Ayuso y la paradoja de su nuevo hospital: el ladrillo no nos salvará de la pandemia

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La Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, visita las obras del nuevo hospital para pandemias y catástrofes en VAldebebas | imagen Ricardo Rubio/Europa Press
La Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Diaz Ayuso, visita las obras del nuevo hospital para pandemias y catástrofes en VAldebebas | imagen Ricardo Rubio/Europa Press

La Comunidad de Madrid ha sido la más afectada por la epidemia de Covid19 en España. En estos momentos, los números oficiales nos hablan de 72.168 casos confirmados y 8439 fallecidos, y es seguro que existen muchos más que no se han podido contabilizar, y quizá nunca se pueda. La gestión de la pandemia en esta región, como en muchas otras, se podría resumir como una suma de grandes olvidos, lentitud en las acciones, errores muy graves y contados aciertos. El balance a estas alturas no es demasiado positivo y los responsables intentan solucionar ahora algunos de los problemas detectados, con poca o ninguna fortuna.

A mediados de junio, la presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, realizaba uno de los anuncios más grandilocuentes (e innecesarios) de los últimos tiempos. La intención de construir un gigantesco “hospital para pandemias y emergencias sanitarias”, siguiendo el modelo que se utilizó en IFEMA, se ha convertido, paradójicamente, en la imagen perfecta de muchos de los males que aquejan a nuestros políticos.

Se olvidó mencionar que esas camas y esas ucis... necesitarán personal sanitario | Twitter @Idiazayuso
Se olvidó mencionar que esas camas y esas ucis... necesitarán personal sanitario | Twitter @Idiazayuso

“1.000 camas, 50 ucis y la última tecnología”… Todo suena fantástico, excepto por un imperdonable olvido: ¿Y el personal? Durante las últimas dos décadas, nuestros responsables y gestores públicos parecen tener una sola respuesta a todos los problemas: ladrillo. La construcción es el milagro que lo soluciona todo. El paro, la economía y ahora hasta los virus y las catástrofes, todo se soluciona construyendo edificios. Con esta única idea en mente, en estos años hemos levantado inmensas moles, aeropuertos sin pasajeros o vuelos, pabellones y piscinas en cada rincón, palacios de congresos para miles de conferenciantes… y por supuesto, docenas de grandes instalaciones científicas que, cuando se van los albañiles, quedan abandonadas porque esos maravillosos gestores tan solo planearon su construcción, no su funcionamiento.

No aprendemos.

Instalaciones abandonadas del Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias (IMMPA)
Instalaciones abandonadas del Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias (IMMPA)

La imagen superior corresponde al Instituto de Medicina Molecular Príncipe de Asturias (IMMPA) con “sus enormes cristaleras brillando en mitad del campus de Alcalá de Henares como la silueta de un trasatlántico”, escribía Antonio Martínez Ron en 2012. “Ocupa 50.000 metros cuadrados de superficie y alberga más de 30 laboratorios, congeladores, incubadoras de CO2 y un animalario completo, pero en su interior no hay ni un solo investigador, el edificio está completamente vacío”.

Detrás de esta enorme edificación, se encuentran los restos de la que iba a ser la sede del Instituto Cajal, “adjudicado a la empresa Acciona y cuyas obras fueron interrumpidas en noviembre de 2010 por la falta de fondos y las nuevas políticas de contención del gasto. El terreno que iba a ser el principal núcleo de investigación del sistema nervioso, para enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer, es ahora pasto de las liebres”. Y así, docenas y docenas de instalaciones y edificios científicos que, una vez acabadas las obras, quedaban desiertos sin personal ni recursos asignados para su funcionamiento.

No aprendemos.

Mientras la presidenta visitaba los terrenos, pertenecientes a otro gran proyecto fracasado, y se dejaba fotografiar ilusionada y satisfecha, el personal sanitario protestaba para denunciar que no hay suficientes profesionales para cubrir los turnos que ya tienen.

Personalmente estoy muy cansado de que nuestros políticos, que también son los gestores de nuestros recursos económicos y humanos, no tengan visión de futuro, que no aprendan de los errores (o no quieran aprender), cansado de su falta de imaginación y su apuesta continua por la fácil solución del ladrillo. ¿El paro sube? Construcción y ladrillo. ¿La economía no va bien? Construcción y ladrillo. ¿Aparece un virus que provoca una pandemia? Construcción y ladrillo.

El nuevo hospital de pandemias no nos salvará del coronavirus. Otra ruina abandonada dentro de unos años, otra infraestructura sin gente que empezará a resquebrajarse cuando el tiempo y la erosión le soplen, otro edificio sin vida interior que solo servirá para enriquecer a los contratistas de siempre... Necesitamos más personal, mejor formado y con más recursos. Sin personas, bien formadas y con acceso a recursos materiales para su trabajo, los edificios terminarán siendo un decorado.

En definitiva, carentes de una visión a medio y largo plazo, nuestros políticos sobreviven con comodidad gracias a su infalible cóctel de promesas sin contenido real, una preocupante desmemoria por parte de los ciudadanos y fotografías propagandísticas de proyectos que siempre suenan bien, pero que no tienen sentido.

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