Una aurora boreal poco común ilumina de rosa el cielo de Noruega

Una vista general durante una aurora boreal en octubre, en Rusia.
Una vista general durante una aurora boreal en octubre, en Rusia.

Una vista general durante una aurora boreal en octubre, en Rusia.

El cielo noruego se cubrió, el pasado 3 de noviembre, de un espectáculo poco común: auroras boreales rosas. Este fenómeno es considerado “extremadamente raro”, según ha señalado la web Meteored, y se produjo después de que una tormenta solar abriera una grieta en el campo magnético terrestre.

Estos fenómenos, que se presentan en el cielo nocturno, sobre todo en zonas polares aunque también se pueden dar en otros lugares del mundo durante breves períodos, son un espectáculo que mucho sueñan con ver al menos una vez en la vida.

A principios de este mes, según resalta el portal especializado en fenómenos climatológico, al abrirse una brecha en el campo magnético de la Tierra, las partículas solares altamente energéticas pudieron penetrar más profundamente en la atmósfera de lo que suele ser habitual. Esto desencadenó las luces de colores más inusuales en las auroras.

Lo científicos, según el equipo de SpaceWeather, detectaron esta grieta después de que una tormenta solar clasificada como G-1 golpeara el planeta. Mientras, el fenómeno fue presenciado por un grupo de turistas liderado por el guía Markus Varik, de la agencia de viajes de Noruega Greenlander.

El el propio guía informó que las auroras rosas aparecieron alrededor de las 18.00 y duraron unos dos minutos. “Fueron las auroras rosadas más fuertes que he visto en más de una década”, dijo el guía a Live Science.

Cómo se forman las auroras

El campo magnético de la Tierra es una burbuja compleja y dinámica que nos mantiene a salvo de la radiación cósmica y de las partículas cargadas transportadas por los poderosos vientos que provienen del Sol.

Pero este escudo protector es más débil en los polos, lo que hace que el viento solar se deslice por la atmósfera en una zona que suele estar entre 100 y 300 kilómetros de la superficie terrestre, donde se forman las auroras.

Cuando estas partículas chocan con átomos y moléculas, principalmente oxígeno y nitrógeno, en la atmósfera superior, parte de la energía de las colisiones se transforma en luz. Esta, sin embargo, suele ser de tonos verdes, ya que los átomos de oxígeno son más abundantes en esta parte de la atmósfera a la que llega normalmente el viento solar.

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