Al atardecer en Libia, dos aliados de EE.UU. se enfrentan

Samer Khalil Al-Atrush

(Bloomberg) -- El 26 de julio, el gobierno de Libia, reconocido a nivel internacional, anunció un descarado ataque aéreo a un hangar que alberga drones, desplegado en apoyo al comandante rival Jalifa Haftar. Un día después, sus fuerzas dijeron que habían tomado represalias con ataques contra una base militar y que bolas de fuego habían adornado el cielo nocturno.

Ninguna de las partes reconoció oficialmente el secreto peor guardado de la guerra civil del país del norte de África: mientras los oponentes llegan a un punto muerto en tierra firme, sus partidarios en Turquía y Emiratos Árabes Unidos (EAU) están involucrados en una campaña aérea donde han atacado mutuamente sus drones en un intento por determinar el futuro de Libia a su favor.

El ataque del gobierno de Trípoli a la base aérea de Al-Jufra fue llevado a cabo por un dron Bayraktar, propiedad y operado por Turquía, según dos diplomáticos occidentales y un funcionario libio, quienes hablaron bajo condición de anonimato. EAU contraatacó con drones Wing Loong de fabricación china, según los diplomáticos y un funcionario árabe, que apuntaron a drones Bayraktar ubicados en la ciudad costera de Misurata. Los ataques aéreos también han destruido tres aviones de carga ucranianos que abastecen a ambos lados.

Potencias regionales y europeas han competido por la influencia en el país rico en petróleo durante años, pero la ofensiva de Haftar para capturar la capital en abril provocó una escalada en la intervención extranjera que ha prolongado y profundizado el conflicto, dejando de lado los esfuerzos de las Naciones Unidas por buscar una paz negociada.

"El hecho de que estos actores locales puedan recurrir a facciones externas desincentiva que se unan a la mesa", dijo Frederic Wehrey, investigador principal del programa de Medio Oriente en el Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

EE.UU. indicó un apoyo tentativo para Haftar, cuya sede es en la ciudad oriental de Bengasi, una vez su asalto estaba en marcha y Francia ha apoyado silenciosamente a ambos lados. Pero en su mayoría, Washington, con prioridades más apremiantes en otros lugares del mundo, ha visto cómo algunos de sus aliados más importantes de Medio Oriente luchan por el dominio de un Estado de la OPEP que cuenta con las mayores reservas de petróleo de África.

Libia ha estado bajo un embargo de armas de la ONU desde 2011, cuando los rebeldes respaldados por la OTAN derrocaron a Muamar el Gadafi y el país se fracturó por luchas internas, creando un vacío de seguridad que permitió que florecieran yihadistas y contrabandistas de personas.

Pero las sanciones son de las menos aplicadas del mundo. La Operación Sophia de la Unión Europea, originalmente destinada a interceptar el tráfico de personas a través del Mediterráneo y que luego incluyó la prohibición de armas, tiene pocas posibilidades de interceptar envíos de armas.

Interés de Turquía

Oded Berkowitz, israelí analista de seguridad, dijo en una entrevista que había verificado a través de imágenes de código abierto el despliegue en Libia de sistemas de misiles tierra-aire de fabricación rusa Pantsir y varios tipos de vehículos blindados fabricados por Turquía y EAU.

En parte, intereses comerciales impulsan la participación de Ankara en la guerra. Con el tiempo, quiere reanudar los contratos de construcción en Libia por un valor aproximado de US$18.000 millones y reforzar su influencia estratégica en el Mediterráneo, con el ánimo de reclamar rápidamente los campos de petróleo y gas en alta mar, dijeron funcionarios turcos en entrevistas el mes pasado.

Pero Turquía, gobernada por el partido AK con raíces islamistas del presidente Recep Tayyip Erdogan, también tiene un interés político. Respalda a gobiernos y grupos en todo el Medio Oriente que son anatema para Egipto y EAU, los cuales se han propuesto sofocar el islam político.

Aliados fastidiosos

Tres funcionarios del gobierno turco y ejecutivos de Bayraktar, el fabricante de drones, se negaron a comentar sobre las acusaciones de envíos de armas a Libia. Sin embargo, Erdogan confirmó en junio, sin dar más detalles, que su administración proporcionaba equipos al gobierno del primer ministro Fayez al Sarraj, con sede en Trípoli.

EAU no respondió a solicitudes de comentarios. Pero en julio, el ministro de Estado de Relaciones Exteriores, Anwar Gargash, dijo que su país apoyaba el fin de las hostilidades y el regreso a un proceso político, informó Al-Arabiya.

En El Cairo y Abu Dabi, Haftar y su autodenominado Ejército Nacional Libio son considerados como aliados confiables, aunque fastidiosos, en la lucha contra los islamistas.

El exgeneral de 75 años de la era de Gadafi es percibido como un comandante obstinado que rara vez escucha los consejos que no le gustan. Sin embargo, desde su fortaleza oriental ayudó a asegurar la frontera de Libia con Egipto después de derrotar a los yihadistas que habían invadido varias ciudades y ejecutado ataques transfronterizos.

Si bien Haftar controla la fuerza militar preeminente de Libia, muchos partidarios pronosticaron que se le dificultaría tomar Trípoli. Egipto, Francia y EE.UU. intentaron disuadirlo, según diplomáticos con conocimiento directo de los acontecimientos. Él ordenó la avanzada de todos modos mientras el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres, estaba en Libia para prepararse para una conferencia de reconciliación nacional.

Un asesor de Haftar, que domina la mayoría de los campos petroleros de Libia, dijo que el general decidió seguir adelante con la ofensiva porque no creía que el gobierno de Sarraj en Trípoli honraría un acuerdo de poder compartido que habían estado negociando.

La toma de Trípoli lo ubicaría en una mejor posición para controlar las palancas financieras del país, especialmente el banco central y National Oil Corp., que Haftar admite tiene jurisdicción exclusiva sobre la exportación de crudo, el salvavidas económico de Libia.

Perspectiva alarmante

Sus fuerzas permanecen estancadas en las puertas de la capital, con un aumento en bajas y poco más que mostrar en términos de ofensiva. Incluso, el dominio de Haftar sobre el este podría debilitarse, una perspectiva alarmante para sus aliados y EE.UU.

Washington quiere "una humillación máxima para el Ejército Nacional Libio pero no su destrucción, porque la realidad es que quieren que algún tipo de actor militar tenga el monopolio de la violencia o alguna forma de control sobre la región oriental", dijo Emad Badi, miembro no residente de Instituto del Medio Oriente.

El mayor revés de Haftar fue a fines de junio. Había construido una base de operaciones avanzadas en Garian, a 100 kilómetros al sur de Trípoli, que se pensaba era inexpugnable. Fuerzas leales a Sarraj, respaldadas por los drones de Turquía, arrasaron la ciudad en un día. El Ejército Nacional Libio respondió amenazando con atacar los drones turcos. También reunió a varios ciudadanos del país que vivían en el este de Libia, solo para liberarlos tras los anuncios de represalias por parte de Ankara.

Equipo francés

El Ejército Nacional Libio dejó un tesoro de armas en Garian, lo que resalta hasta qué punto la guerra se ha convertido en un conflicto regional. Las fotografías publicadas por el gobierno de Trípoli mostraban drones de vigilancia Yabhon fabricados en EAU, misiles guiados chinos y misiles antitanque Javelin de EE.UU. abandonados por agentes franceses.

El gobierno de Sarraj disputó las afirmaciones de París de que los misiles Javelin eran inoperables y que pertenecían a un equipo francés de lucha contra el terrorismo, argumentando que mostraban el apoyo militar que Francia brindaba a Haftar.

El creciente número de muertes (el conflicto ha cobrado la vida de más de mil personas) y el estancamiento han aumentado la presión sobre Haftar. La ONU negoció una tregua temporal durante los feriados musulmanes de Eid al Adha este mes, y una agrupación de países que incluye a EE.UU. pidió un cese al fuego y conversaciones más duraderos. EAU estuvo de acuerdo.

Planes de paz

Egipto también ha respaldado un cese al fuego, pero bajo una línea más favorable para sus aliados en el este. Diplomáticos árabes y occidentales directamente involucrados en las conversaciones dicen que los patrocinadores internacionales de ambas partes quieren poner fin al conflicto, ya que queda claro que ninguna parte puede ganar fácilmente.

"Muchos observadores militares, incluso en países predispuestos de este u otro lado, llegaron a la conclusión de que es algo que no será concluyente de ninguna manera", dijo el enviado especial de la ONU a Libia, Ghassan Salamé, en una entrevista. "Perdimos cuatro meses porque los libios creían que podían ganar mañana, pero ahora son más realistas".

Nota original:When the Sun Sets in Libya, Two U.S. Allies Get Down to War

--Con la colaboración de Selcan Hacaoglu, Samuel Dodge y Zainab Fattah.

Reportero en la nota original: Samer Khalil Al-Atrush en Cairo, skhalilalatr@bloomberg.net

Editoras responsables de la nota original: Lin Noueihed, lnoueihed@bloomberg.net, Mark Williams

For more articles like this, please visit us at bloomberg.com

©2019 Bloomberg L.P.