El gran ayatolá Alí Sistani, brújula de Irak contra viento y marea

Maya GEBEILY
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El gran ayatolá Alí Sistani, la principal autoridad religiosa de numerosos chiitas en Irak y en el mundo, redefinió radicalmente en tres décadas su papel hasta convertirse en una brújula religiosa y política, a veces en pleno caos.

El sábado, este nonagenario, que nunca aparece en público y cuyos representantes leen sus sermones, acogerá al papa Francisco en Nayaf, ciudad santa en el sur de Irak.

Este gran acontecimiento interreligioso viene a confirmar el aura del dignatario chiita quien, desde la invasión estadounidense de Irak en 2003, convenció a millones de iraquíes para que salieran a las calles, a las urnas e incluso al combate.

"Si en todo el mundo mucha gente se aleja de la religión, Sistani siempre ha conservado la misma autoridad moral", afirma a la AFP Marsin AlShamary, investigadora del Brookings Institute.

En el Irak de después de Sadam Husein, durante la ocupación de Estados Unidos y tras su marcha, logró el respeto de los chiitas, pero también de los sunitas y de los kurdos, mayoritariamente sunitas.

El gran ayatolá siempre llamó a los chiitas a respetar a las minorías y a proteger a los cristianos y sus iglesias.

- Equilibrio ancestral -

Y todo ello sin romper nunca el equilibrio ancestral de su estatus. "Sistani no es alguien que defienda una retirada total, pero tampoco es un revolucionario", según AlShamary.

El hombre, tocado con el turbante negro de los descendientes del profeta, nació en Mashhad, en Irán, hace más de 90 años. Formado en Qom (Irán), se instaló en 1952 en Nayaf, donde sucedió en 1992 al gran ayatolá Abul Qasem al Khoei.

En arresto domiciliario durante el régimen de Sadam Husein, se encontró en primera línea cuando cayó, abogando constantemente por la moderación.

En 2004, urgió a los estadounidenses a organizar elecciones democráticas y, más tarde, a su bestia negra, Moqtada Sadr, a abandonar la resistencia armada. En el peor momento de la guerra (2006-2007), recordó la prohibición para un musulmán de matar a otro musulmán.

En 2014, Sistani llamó a los iraquíes a oponerse al grupo ultrarradical sunita Estado Islámico (EI) y creó lo que se convertirá en Hashd al Shaabi.

Pero esta coalición, que debía reunir a civiles dispuestos a tomar las armas, fue finalmente fagocitada por los paramilitares proiraníes, organizados en milicias y seguidores, muchos de ellos, de su rival religioso, el guía supremo iraní Alí Jamenei.

- Dudas de ayatolá -

A lo largo de los años, el gran ayatolá Sistani también pidió a los políticos iraquíes que pongan fin a la corrupción y a la mala gestión.

Pero, en 2015, afirmó a la AFP por escrito --la única forma en que responde a los fieles y a los periodistas-- que "lamentablemente las cosas han salido de manera diferente" a lo que esperaba.

A finales de 2019, cuando en Bagdad y en el sur chiita una revuelta sin precedentes golpeó el sistema político instalado en 2003, se vio obligado a destituir al primer ministro que había apoyado.

Después llegó el coronavirus y el dignatario, que prohibió las oraciones del viernes, se refugió en el silencio.

El gran ayatolá, atrapado entre los políticos y los ciudadanos, también se debate sobre su relación con Irán, su país natal y gran vecino que busca extender su influencia en Irak.

"Nunca negó que es iraní y, sin embargo, en muchos aspectos, es más iraquí que los propios dirigentes de Irak", asegura Hayder al Khoei, un investigador que se reunió con Sistani en su espartana casa de Nayaf.

- "Dictados" -

En el único video en el que se escucha su voz, habla en farsi y habría rechazado incluso en dos ocasiones la nacionalidad iraquí.

Pero "siempre ha mantenido las distancias con Irán, a cuyos dictados nunca quiso someterse", asegura Kenneth Katzman, del Congressional Research Service.

Formado en la escuela teológica de los chiitas iraquíes, Sistani se opone a la teoría del "Wilayat Faqih" del ayatolá iraní Ruhollah Jomeini, según la cual la religión prima sobre lo político.

Para la escuela teológica de Nayaf, los religiosos deben limitarse a aconsejar sin inmiscuirse en los asuntos públicos.

Esto hace que Sistani se muestre "reacio" ante la idea de rubricar el documento "sobre la fraternidad humana" que el papa ya ha firmado con el gran imán sunita de Al Azhar en Egipto, según AlShamary.

En cualquier caso, "nadie más ocupará ese lugar", agrega la investigadora. "Ha guiado a Irak en todos su momentos difíciles como un pastor".

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