¿Ayudan los “niños mediáticos” a luchar contra el cambio climático?

La joven activista sueca Greta Thumberg enun discurso en Montreal, Canada | foto Martin Ouellet-Diotte/AFP/Getty Images

“La gente está sufriendo, la gente está muriendo. Estamos en el inicio de una extinción masiva y ustedes solo pueden hablar de dinero”. Estas eran algunas de las palabras de la joven Greta Thumberg en su directo y contundente discurso ante la Organización de Naciones Unidas. Durante las últimas semanas infinidad de medios internacionales han publicado y comentado su intervención ante los líderes políticos de medio mundo, así como las más diversas e incluso contradictorias reacciones ante su figura y su mensaje. No obstante, Greta no es el primer caso, y seguramente no será el último, de “niños mediáticos” con discursos ecologistas que han saltado a las portadas, quizá no los recordemos pero recientemente han surgido otras voces similares.

En 1992, una joven de 12 años llamada Severn Suzuki realizaba un discurso similar también ante la sede de Naciones Unidas. “Si no saben cómo arreglarlo, no lo rompan” es la frase más recordada de su intervención, en la que también cargaba duramente contra los políticos de la época. En 2003, Felix Finkbeiner, también se presentó ante la Asamblea General de la ONU para dejar un mensaje similar. En 2015, otro joven ecologista y defensor de las minorías, Xiuhtezcatl Roske-Martinez, saltó también a las portadas con diferentes acciones a favor del medio ambiente, tenía 15 años. Más recientemente, en 2018, la pequeña Autumn Peltier de tan solo 12 años, habló ante la ONU como miembro de la Nación Wikwemikong pidiendo un eficaz y seguro suministro de agua potable para todos los pueblos del mundo.

Severn, Felix y Autumn, tres de los diversos niños activistas que han surgido en las últimas décadas

La pregunta que planteo en el titular de este artículo se debe a una duda personal, real, sincera y abierta a diferentes respuestas… ¿en qué medida ayudan este tipo de actuaciones y discursos a la solución política del cambio climático?, ¿consiguen sus discursos arrancar medidas eficaces y urgentes de los líderes y responsables mundiales?

Desde hace ya algunas décadas, se ha convertido en práctica habitual el uso de un verdadero desfile de niños y niñas, todos menores de edad, para lanzar un mensaje de protección del medio ambiente. Sus apasionados discursos, directos y demoledores, encuentran gran cobertura en la prensa que, en muchos casos, los aprovechan para ganar visitas como si de cualquier famoso de prensa rosa se tratase. Indagan en su vida privada, publican detalles controvertidos y convierten a estos jóvenes en el punto de mira de sus portadas, emborronando y difuminando el mensaje tras sus palabras.

Otro aspecto a considerar sería la influencia real que se consigue con este tipo de actuaciones y discursos. ¿Responden los políticos a sus exigencias o aguantan los diez minutos de “chaparrón” y siguen con sus agendas sin inmutarse? Desde aquel lejano año de 1992, en el que Suzuki realizara su discurso, no parece que los responsables mundiales se hayan puesto manos a la obra en serio como exigía la joven ambientalista.

También me asalta la duda de si diferentes organizaciones ecologistas, con propuestas más dudosas, podrían estar utilizando a estos jóvenes como escaparate para sus propias reivindicaciones, algunas de ellas contrarias a las evidencias científicas como la lucha contra los transgénicos o la energía nuclear. Todos los niños y niñas citados anteriormente, pertenecen a grupos ecologistas con un loable propósito pero con métodos científicamente discutibles.

La activista Greta Thumberg se ha convertido en un símbolo para muchos jóvenes | REUTERS/Allison Lampert

Hasta aquí algunas de las dudas y aspectos a discutir en la utilización, ya generalizada en estos últimos años, de “niños mediáticos” en temas medioambientales. Pero no todo son cuestiones negativas y detalles oscuros, también se debería considerar los puntos positivos.

En primer lugar, su mensaje. Uno puede sentirse más o menos conmovido por la intensidad, e incluso dramatismo, de algunas de sus actuaciones, pero no se puede negar que el mensaje que trasladan estos niños a los líderes políticos está en consonancia con lo que afirma la inmensa mayoría de la comunidad científica. En estos mismos días en los que hemos asistido a las emotivas palabras de Greta Thumberg, los medios de comunicación publicaban en paralelo artículos que corroboran que el cambio climático afecta seriamente la salud y la vida de las personas por todo el mundo, que está desplegando incontables efectos sobre los seres vivos y que una buena parte de los malos presagios asociados al calentamiento global son ya imparables.

Es comprensible pensar que un discurso tan dramático, realizado por niños, puede perder fuerza y ser considerado como una exageración, sin embargo, los estudios y modelos que se publican casi a diario por expertos en todo el mundo, nos deberían alertar del mismo modo… de hecho, muchos científicos han dejado ya de hablar de cambio climático para referirse a este proceso acelerado como “crisis climática”.

Otro aspecto positivo es la movilización que estos jóvenes están consiguiendo. Por experiencia hemos aprendido que nuestros políticos son poco dados a moverse si no hay una presión externa lo suficientemente potente que los obligue a ello. Es posible que los discursos de estos pequeños ambientalistas no tengan mucho eco en los oídos de los políticos, pero sí pueden ser un buen revulsivo para otros sectores de la sociedad. Hace tan solo unos días, millones de estudiantes se movilizaban en todo el mundo exigiendo medidas urgentes y definitivas. Quizá los mensajes de Severn, Felix o Greta dejen poca huella en los líderes mundiales, que los escuchan y, acto seguido, continúan con sus quehaceres y tareas sin darles importancia… pero existe una posibilidad real de que el mensaje sí se extienda por el conjunto de la sociedad, consiguiendo así un mayor empuje.

En definitiva, encuentro ventajas e inconvenientes en la labor de estos jóvenes. La pregunta del titular sigue ahí, dispuesta a escuchar otras razones y puntos de vista.