El aula invertida en educación superior: una oportunidad en tiempos de pandemia

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La pandemia ha conllevado cambios en el ámbito educativo y ha provocado la necesidad de reflexionar sobre diversas cuestiones como, por ejemplo, la presencialidad y las metodologías más adecuadas para el desarrollo de las acciones formativas asociadas a ella. La propuesta que se comparte aquí es una experiencia de aula invertida desarrollada en educación superior, analizando las percepciones de los estudiantes sobre su potencial comunicativo, instrumental y pedagógico.

La covid-19, pretexto de la enseñanza híbrida

La situación derivada de la covid-19 supuso, en un primer momento, la supresión de la presencialidad en las aulas y la necesidad de repensar, de un modo sobrevenido, los escenarios formativos. La tecnología se constituyó, de este modo, como eje imprescindible para seguir manteniendo las acciones educativas en todas las etapas.

A pesar de las variables económicas y sociales que condicionan su uso, no cabe duda de que su variedad y versatilidad ofrecen posibilidades casi ilimitadas para diseñar, implementar y evaluar procesos de enseñanza y aprendizaje permitiendo, por ejemplo, flexibilizar espacios y construir modelos híbridos.

Dar la vuelta a la clase

Ante el nuevo escenario, fue preciso implementar procesos alternativos que pusieran al estudiante en el centro del aprendizaje. La idea era diseñar propuestas atractivas que les permitieran acceder a la información y que se adaptaran al formato en línea o semipresencial.

Entre las distintas posibilidades, se seleccionó el aula invertida (Flipped Classroom), por su flexibilidad, estructura y organización. Se trata de una metodología en la que se invierten la organización y los roles de los agentes involucrados en el proceso de enseñanza–aprendizaje. El tratamiento del contenido más teórico se sitúa fuera del aula (asíncrono, facilitando el material para abordarlo, con vídeos, lecturas, podcast, etc.), quedando el tiempo de clase (síncrono) para el trabajo práctico (resolución de casos, trabajo grupal, proyectos, etc.).

Sus beneficios son los siguientes:

  1. El fomento de la autonomía del estudiante, siendo responsables de las tareas previas a realizar antes de las sesiones síncronas.

  2. El aumento de la motivación respecto al aprendizaje, vinculado a la variabilidad de los materiales para trabajar los contenidos, así como las propuestas didácticas para el trabajo en el aula.

  3. La adaptabilidad a diferentes ritmos, intereses y necesidades, pudiendo ofrecer diferentes recursos al alumnado de forma más personalizada.

  4. La eficiencia del tiempo de trabajo síncrono, orientado al “aprender haciendo” respecto a los contenidos trabajados.

  5. El incremento de la interacción y colaboración entre estudiantes durante el trabajo en clase, debido a las diferentes propuestas prácticas de aprendizaje.

Por tanto, el aula invertida supone una alternativa pedagógica interesante y enriquecedora, capaz de adaptarse (por su estructura y organización) a contextos presenciales, híbridos o a distancia, abarcando todos los posibles escenarios vividos durante la pandemia.

Una experiencia concreta

Estos principios se materializaron en una experiencia en la asignatura “Organización: Estrategias para la Acción Educativa en Contextos Diversos”, del primer curso del Grado en Pedagogía de la Universitat de València.

Los objetivos generales de la asignatura son poner en contacto a los estudiantes con los diferentes contextos donde pueden desarrollar su rol los profesionales de la pedagogía e identificar los elementos constitutivos de los contextos y las organizaciones para comprender su funcionamiento. Por este motivo, la experiencia se centró específicamente en los módulos de salidas profesionales en el ámbito de la salud y empresarial.

Concretamente, se proponía la visualización de una serie de recursos audiovisuales elaborados por parte del profesor y otros autores, que servían como contextualización teórica para la presentación del tema. El tema, además, se acompañaba de fuentes complementarias.

La sesión síncrona posterior comenzaba con un breve repaso de la contextualización teórica, asociándose una actividad práctica para el desarrollo de la consiguiente competencia (la técnica del Puzle de Aronson en el caso del ámbito de salud y la elaboración de un mapa conceptual en el caso del empresarial). En ambos, tras un tiempo para el trabajo grupal, se compartían los productos elaborados, finalizando la sesión con una reflexión grupal.

Preguntados los estudiantes por su percepción sobre la metodología, destacaban su potencial comunicativo (especialmente para la mejora de la comprensión de la información), instrumental (por su carácter flexible y adaptable a diferentes contenidos) y pedagógico (en especial, para el fomento del trabajo autónomo).

Algunas recomendaciones

Aunque el aula invertida supone una elección positiva en el contexto de la pandemia, es interesante que se tengan en cuenta ciertas pautas a la hora de implantar este modelo:

  1. Considerar el contexto formativo, sobre todo entre modelos presenciales, híbridos y de aprendizaje virtual. La forma de trabajar en clases virtuales difiere de la presencial en aulas físicas (organización, distribución, interacción, etc.), por lo que debemos considerar el tipo de práctica que se propone.

  2. Fomentar la creación de espacios personales de aprendizaje, siendo el alumnado quien, dependiendo de sus intereses, ritmo y necesidades, pueda acceder a múltiples recursos (de distinta índole) y recabar material para profundizar en los temas.

  3. Diseñar propuestas motivadoras, tanto en la creación y diseño de materiales para el trabajo fuera de clase como en el de las propuestas prácticas para realizar en el tiempo del aula.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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