Así logran las ballenas y los delfines librarse del cáncer

José de Toledo
·2 min de lectura
Adult whale breaching out of the water. Half of it's body is out of the water. Both pectoral fins are raised. The head is at the highest point, as it is jumping out of the water. breath vapour is visible.
Adult whale breaching out of the water. Half of it's body is out of the water. Both pectoral fins are raised. The head is at the highest point, as it is jumping out of the water. breath vapour is visible.

Los delfines y las ballenas, los cetáceos, son animales sorprendentes en muchos sentidos. Mamíferos acuáticos, tremendamente inteligentes, con vidas muy largas… y casi exentos de cáncer. Y esto último lleva tiempo suponiendo un quebradero de cabeza para los científicos.

Explicar el problema es muy sencillo: los cetáceos son animales muy grandes. Lo que significa que tienen muchas células en su cuerpo. Y además viven muchos años. Cuantos más años se vive, más probable es que se desarrolle un cáncer. Si hay más células que pueden volver cancerígenas, en animales que viven mucho tiempo, podemos ver el problema.

Ah, y si alguien piensa que los delfines tampoco son tan grandes, no hay más que pensar en las orcas. Porque las “ballenas asesinas” son, en realidad, delfines.

El caso es que los cetáceos deberían desarrollar una gran cantidad de cánceres, pero no lo hacen. No es que no tengan tantos tumores como sería esperable, es que tienen una cantidad muchísimo menor de la que, en teoría, les correspondería.

Para tratar de conocer la respuesta, los investigadores se han centrado en los cambios que se han producido a lo largo de la evolución en 1077 genes supresores de tumores. Estos genes se encargan de reconocer los daños en el ADN o las mutaciones, o en impedir el desarrollo de tumores, o en mejorar el reconocimiento por parte del sistema inmune de las células tumorales. Es decir, son genes encargados de controlara los tumores.

Pero para saber qué tienen de especiales los cetáceos, hay que compararlos con algo. Así que los investigadores han seleccionado 15 especies de mamífero, la mitad de ellos de cetáceos. Y lo que han encontrado es muy interesante.

Han visto una presión selectiva favorable en estos genes supresores de tumores. Es decir, que a lo largo de su evolución, los cetáceos han favorecido las mutaciones que hacían a sus genes controladores de tumores más potentes. De una manera muy superior a otros mamíferos. Se trata, por tanto, de una selección positiva, en lugar de una selección en contra.

También han encontrado duplicaciones de genes. Este es un mecanismo habitual en evolución: un gen que cumple una determinada función se duplica. Una copia sigue igual, sin cambios y cumpliendo su función. La otra muta, y puede adquirir funciones nuevas y mejores, o no. Pero siempre queda una copia “buena” del gen, y así no se pierde la función.

Vale, pero ¿esto nos sirve de algo? Porque no es que se pretenda insertar genes de ballena en humanos para curar el cáncer. Pero conocer cómo un grupo de especies ha sido capaz de generar una dinámica que les ha llevado a evitar el cáncer a tal grado es importante de cara a la ciencia.

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