Canciones pegadizas, promesas y regalos: los trucos de los anuncios de productos con azúcar para captar la atención niños

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En España, 1 de cada 3 niños y niñas tiene sobrepeso u obesidad. Es un dato oficial y un problema de salud importante. Para atajarlo y ponerle remedio, desde el Ministerio de Consumo de Alberto Garzón han decidido, como ya se hizo con las casas de apuestas, poner coto a la publicidad con la que se bombardea a los menores para hacerles llegar el mensaje de que consuman esos productos que perjudican su salud y que se valen de distintas técnicas de marketing para captar su interés.

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¿Qué adulto no conoce la canción del Cola Cao? Aquella de “yo soy aquel negrito, del África tropical…”. Es un clásico de la infancia de varias generaciones, como la de la Nocilla. Las nuevas, sin embargo, tienen otra actualizada pero que sigue la misma estrategia publicitaria: la de la cancioncilla pegadiza. Porque la publicidad de productos alimenticios (y también de otros sectores) tiene claro a qué público va dirigida y qué funciona con ellos. El tema musical funciona y si, además, este va acompañado con unos dibujos animados, el impacto aumenta.

Pasa con el mencionado anuncio del Coca Cao y su nueva canción, pero también con otros alimentos mucho más recientes como el osito de Artiach que canta muy alegremente que ya es mayor y hace las cositas solito, con voz de niño de ¿cuatro años? ¿cinco? Dice que va en bici a natación y es prácticamente autónomo. ¿Qué niño no querrían poder hacer todo eso solito cuando a esa edad insisten en lo mayores que son?

Un ejemplo más en esta línea (la lista es interminable) sería las galletas Oceanix, esas que cantan y bailan en inglés y ‘venden la idea’ de que, además de lo buenas que están y los divertidas que son, se aprende la lengua de Shakespeare con su canción. Y, para terminar, invitan a conseguir dos meses de lecciones gratis. Porque en este anuncio se une la técnica de la canción pegadiza con la del regalo dentro del paquete. Aunque el gancho de dos meses gratis en una academia de idiomas parece más dirigido a los padre que a los niños, lo cierto es que lo de regalar juguetes, cromos o sorteos es otra de las técnicas más usadas.

Muchos paquetes de cereales o de galletas anuncian, no solo en televisión, sino también en sus envases lo que el niño encontrará en su interior y, en muchos casos, se trata de productos coleccionables. De esta manera se anima y fomenta el consumo continuado y el intercambio en el patio del colegio. En ocasiones, el gancho está en usar personajes muy populares entre los niños para que el deseo de adquirir ese producto sea aún mayor. No quieren comerse es galleta, quieren el 'regalo'. Reclamos sacados del universo de los videojuegos, de la última película de estreno en los cines o del último coleccionable de cromos de moda son recurrentes.

Y la forma en la que se presentan pueden ser muchas y variables: portasánwiches, vasos coleccionables, tarjetas, pegatinas, figuritas…. Y muchos de esos productos de mala calidad y que se rompen con cierta facilidad.

Y todo eso, canciones para llegar mejor a su público y regalos como forma de recompensa por elegir su producto y no otro, para hacerles llegar el mensaje de que comer esas galleta, bollo o cereal o beber ese zumo o batido hace que todo sea más divertido y molón. Porque un desayuno con galletas de dinosaurios es más ameno que con una pieza de fruta o si se está aburrido, siempre se puede tomar un batido que animará hasta a los abuelos a ponerse a jugar con pistolas de agua. 

A todos (o una buena parte de esos anuncios) es a los que Alberto Garzón quiere poner coto en la televisión y en los distintos canales de acceso de la publicidad a los menores de 16 años. En el punto de mira están bollería industrial, galletas, helados, zumos... y todos aquellos tipos de productos con un nivel de calorías y de azúcar elevado

Es cierto que la responsabilidad última, sobre todo en los casos de los niños más pequeños (quizá no tanto en el de los adolescentes que son más independientes) es del adulto que le compra esos productos. Pero, dicho esto, que el bombardeo publicitario se reduzca ayuda a los padres en la batalla contra el azúcar. Y tener un aliado en esa guerra, facilita la tarea.

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