana. Por ello, tan solo contemplar la posibilidad de incluir a Arthur Melo en un trueque con cualquier otro centrocampista de sus características este verano es incoherente y de producirse, un disparate.

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