Ayuso devalúa la palabra de Casado y pone en juego su futuro

Asier Martiarena
·3 min de lectura
La presidenta regional de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidenta nacional del PP, Pablo Casado, compartieron un desayuno informativo de Europa Press en enero de 2020. (Photo by Borja B. Hojas/Getty Images)
La presidenta regional de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el presidenta nacional del PP, Pablo Casado, compartieron un desayuno informativo de Europa Press en enero de 2020. (Photo by Borja B. Hojas/Getty Images)

Tras el terremoto político provocado por la moción de censura de Ciudadanos y PSOE al presidente del Gobierno de Murcia, Pablo Casado está tratando de reagrupar sus tropas y hacer balance de bajas en el Partido Popular. Al Ejecutivo murciano parece que le seguirá la alcaldía de la capital autonómica. En Castilla y León, populares y naranjas parecen bien avenidos, y en el Ayuntamiento de Madrid, tres cuartos de lo mismo.

Una situación que podría haberse repetido en la Comunidad de Madrid, pero su presidenta, Isabel Díaz Ayuso, no quiso esperar a las explicaciones de su ya exsocio de Gobierno, y decidió disolver la Asamblea y convocar elecciones.

Por mucho que desde Ciudadanos lleven 24 horas repitiendo que su acuerdo al frente de la Comunidad no peligraba, la madrileña no se fiaba de las intenciones de Ciudadanos y dio por terminado su matrimonio de conveniencia por lo que pudiera pasar.

Un discurso totalmente contrario al pronunciado por Casado hace apenas unos meses. Cuando él mismo se encargó de frenar las recurrentes ganas de Ayuso de convocar elecciones al asegurar que confiaba en la palabra de la líder nacional de Ciudadanos, Inés Arrimadas. "Tanto Inés Arrimadas como yo, como presidentes nacionales de estos dos partidos, tenemos un acuerdo firme. Y ese compromiso lo hemos hablado muchas veces. Nadie más nos puede presionar", señaló en declaraciones a EsRadio.

También señaló Casado hace poco que el PP estaba avanzando en la conquista del centro derecha español. Sin embargo, con la ruptura de ayer, Ayuso le obliga a su jefe nacional a hacer todo lo contrario. Al haber roto su relación con Cs, en caso de no sacar mayoría absoluta, la única opción de fraguar un posible pacto postelectoral pasa por echarse en brazos del único socio potencial que le queda: Vox. Y la formación de Santiago Abascal muy de centro derecha no es.

Si acaba perdiendo Madrid y Murcia, el bagaje regional de Pablo Casado se reducirá a Andalucía, en donde Cs no se siente muy cómodo con las constantes cesiones del PP a la extrema derecha, y Castilla y León. Porque Galicia, la única comunidad en la que el PP gobierna sin ataduras, está en manos de Alberto Núñez Feijóo. El hombre al que todo el mundo ve como posible sucesor de Pablo Casado. Y que controla un partido que, además de ocultar las siglas de su imagen corporativa, ayer disfrazó de retranca un dardo directo a Casado.

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La cuenta oficial del PP de Galicia tuiteó ayer: “A esta hora del día no tenemos constancia de que Ciudadanos vaya a presentar una moción de censura con el apoyo de Podemos en el Parlamento autonómico. La estabilidad por la que apostó en las urnas el pueblo gallego está garantizada. Gracias de nuevo por vuestro apoyo”, junto a una carita sonriente con gafas de sol.

Y todo después de haber cosechado el peor resultado de la historia del PP en Cataluña en los comicios del 14 de febrero.

El caso es que, de una tacada, Ayuso ha comprometido la supervivencia política de Casado, ha echado por tierra su palabra y Arrimadas se encargará de recordárselo a todo el mundo, y le obliga a reestructurar su estrategia electoral al haber traicionado a su socio de centro. 'Con amigos así, quién necesita enemigos', reza el dicho popular.

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