El avance de los talibanes pone una bomba en el Sur de Asia

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Nueva Delhi/Islamabad, 21 jul (EFE).- El inédito avance de los talibanes sobre el terreno, que han tomado bajo su control más de un centenar de distritos de Afganistán, alimenta los miedos del Sur de Asia, una región plagada de grupos armados que podrían ver con euforia la victoria de la insurgencia.

El rápido deterioro de Afganistán está precedido de la decisión de Estados Unidos y de la OTAN de retirar sus tropas tras veinte años combatiendo a los talibanes, dejando una guerra inconclusa en manos de los propios afganos, y una nueva dinámica en la seguridad de la región.

"Es difícil cuantificar lo que va a suceder, pero esto no es una buena noticia para nadie en la región. En primer lugar, porque desde el punto de vista de la insurgencia lo que los talibanes han logrado es bastante tremendo", explicó a Efe el experto en conflicto armado Kabir Teneja.

La formación insurgente ha conseguido "arrinconar a Occidente después de 20 años de batalla, después de resistir durante 20 años", señaló.

Con más de 130 distritos, de los 402 que componen Afganistán, bajo su control, además de varios puntos fronterizos e instituciones públicas, los talibanes anuncian malas noticias para los Estados, y a la vez dan ejemplo a otros grupos en la región.

El mensaje de los talibanes a los grupos insurgentes de la India, Pakistán y otras regiones del Sur y Centro de Asia es que "si son resistentes durante un largo período de tiempo, aunque no será fácil, es posible derrotar a Estados Unidos, y los talibanes lo han demostrado", deduce el analista del centro de investigación ORF.

Los grupos insurgentes activos en Afganistán y los países vecinos, más que dinero y armas, están motivados por la fuerza de los sentimientos ideológicos, apunta.

Por ello, Teneja explica que las ganancias de los talibanes "fortalecerán los sentimientos ideológicos de que es posible que los grupos insurgentes que luchan por el islam derroten a los Estados no islamistas".

La convivencia de talibanes con células de Al-Qaeda o Lashkar-e-Taiba (LeT), el grupo predominantemente en el conflicto de Cachemira, o el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), debe "dejar muy claro que aceptar a los talibanes o tratar con ellos como una entidad homogénea no es la forma correcta de hacerlo", sostiene el experto.

LA SALIDA DE EEUU

La salida de las tropas internacionales de Afganistán, completada ya en más de un 90 %, es parte de un pacto alcanzado entre Washington y los talibanes en febrero del año pasado.

Con este acuerdo los estadounidenses se comprometían a retirarse de la guerra si, entre otros asuntos, los insurgentes aceptaban reducir la violencia y negociar un arreglo político con el Gobierno afgano para la paz.

"Esto fue muy extraño desde el momento en que EE.UU. comenzó a negociar con los talibanes, ¿qué tipo de resultado esperaban que tuvieran los talibanes una vez comenzó la retirada de las fuerzas?", cuestiona Teneja, crítico de la decisión de la Casa Blanca promovida por la Administración de Donal Trump y ejecutada por su sucesor, el presidente Joe Biden.

"Este es en gran parte un desastre fabricado por Occidente", añade.

Para el analista, el hecho de que los talibanes han incumplido parte de sus compromisos y no han concretado ningún avance en las conversaciones con Kabul, da una imagen a ciertos grupos de que la insurgencia "derrotó a EEUU, tanto en la mesa de negociación, como en el terreno".

LOS REFUGIADOS

Después de que los talibanes tomaran el control del puesto fronterizo clave de Waesh, situado en la provincia afgana de Kandahar, uno de los cuatro que conectan Afganistán con Pakistán, Islamabad prevé sus propios problemas con la crisis.

"Es inevitable que se produzcan consecuencias en Pakistán", dijo a Efe el presidente del Centro de Investigación de FATA (antiguas áreas tribales de administración federal), Saifullah Mahsud.

El experto vislumbra una avalancha de refugiados y el probable aumento del terrorismo en suelo paquistaní como las principales amenazas del giro que está tomando el conflicto en Afganistán.

Pakistán alberga a 1,4 millones de afganos registrados legalmente y se estima que cerca de otro millón se encuentra indocumentado, una de las comunidades de desplazados más grandes y antiguas del mundo que comenzó a llegar a territorio paquistaní con la invasión soviética en 1979.

Ante este escenario, el Gobierno paquistaní ha adelantado que prepara una estrategia para enfrentar la llegada repentina de grandes grupos de refugiados, a los que planea mantener en campos cercanos a la frontera, como hace Irán.

"En el caso de que afganos busquen refugio en Pakistán, el Gobierno no les permitirá ir a las ciudades y los confinará en campos establecidos en las áreas fronterizas entre Pakistán y Afganistán", dijo recientemente el ministro de Información, Fawad Chaudhry.

Además, es posible que los avances de los talibanes afganos provoquen un auge en sus homólogos paquistaníes, el Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), porque "por supuesto que habrá un subidón psicológico por las victorias talibanas en Afganistán", afirma Mahsud, que cree que aún así este "será un problema manejable".

El TTP, el principal grupo talibán paquistaní, está en horas bajas tras ser diezmado en una serie de operaciones del Ejército paquistaní desde 2014. Aún así, el uso de suelo paquistaní como refugio y base de organizaciones insurgentes en la India y Afganistán son un estigma de larga data sobre Pakistán.

Indira Guerrero y Jaime León

(c) Agencia EFE

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