Audrey Chenu, de traficante a profesora modelo en las suburbios de París

Por Sarah BRETHES
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La profesora francesa de primaria Audrey Chenu posa el 29 de marzo de 2017 en la localidad de Bobigny, cerca de París

El juez que la envió a prisión a los 20 años dijo que era "irrecuperable". Ahora, a los 36, Audrey Chenu ha recorrido un largo periplo para borrar su pasado y convertirse en una profesora modelo en los suburbios de París.

"No soy ningún ejemplo. Mi historia demuestra simplemente cómo el destino se basa en pocas cosas, en mi caso, en la solidaridad y la amistad", dice la joven, vestida con chaqueta, con el pelo corto y un rostro travieso.

Para Chenu, todo es una "lucha", desde el "slam" y el boxeo que enseña a las mujeres de Sena Saint-Denis ?una región pobre del norte de París? hasta su defensa del feminismo y de los derechos LGBT, o su pasión por la pedagogía alternativa Freinet.

Su historia empezó con una adolescencia rota en una zona rural de Normandía (Francia), donde vivía con sus hermanos en una casa que escondía el drama de un padre psicótico.

A los 15 años fumó su primer porro y empezó a traficar para mantener "su consumo personal". Cuando la policía la detuvo por primera vez, tenía 19 años y movía 100 kilos de cannabis a la semana.

Después vinieron dos años de descenso a los infiernos en París. Primero, en un centro de detención en Versalles y después en la prisión de Fresnes, donde vivió la "inhumanidad" que le inoculó la violencia "como si fuera una carga viral".

Paradójicamente, también fue en la cárcel donde encontró su salvación gracias a otras presas, entre ellas una profesora de filosofía y una bailarina. Gracias a ellas, conoció la solidaridad, la escritura, el compromiso político, educativo y el deporte.

Aunque "el único futuro que les proponen a las mujeres encarceladas es ser peluquera, vendedora o agente administrativa", Audrey Chenu se las arregló para inscribirse en la facultad y estudiar sociología.

- Rap y Engels-

Leyendo a autores como Engels o Angela Davis, descubrió los textos del psiquiatra Boris Cyrulnik y su concepto de "resiliencia", que le dio la esperanza para vivir "una segunda vida".

Fue entonces cuando comenzó a escuchar y escribir rap con sus compañeras de prisión para "la rabia, la energía y la poesía".

Cuando salió de la cárcel, trabajó en talleres de escritura para adolescentes de un barrio marginal y tuvo una revelación. "Tengo que enseñar", se dijo. Pero su expediente judicial le impedía presentarse a una plaza de profesora.

Finalmente, logró que borraran sus antecedentes, obtuvo la plaza con buena nota y empezó a dar clases en las zonas más complicadas de Sena Saint-Denis.

Desde hace seis años, Chenu da clases en una escuela del barrio, llamada Karl Marx, donde aplica el método alternativo Freinet. En la entrada de la escuela ha hecho instalar sacos para practicar el "boxeo educativo" e "inscribir los valores en el cuerpo, sin discursos".

Chenu explica con orgullo que dos días por semana la cancha de fútbol, "siempre ocupada por chicos", está reservada a las mujeres.

"Tiene una personalidad fuerte y comprometida, es una profesora modelo", dice Véronique Decker, la directora de la escuela.

"Aquí las condiciones de vida pueden ser inhumanas. Tengo alumnos que duermen en sus coches, chicos muy jóvenes implicados en asuntos de delincuencia (...). A veces uno tiene la impresión de estar sosteniendo los muros para que esto no explote", reconoce Chenu.

Aunque sigue soñando con alcanzar la "excelencia" para estos niños "estigmatizados", cada vez es más pesimista. "Durante 15 años me encontré de todo en este territorio de 'parias'. Pero el ambiente ha cambiado, las divisiones entre comunidades han terminado ganando (...). No me voy a quedar mucho tiempo más", reconoce.

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