La asignatura pendiente de los coles: menos coches y más seguridad

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La organización Revuelta Escolar convocó una manifestación en la Plaza de Cibeles para reivindicar la necesidad de entornos escolares pacificados y seguros. (Photo: LUCA PIERGIOVANNI / EFE)
La organización Revuelta Escolar convocó una manifestación en la Plaza de Cibeles para reivindicar la necesidad de entornos escolares pacificados y seguros. (Photo: LUCA PIERGIOVANNI / EFE)

El jueves de la pasada semana se producía el atropello mortal de una niña de 6 años a las puertas de un colegio de Madrid. El trágico suceso volvió a poner en el foco del debate las demandas de mejoras sobre seguridad vial en entornos de centros educativos, con una concentración en la Plaza de Cibeles, ante la sede del Ayuntamiento. Pero ni la protesta era novedosa, ni las exigencias acababan de surgir como por arte de magia.

La preocupación de padres y madres en relación a este y otros asuntos que conciernen a sus hijos dio alas hace casi dos años a un movimiento que, desde diciembre de 2020, viene reclamando algo tan sencillo como que los más pequeños puedan ir y regresar de clase sin poner en riesgo sus vidas por los vehículos, o sin tener que respirar los gases nocivos que provoca el tráfico incesante en las ciudades. Detrás de aquella pancarta, y de un enorme trabajo que ya ha probado su músculo asociativo, se encuentra Revuelta Escolar.

Las cifras hablan por sí solas: en total, más de un centenar de centros escolares se han movilizado en 17 urbes españolas gracias a los distintos colectivos parentales del movimiento, que se fraguó en Barcelona bajo el lema de ¡Por unos entornos escolares seguros y pacificados! No obstante, Revuelta Escolar no es una plataforma más al uso. Hasta que llegó la pandemia había logrado llevar a cabo, de forma coordinada el viernes de cada primer mes, iniciativas y actividades que van más allá de una mera concentración.

Imagen de una de las actividades de Revuelta Escolar, en Madrid. (Photo: Revuelta Escolar / Cedida)
Imagen de una de las actividades de Revuelta Escolar, en Madrid. (Photo: Revuelta Escolar / Cedida)

“Hemos tenido experiencias desagradables, de salvar por los pelos a chavales”, comenta Corita Guisado, una de las madres que integra la Revuelta Escolar y cuyos hijos acuden al colegio Menéndez Pelayo, afectado por el flujo de tráfico de la madrileña zona de Atocha. Cansada de constantes frenazos en el último momento a 40 centímetros de los alumnos, de líneas de taxis ocupando la vía, de las humaredas de coches aparcados en doble fila y estrechas aceras, esta progenitora detalla las claves del movimiento al que se adhirió el colegio.

Desde la red de centros han venido realizado “protestas desde un punto de vista lúdico afectivo”, en los que el alumnado es el protagonista. Así, comenzaron a poner en marcha actividades que iban desde cuentacuentos, batucadas a exhibiciones deportivas, con el objetivo de involucrar a los pequeños, ya que al fin al cabo, “el espacio es para ellos”. Para Guisado, la clave del éxito del movimiento radica en que contaban con una asociación reivindicativa en contacto con otras similares. La experiencia de lo logrado en Barcelona fue lo que prendió la mecha.

Somos muchas las familias que no queremos renunciar a poder vivir a gusto en una ciudad, que no sean grandes autopistas urbanasCorita Guisado, integrante de Revuelta Escolar

“Somos muchas las familias que no queremos renunciar a poder vivir a gusto en una ciudad, que no sean grandes autopistas urbanas”, añade, recordando que también “nos hemos acostumbrado a encerrar a nuestros hijos en parquecitos”.

En su caso, la lucha ha tenido como resultado alguna actuación puntual, como la ampliación de una acera en la entrada de la zona de infantil. Eso sí, apunta que duró lo justo, ya que después fue ocupada por la ampliación de la terraza de un establecimiento en el marco de medidas adoptadas para apoyar al sector en la pandemia.

“Salud, seguridad y autonomía de los pequeños”

Como ella, Yetta Aguado se unió a la Revuelta en cuanto tuvo noticias de su existencia junto a otras activistas de Madres por el clima. “Nos sacudió y nos provocó la necesidad de volver a salir a las calles y a organizarnos. Era un formato replicable, sencillo y viable también en Madrid”, explica.

Para este grupo de madres, cansadas de sentirse impotentes frente a la destrucción del planeta, las demandas de ambos movimientos eran compartidas. “En Madres por el clima lo que intentamos es dar voz y espacio a nuestros hijos en una defensa por su futuro”, reivindica. “En cuestión de horas creamos un grupo de WhatsApp y la respuesta fue abrumadora, una avalancha”, recuerda.

“A partir de entonces empezamos a establecer contacto con toda la red de movimientos ecologistas y asociaciones vecinales. Entramos poco a poco en ese tejido que se fue consolidando”, señala. De este modo toparon con la Revuelta, cuyas peticiones, vertebradas en tres principales ejes, recogían también las suyas: “Salud, seguridad y autonomía de los pequeños”, enumera. “Menos coches, menos contaminación y menos ruido”.

Menos coches, menos contaminación y menos ruidoYetta Aguado, activista de Madres por el clima y Revuelta Escolar.

Ahora, tras el parón obligado por el coronavirus, las movilizaciones han vuelto a las calles. “Los niveles de contaminación bajaron y, por ello, no podemos dejar pasar esta oportunidad para regresar tan rápido a lo de antes”, recalca. “Además, en esta situación observamos cómo, por ejemplo, con el propio virus las aulas se mantienen más tiempo abiertas, por lo que la contaminación del exterior entra más en la clase”, expone.

Entre sus principales reclamos está el cierre al tráfico de las calles donde se encuentren los colegios en las horas de entrada y salida de los menores. “Aunque si pudieran ser peatonales, claro, sería mucho mejor”, reconoce la activista. “Existe marco normativo para hacerlo y entendemos que podría extenderse a más centros como ocurre en Londres”, apunta.

Gracias a esta iniciativa que paraliza el acceso de vehículos en los alrededores de 350 colegios, en la capital inglesa se ha demostrado que la contaminación ha bajado un 23%. “Además cuenta con una grandísima aceptación por parte de las familias”, añade Aguado. “Es parecido al tabaco. En España hace unos años parecía inconcebible que no se pudiera fumar en bares y restaurantes. Era una medida impopular, que tenía un alto coste político y que, finalmente, se hizo y fue muy respaldada”, asevera.

Plan integral en las ciudades

Para que funcione, eso sí, asegura que esta ha de ir acompañada de un plan integral en la ciudad que incorpore esta necesidad como una prioridad. “Para ello habrá de mejorar el transporte público, deberán reforzarse los puestos de bicis en zonas próximas a los centros educativos, y tendrá que haber un cambio de chip”, sostiene.

Desde el Ayuntamiento de Madrid observan avances. “Nos costó dar con un interlocutor, pero a día de hoy hay más receptividad y se están dando pasos”, afirma. “Aunque la tragedia es que tengan que suceder cosas como lo que ocurrió la pasada semana para que de verdad se eche el resto”, reconoce.

Desde Ecologistas en Acción ​​recuerdan que más de mil millones de niñas y niños están expuestos en el mundo a niveles de contaminación atmosférica perjudiciales para su salud llegando a causarles la muerte. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2016 murieron 600.000 menores por infecciones respiratorias relacionadas con la contaminación del aire.

En 2016 murieron 600.000 menores por infecciones respiratorias relacionadas con la contaminación del aireOMS.

“Su mala calidad atrofia el crecimiento de los pulmones y empeora las enfermedades crónicas como el asma, las enfermedades pulmonares y cardíacas”, detalla el organismo.” Además, el aire tóxico daña las células cerebrales y puede perjudicar la capacidad de aprendizaje, incluso antes de nacer”.

Los coches de gasóleo y gasolina contribuyen en gran medida a ello. Viajar al colegio en coche pone a los niños y niñas en riesgo de exponerse a altos niveles de contaminación en el interior de los vehículos, mientras que las emisiones empeoran las condiciones locales de calidad del aire. “Solo en Barcelona, los niños respiran el 20% de los contaminantes atmosféricos diarios de camino al colegio”, recuerdan desde Ecologistas.

La situación es aún peor en los alrededores de las escuelas, donde los niños y niñas se concentran al principio y al final del día. Según una investigación de HEAL, se detectó dióxido de nitrógeno (NO2), un contaminante cuya principal fuente en las ciudades europeas es el tráfico rodado, en el interior de 50 escuelas primarias de Varsovia, Berlín, Londres, París, Madrid y Sofía. En algunas aulas, las concentraciones de NO2 se acercaban al límite legal anual de la UE y al valor guía de la OMS de 40 µg/m³. Unos datos que hacen crucial imponer límites estrictos al tráfico y a los coches que circulan alrededor de los colegios.

“Aumentar el número de entornos escolares sin tráfico es extremadamente importante si los ayuntamientos se toman en serio la necesidad de abordar los peligrosos niveles de congestión del tráfico y mejorar la calidad del aire”, manifiestan.

Las protestas de Revuelta Escolar se realizan con un enfoque lúdico y afectivo para hacer partícipes a los pequeños alumnos. (Photo: Revuelta Escolar / Cedida)
Las protestas de Revuelta Escolar se realizan con un enfoque lúdico y afectivo para hacer partícipes a los pequeños alumnos. (Photo: Revuelta Escolar / Cedida)

El laberinto de la Administración “es tremendo”

Sobre la problemática de elevar peticiones a distintas administraciones sabe mucho María Alonso Peinado. Esta madre de dos pequeños del colegio Luis Cernuda, en el distrito madrileño de Hortaleza, es la prueba de que el problema de seguridad vial no se acaba en la M30. Alonso Peinado defiende que es necesario que se establezca una vía directa entre los grupos de trabajo y áreas del Ayuntamientos, así como con las Juntas de Distrito para poder agilizar la materialización de actuaciones. “El laberinto [de la Administración] es tremendo”, reconoce.

En este sentido, asegura que lo quieren no es “que cada Distrito parchee, queremos un estudio a gran escala desde el Ayuntamiento y Medio Ambiente”. Por ello relata problemáticas duras de centros como la del Juan Saravuelta, donde tienen una cementera al lado y deben capear los problemas de tráfico que les generan el ir y venir de camiones. Por fin han conseguido que en un terreno municipal vaya a realizarse un proyecto para crear un parque.

De hecho, hay más pruebas de que la insistencia da resultados. También han logrado que se aprueben peticiones para que en un solar cercano a su colegio se cree un parque y un huerto comunitario. Alonso reconoce que no ha sido fácil y que ha pesado la presión de la “masa social” que conforman los padres. “Somos el último reducto”, resuelve, precisando que hay que ir más allá y debe ser un “cambio de paradigma de la ciudad”.

El accidente nos partió el almaMaría Alonso Peinado, integrante de Revuelta Escolar

Y es que la ciudad debe cambiar para que no se produzcan tragedias como la de colegio Fomento Montealto. Esta progenitora recuerda muy bien cómo aterrizó en la comunidad el accidente de la pasada semana. “Se nos partió el alma”, señala, anotando que al día siguiente tenían preparado un concurso de disfraces en el marco de sus periódicas actividades.

“Cuando pasó esto hicimos una lluvia de ideas y nos dijimos ‘no podemos hacer nada’”, rememora sobre decisión que les llevó a manifestarse en Cibeles, donde sus reivindicaciones cobraron aún mayor visibilidad. En algunos colegios también se realizaron sentadas y asambleas para explicarle los cambios de planes y la situación a los jóvenes.

Quizá esa sea la primera y gran victoria de Revuelta Escolar: demostrar a pequeños y mayores que un cambio en las ciudades es posible.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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