Así planeó Granados la venganza perfecta contra el PP

 

El exconsejero madrileño Francisco Granados. EFE/Archivo

Dos años y medio en prisión y otros tantos más en el ojo del huracán han permitido a Francisco Granados orquestar su venganza perfecta. En tiempo, en forma y en número de víctimas. Pocos en el Partido Popular pensaban que la historia del ex número dos de Esperanza Aguirre fuera a acabar de esta manera. Hablamos primero de su imputación. Él mismo, y sus excompañeros de partidos, visitaban platós de televisión criticando la corrupción de los dirigentes populares que ya habían sido pillados. Hablamos de principios de década. Cuando el propio Granados peleaba por González por ser el número dos del PP en Madrid. Incluso confiaba algún día en ser el sucesor de Aguirre y acceder a la presidencia de Madrid.

Pero Aguirre optó por Ignacio González. Cundió la desilusión en Granados, pero el premio de consolación no era malo, colocarlo en la lista para el Senado.

Años más tarde llegó la imputación. De aquella el entramado del ‘caso Púnica’ estaba libre de culpa y era una piña. Todos se protegían los unos a los otros. Después llegó la detención. El primero en caer fue Granados. Al igual que con Bárcenas y el ‘sé fuerte’, desde el partido lamentaban lo sucedido, pero confiaban en que fuera un cortafuegos perfecto. Él también pensaba que sería una condena menor y que pronto saldría a la calle.

Pero según los jueces tiraban del hilo, la cosa se iba complicando. Y en esas llegó la segunda estocada para Granados. Su exjefa Aguirre no solo había aupado a Ignacio González hasta la presidencia de la Comunidad de Madrid sino que dejó de dar la cara por él. La frase exacta fue: “Granados ya había perdido mi confianza hace tiempo”.

Granados parecía ser la única manzana podrida del PP madrileño. Se estaba comiendo todo el marrón. De hecho, el resto del partido cerró filas hasta el punto de convencer al que fuera amigo personal de Granados, David Marjaliza, para traicionarle. Y así fue. El presunto “conseguidor” de la Púnica declaró en el primer juicio de este caso de corrupción que el exconsejero madrileño Francisco Granados le dijo que destruyera documentos de la red tras recibir un soplo de que les estaban investigando y le instó a quemarlos “un día de niebla”.

La consigna fue aplicada con disciplina marcial. Fue señalado como el presunto líder de la trama de corrupción ‘Púnica’, así se intentaba borrar cualquier sombra de sospecha. El resto del partido se alineó detrás de Aguirre. Desde González hasta la presidenta del PP de Madrid, Cristina Cifuentes, pasando por el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ministros, barones territoriales… 

Luego Ignacio González acabaría en prisión y todo el entorno de Aguirre acabó investigado, pero eso no compensaba a Granados por todo el sufrimiento y dolor recibido. Así que empezó a organizar su venganza.

Y esta ha empezado a llevarse a cabo esta semana. Y no ha sido una fecha al azar. El cambio de declaración judicial de Granados ante el juez se ha producido la misma semana que Rajoy se ha reunido con sus barones para hablar de financiación y departir en primera persona con él y con la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro. El revuelo ha sido de órdago. El día en que los barones se hacen la foto con Rajoy, el titular es el de la corrupción. Este primer intento del presidente del Gobierno de tomar impulso tras el desastre electoral en Cataluña ha salido malparado.

Granados, además, también ha salpicado del todo a Esperanza Aguirre, de quien se asegura que no acabará el mes sin estar imputada. En su declaración ha acusado al partido de financiar de manera irregular sus campañas electorales de 2007 y 2011 y a Ignacio González, vicepresidente madrileño con Aguirre entre 2003 y 2012, como la persona que controlaba estos actos electorales. Y para completar la lista, Granados ha señalado que Cristina Cifuentes, secretaria territorial del partido esos años, también controló esos actos fraudulentos.

Así pues, los tres últimos presidentes regionales, el cargo con el que siempre soñó Granados, señalados por corrupción.

Como guinda para justificar esas acusaciones, Granados desveló el idilio secreto entre González y Granados. El daño es doble. No sólo personal, porque ambos están casados y con hijos, sino también penal al dar a entender que su relación era tan estrecha que ambos incurrieron en los supuestos delitos señalados.

Y ya puestos a poner el ventilador y ‘cantarlo’ todo, Granados, ha negado estar detrás de la adjudicación de las obras del Metro Ligero a Boadilla del Monte de las que le acusan de cobrar comisiones ilegales, y ha apuntado directamente a la actual ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, quien le sustituyó a finales de 2004 al frente de la Consejería de Transportes de la Comunidad de Madrid. Este ataque no es menor ya que significa inculpar a una ministra sino implicar también a la secretaria general del partido. Por lo que la cuadratura del círculo corrupto del PP quedaría cerrada a ojos de Granado. Una venganza bien orquestada ya que la Audiencia ha reconocido ver indicios de veracidad en lo confesado por Granados. Así que la investigación irá a más.


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