A ver si aprendo a no contestar a los trolls.

¿Quién me manda a mí responder a los trolls? ¿Quién? Mirad que intento no hacerles caso, cerrar los ojos y el corazón. Hacer como si no. Como si no existieran, como si no estuvieran, como si no fueran unos amargados y amargadas, tristes, agrios y agrias. Avinagrados.

Pero a veces se me escapa.

Y yo, tan feliz, compartiendo portada.

Compartí yo, tan feliz, esta portada. Oye, que tampoco sale una en primera página todos los meses -bueno, otras sí, yo no, gracias al cielo-. La verdad es que no me veía especialmente favorecida. Pero lo importante es la sonrisa, ¿no?

Y llegaron los tristes. Que si vaya pasote de photoshop y eso.

Pues mira, no.

Ahí tenéis el plano corto.

Haberlas, haylas -arrugas-. Claro.

Tengo 45 años. Me cuido. Pero la edad es la edad. Y las arrugas están ahí. Y el inicio de la flacidez. Y, vamos, todo lo que se asocia a cumplir años.

Y sí, llevo tremenda capa de maquillaje. La sesión la hicimos en las instalaciones de Mediaset, un día a las 9 de la mañana, después de pasar por chapa y pintura para el informativo.

Pero, por si había dudas, me quité el maquillaje y me hice esta otra foto, un selfie con el móvil.

 

Aunque los trolls nunca están contentos. El odiador es más odiador si ve que no tiene razón. Así que, a pesar de ese primerísimo primer plano sin maquillaje y sin filtros posteriores, resulta que tengo la frente sospechosamente lisa. Pues claro, almas de cántaro, porque no estaba moviendo ningún músculo de la cara.

Para otra vez, a ver si aprendo. Ignora a los trolls. Nunca tienen suficiente carnaza.