Auf wiedersehen, Angela: el fin de la era Merkel

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Angela Merkel pronuncia un discurso en un acto de la CDU en Hamburgo, en 2018.  (Photo: Markus Schreiber via AP)
Angela Merkel pronuncia un discurso en un acto de la CDU en Hamburgo, en 2018. (Photo: Markus Schreiber via AP)

Esta es la historia de una física que aterrizó en la política tarde, con 35 años, una mujer ninguneada y subestimada, proveniente de la roja y despreciada RDA, “la niña” a la que colocaron como candidata de transición en la derecha alemana y que se convirtió en canciller, revalidando puesto elección tras elección, durante los últimos 16 años. Angela Merkel llegó para quedarse y se convirtió en la mujer más poderosa del mundo, la líder política más fuerte del siglo XXI. Su vacío, ahora que dice adiós, parece imposible de llenar, como reconocen hasta sus adversarios.

Se acumulan los adjetivos para definirla: “sólida”, “calmada”, “exitosa”, “sencilla”, “clara”, “inteligente”, con “enorme sentido público”. Los publican, negro sobre blanco, medios como Der Spiegelo el Frankfurter Allgemeine. No se ha dejado impresionar por el poder, se ha aferrado a un pragmatismo de hierro, ha lidiado con algunas de las peores crisis de las dos última décadas (de la económica del 2008 a la del coronavirus, pasando por la de los refugiados de 2015) y sigue haciendo, con su esposo, las faenas de su piso, el mismo de antes de llegar al cargo.

No sólo ha sido un pilar de estabilidad para su país, sino una fuerza aglutinante para su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), al que ha llevado por la senda del centro, siempre en función de las necesidades sociales, y para una Unión Europea donde cada vez es más complicado dar con liderazgos fuertes, capaces de sacar del atolladero negociaciones imposibles como la del futuro del euro y los rescates de países del sur.

La Merkel es esa mujer que se ha regido por una máxima: hay que hacer lo que hay que hacer. Y eso la ha llevado de ser carne de meme en España cuando exigía recortes y austeridad y, también, a ser admirada por su mano tendida a los refugiados o sus discursos virales contra la ultraderecha o por los valores esenciales de la democracia.

Su respuesta al choque económico fue un plan de estímulo de 200.000 millones de euros que fue apoyado por Merkel e implicó la aplicación de políticas de austeridad en los países europeos para poder liberar esta ayuda. Estados como España o Portugal se molestaron con la implementación de medidas de austeridad. La actitud de Merkel permite ver su compromiso con la Unión Europea y su recuperación como bloque.

Otro acontecimiento que puso a prueba a la canciller fue la crisis migratoria de 2015, cuando el conflicto en Siria se intensificó, sumándose a los de Afganistán e Irak; estos generaron más de un millón de inmigrantes y refugiados. Siendo Alemania uno de los países que mayor cantidad de refugiados recibió, Merkel sabía que su decisión iba a tener repercusiones complicadas. Frente a esto, intentó arrojar algo de luz al asunto mediante la frase “Wir schaffen das!” (¡Lo lograremos!).

Esta evolución, la de su país, su partido y su continente, desde su llegada al poder en 2005 la han seguido de cerca Raúl Gil Benito y Franco Delle Donne, autores de los podcast La canciller de las crisis y El fin de la era Merkel. “La canciller se veía como la malvada que dictaba desde Berlín lo que teníamos que hacer. Ahora, el sentimiento es contradictorio, se entiende que desde el punto de vista alemán, ella tomó las decisiones mirando a su territorio”, explica Delle Donne. Gil Benito asume que no se pueden olvidar “los hombres de negro que trajeron desigualdad, recortes y pobreza” a España, pero con el tiempo se ha transformado esa visión, porque ha triunfado su idea de que “si fracasa el euro, fracasa Europa”, en la que basaba su apuesta. Esa que ni sus colegas de Gobierno veían. Aunque fue duro, durísimo, es uno de esos logros que se le aplauden a Merkel estos días, el de salvar la unidad monetaria en la Unión.

El legado

Para Delle Donne, doctor en Comunicación por la Universidad Libre de Berlín, el legado principal de la canciller es triple: la modernización de su partido, la capacidad de generar una cultura política diferente y el ejemplo de liderazgo para las mujeres. “No se puede decir que hizo de un partido de derechas uno de izquierdas, eso sería simplificar las cosas. Merkel ha creado un partido de amplio centro, que le robó muchos votos a la socialdemocracia. Muchas de las cosas que ella llevó adelante tenían que ver con necesidades de una sociedad que ya estaba en ese lugar”, explica.

No es que ella estuviese “poniendo cosas de vanguardia en la agenda”, sino que sabía ver las necesidades y reclamaciones y buscarles solución, como al papel creciente de la mujer en el mundo laboral, las preocupaciones climáticas o los matrimonios homosexuales, cuya tramitación facilitó aunque ella misma acabara votando en contra. “Su partido se había quedado en los años 80 y lo llevó al siglo XXI, y eso permitió que, al menos durante los años en los que ella estuvo, sobreviva y no le pase como a otras centroderechas de casi todos los países europeos”, ahonda.

Su impronta ha sido también única, en Alemania y en Europa. El analista argentino destaca que sacó los pies del tiesto en un escenario “en el que el macho alfa domina la escena y genera poder a través de sus gestos”. Pone ejemplos que todos tenemos en mente: Donald Trump, Nicolás Sarkozy, Silvio Berlusconi. En estas llega Merkel, que por no cambiar no ha cambiado en 16 años ni de ropa ni de peinado, y se libera de todos estos gestos altaneros y accesorios y se centra en lo importante. “Soy una empleada del estado”, repetía.

“Ella es de una idea política muy diferente a eso, el método Merkel tiene una idea base: el pragmatismo a ultranza. Lo cual también te puede traer problemas, porque es importante tener visión y tener programa, un norte. Pero en su caso, ella decidió ir por el camino de “resolvamos los problemas que hay que resolver de la forma en que hay que resolverlos”. Y ahí volvemos a la crisis del euro. Incluso las decisiones que se podría decir que fueron emocionales también tuvieron una justificación pragmática, como los refugiados”, constata.

Para las mujeres, Merkel queda como un referente indiscutible hasta para las más chicas, dentro de los Cuentos de Buenas Noches para Niñas Rebeldes. Pocas han ocupado la portada de Time por cuestiones del calado de la germana. “Deja la idea de que una mujer puede llegar a dar el salto a la política a lo más alto, también en el plano internacional, en el plano que sea. Una mujer también puede estar ahí y ser la mejor o querer ser la mejor”, expresa Delle Donne. “Ahora nadie se ríe de una niña cuando dice que quiere ser canciller de grande”, dijo en un discurso, en el centenario del logro del voto femenino en Alemania. Una frase a la que se le puede dar la vuelta porque hoy hay una generación entera de niñas que no han visto un hombre como canciller y se preguntan si es posible.

Sólo recientemente se ha declarado feminista, pero defendía de hecho la igualdad. Gil Benito explica que en parte es un ejemplo de cómo la canciller ha ido escapando en estos años de “todo lo que podía suponer conflictos, que podrían dividir a la sociedad”. Le ha salido bien. Ahora mismo, al retirarse, “la satisfacción con su trabajo está en el 80%, menos del 20% de los alemanes piensan que es mala; es espectacular que se retire con esa valoración”, apunta. tan bien valorada está que, si no fallan los sondeos, va a ser sucedida por quien “que más se parece a ella, aunque sea del partido rival”, el candidato socialdemócrata, Olaf Scholz. “Eso es muy gráfico”, resume el comunicador español.

“Un rasgo importante de Merkel es que siempre huyó de la polarización, su estrategia de desmovilización asimétrica, esto es, de huir de posicionarse en cualquier tema que pudiera ser susceptible de polarizar y esperar a que todo el mundo se posicionase para, luego, argumentar”, añade. Lo explica como un valor, porque su capacidad de escuchar le ha permitido entender de veras qué piensan y qué quieren los ciudadanos.

Ambos coinciden en que ese legado merkeliano adolece de una “fragilidad importante”, porque va de la mano de su figura. Sin ella, se abre el abismo, porque nadie sabe qué puede pasar y no hay visos de que se pueda sostener lo construido por ella, no por personalismo, sino por convicción. Ya se están empezando a ver grietas, apuntan, como cuando mandos de la CDU avisan de que no puede haber otra “llegada masiva” de refugiados afganos, como la de sirios de hace seis años.

La (no evolución) de Angela Merkel, desde su llegada al poder en 2005.  (Photo: Markus Schreiber ASSOCIATED PRESS)
La (no evolución) de Angela Merkel, desde su llegada al poder en 2005. (Photo: Markus Schreiber ASSOCIATED PRESS)

Lo mejor, lo peor

Gil Benito destaca, por encima de políticas concretas, el aire diferente que ha aportado Merkel en estos años y que, por contraste, deja en evidencia a políticos de otras latitudes. “Como español, me gusta cuando interviene en el parlamento o en las sesiones de control, porque siempre tiene un gesto con sus contrincantes, o les acepta alguna propuesta, no va en general a hacer el zasca… Va a hablar a veces de valores y por eso sus intervenciones se han hecho virales. Siempre, salvo con la ultraderecha, con los que no hacen falta, ha tenido detalles. Esa cultura política puede morir con ella y eso da miedo, era un logro. Consenso, respeto y huida de los extremos. Todos, alguna vez, hemos querido tenerla de canciller. Espero que no se pierda eso”, reflexiona. El gran valor de Merkel se resume en: “ustedes me conocen, soy previsible, conmigo están tranquilos”.

Su compañero coincide con él en esa bondad y en sus “niveles razonables de intentar evitar la polarización, en no creer constantemente que hacer política es pelearte y decir que el otro es porquería”. Habla de “mantra” merkeliano, de una actitud perenne que evita decir que el de enfrente es un malvado que trabaja por el mal del país. Eso es “un enorme rasgo de liderazgo”, señala.

También tiene cosas malas una gestión de tantos años. Los analistas responden, desde el plano más personal, que ha tenido olvidos, en el plano social y en el de sucesión. “Merkel ha mirado para otro lado ante ciertos déficits y problemas grandes de Alemania, porque ha podido permitirse eso, porque le iba bien así y porque no hay grandes discusiones sobre esos temas, como ejemplo la precariedad y la desigualdad”, dice Gil.

Los ricos se han hecho más ricos y los pobres, más pobres, a lo largo de sus mandatos, hay ocho millones de personas tienen un minijob, “un empleo sin derechos”, y algo más uno de cada cinco berlineses, por ejemplo, viven con ayudas del estado para llegar a fin de mes. De fondo, los jubilados que recogen botellas para reciclar y completar su pensión. “Ella no ha sabido afrontar esas desigualdades, y tampoco sus socios durante ocho años, el SPD. Se ha instaurado el salario mínimo y se ha mejorado un poco, pero no basta con eso. Hay una estructura administrativa que petrifica la precariedad, el rastro que deja Merkel en sus 16 años en la locomotora económica de Europa es algo muy preocupante”, se lamenta.

Para Delle Donne, deja malparada a su formación, la CDU. “Le ha constado construir una estructura que no dependa exclusivamente de ella, por pensamiento y dirección. Ningún político puede sostener, a día de hoy, el centro que ella ha levantado. Ningún candidato puede conseguir el consenso que ella sabe conseguir, también a nivel europeo. Me parece una decepción que no haya podido construir una sucesión razonable dentro de su partido”, confiesa.

Deja la sensación, difícil de lidiar, de que “no hay nada que vaya a ser igual”, con lo que gusta la estabilidad al votante alemán. Dependiendo del camino que tome su partido, así puede virar también la UE, por lo que es un fallo de liderazgo que afecta a todo el continente. “Siempre, queriendo o no, ha opacado a cualquier figura que ha crecido dentro de su partido. Nadie sobrevive muy cerca de Merkel. Todo lo que se pone cerca de ella se marchita”, recuerda.

Angela Mekel y Pedro Sánchez pasean con sus respectivas parejas por Doñana. (Photo: LAURA LEON via Getty Images)
Angela Mekel y Pedro Sánchez pasean con sus respectivas parejas por Doñana. (Photo: LAURA LEON via Getty Images)

Europa se resiente

El “arte de la transición” ha fallado, coinciden, en la CDU y en la UE. Merkel, durante estos años, ha sido un “contrapeso” al llamado Grupo de Visegrado, esto es, los chicos malos del club comunitario: Eslovaquia, Hungría, Polonia y República Checa. La germana siempre se ha posicionado en contra de las normativas que han presentado y que vulneran los principios fundacionales de la Unión, hasta el punto de impulsar castigos.

Ahora, sin ella, con estos países plantando más cara a Bruselas, hará falta otra figura de peso y poder, pero el problema es que no se la ve. “Habrá una reconfiguración de ese escenario”, auguran. El francés Emmanuel Macron, su gran aliado en esta pelea, tiene elecciones el año que viene y nadie sabe si seguirá ahí para batallar, aparecen nuevos líderes como el italiano Mario Draghi pero que ni por asomo son Merkel en cuando a influencia y capacidad de forjar alianzas. “Ella tenía su método y ha construido muchas respuestas y consensos alrededor de determinadas ideas, no sé quién puede reemplazar eso, como cuando logró derrumbar esta idea de norte contra sur y aclarar que todos somos del club. ¿Esa visión solidaria de Europa se derrumba si ella? Depende del tipo de gobierno que se forme en Alemania”, confiesa Delle Donne.

Angela Merkel y otros líderes mundiales, ante Donald Trump, en el G.7 de 2018.  (Photo: Jesco Denzel via AP)
Angela Merkel y otros líderes mundiales, ante Donald Trump, en el G.7 de 2018. (Photo: Jesco Denzel via AP)

Ahora está por ver cuánto tiempo le queda al frente del país, porque las encuestas auguran un tripartito o, al menos, un bipartito, ante la imposibilidad de que nadie logre una mayoría absoluta. Esos procesos negociadores, en una Alemania donde se pactan Gobiernos en 200 folios, puede llevar meses y dar lugar a Merkel a pactar, por ejemplo, posturas importantes sobre defensa o inmigración a lo largo del otoño. “Los villancicos los canta de canciller”, bromean los podcasters.

Luego, vendrá la incertidumbre.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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