No ayunar, un desafío para los jóvenes tunecinos durante el confinamiento

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No ayunar, un desafío para los jóvenes tunecinos durante el confinamiento

Ya sea en un bolso o mochila, bajo la cama o cubierta por un montón de ropa, los jóvenes tunecinos que viven en casa de sus padres y no respetan el ayuno del Ramadán, recurren a diferentes astucias para almacenar comida y alimentarse a escondidas.

No se trata de algo nuevo, pero tomó un cariz particular con el confinamiento y el cierre de restaurantes por la pandemia de covid-19.

"¿Cómo ocultar su comida durante el día y comer sin que sepan sus padres?", se preguntan algunos tunecinos en un grupo en Facebook de personas que no ayunan, por lo que debe lidiar con este tabú social.

Una oscura circular advierte contra el derecho a comer en público durante el Ramadán, pero asumirlo en el ámbito familiar es algo complicado.

Así, todas las astucias son válidas, incluso comer bajo la ducha o, para las chicas anunciar que tienen la regla, periodo en que está permitido no ayunar.

Esto hizo Zahra, de 23 años, confinada en Túnez, quien tuvo que "esconderse de sus padres para comer", como muchos de los 12.000 miembros del grupo "fater" en Facebook, donde los no ayunadores comparten sus experiencias durante este mes sagrado.

Finalmente, su madre sospechó algo, comenta Zahra, divertida.

Estudiante que integra asociaciones feministas, explica que dejó de ayunar hace dos años. "Le dije a mi madre que ya no era musulmana, pero ella finge que no lo sabe".

"Muchos tienen miedo de ser echados (de casa), yo no, pero si lo digo a mis padres, imaginará que hago cosas" peores, añade.

Su vecina, Yasmine, estudiante, dejó de ayunar hace varios años. "Tengo miedo de ser repudiada al confesarlo en familia (...) Este año, solamente bebo agua porque estoy confinada con mis padres", indica.

- Fosa generacional -

Imen, de 26 años, destaca que hay "una brecha generacional". Quería "confesar" que renunció al ayuno. "Pero todos están muy estresados con el confinamiento", indica esta empleada que vive sola en Túnez, donde se siente más libre.

"A mi madre la apenaría (...) Mi padre lo sabe, pero no lo hablamos", continúa.

Aunque considera a los tunecinos bastante tolerantes, cree "que siendo el Ramadán un periodo particular, la gente se siente con derecho a juzgar".

Normalmente, Túnez muestra esta ambigüedad: algunos cafés permanecen abiertos pero cubren las ventanas con diarios para evitar que los no ayunadores sean vistos por paseantes o policías.

Para Imen, cada persona tiene una interpretación diferente del islam que habría que debatir.

Azer, de 36 años, se instaló en casa de su padre para permitir a su madre, frágil, aislarse en la suya.

"Él se dio cuenta que no ayuno, pero es de espíritu abierto y se ríe", explica esta empleada, que afirma sentirse "menos juzgada" desde hace años.

Para el fundador de "fater", Abdelkarim Benadbalá, hay "menos tabú que antes (...) pero algunos no comen en casa por respeto familiar".

- Libertades -

Walid, de 40 años, confinado con su padres, aunque admite su "falsedad", afirma "odiar la hipocresía social. Los que practican sexo, roban, beben, se vuelven muy religiosos durante 30 días".

Tras la Revolución de 2011, en 2014 la Constitución consagró la "libertad de culto".

Pero Anoir Zayani, de la Asociación de defensa de las libertades individules (Adli), y Umayma Jabnuni, de la Liga tunecina de derechos humanos(LTDH), destacan un repunte del discurso populista y conservador.

Años después de la revolución por "trabajo, libertad, dignidad", las autoridades aducen que "las libertades individuales no son prioritarias".

La policía continúa deteniendo a ciudadanos que comen o fuman durante Ramadán, apoyándose en textos vagos sobre costumbres, y una vieja circular ya abolida.

"Cambiando el marco jurídico, la juventud se beneficiaría de la libertad, sus consecuencias positivas, y sería más tolerante (...) Ejercer la libertad no afectaría al modo de vida tunecino, pero crearía una diversidad enriquecedora", apostilla Zayani.