Así le declaran la guerra las ciudades a los sin techo: haciendo casi imposible que puedan dormir en la calle

Son solo siete palabras las que usa la Real Academia Española (RAE) para definir la aporofobia, pero lo cierto es que no hacen falta más. Es la fobia a las personas pobres o desfavorecidas. Y es que en las sociedades consumistas en las que vivimos hoy en día proliferan personas sin recursos, incapaces de mantenerse en unas urbes en las que nada resulta barato y que suelen sufrir el rechazo de los demás residentes y las autoridades, que intentan dificultar su día a día.

Un ejemplo muy claro es San Francisco, hogar de algunas de las empresas más poderosas del mundo y una de las ciudades más prósperas del mundo, pero a la vez, una localidad en la que más de 10.000 personas no tienen hogar. Las mansiones y los coches de alta cilindrada contrastan con las tiendas de campaña improvisadas en medio de la calle.

Personas sin hogar en San Francisco (AP Photo/Jeff Chiu)

Desde hace algunos años, este ha sido uno de los principales problemas que ha tenido que enfrentar la urbe californiana y la convivencia entre los residentes ha sido bastante compleja. El último ejemplo se acaba de conocer recientemente. Los vecinos de Clinton Park han colocado gigantescas piedras en las calles del barrio para evitar que los sin techo puedan dormir en sus avenidas. Una decisión que ha provocado una auténtica guerra civil.

Algunos de los residentes hicieron una colecta para este propósito que salió adelante. Argumentaban que “los sin techo tenían cuchillos y pistolas, se peleaban entre ellos y despertaban a los vecinos”. Las llamadas a la policía habían sido infructuosas y así pensaron que se acabaría el problema.

Pero esta medida no sentó bien a muchos otros vecinos, que consideraban que el plan era muy hostil para la gente sin hogar. Así,movieron las rocas, que estorbaban el paso, y las empujaron hasta la carretera, lo que suponía un peligro para el tráfico. Esto obligó a las autoridades a intervenir.

El tira y afloja continuó durante varios días, mientras que los residentes que habían colocado las piedras denunciaban que estaban siendo acosados por los activistas. Y es que más de uno recordó que habría sido mucho más inteligente donar el dinero para la construcción de albergues para indigentes, en lugar de para bloquear el paso con piedras. Las autoridades han decidido retirarlas, aunque se muestran abiertos a hablar con los vecinos sobre otras formas de bloquear los campamentos de los sin techo.

Una práctica común

No es la primera vez que San Francisco le declara la guerra a las personas sin hogar, ya que en 2015 la Archidiócesis Católica Romana de la ciudad instaló aspersores para evitar que acamparan en sus puertas. Ya en los 90, las autoridades retiraron varios bancos públicos en una plaza cercana para hacer imposible el descanso.

Esta última no es una práctica exclusiva de la urbe californiana, sino que cada vez está más presente en las grandes ciudades. Consiste en convertir el mobiliario urbano en lugares incómodos para el descanso y evitar así la presencia de los sin techo.

Una persona sin hogar duerme en la calle, en Madrid (AP Photo/Andres Kudacki)

Así, las jardineras suelen tener pinchos, han sido rellenadas con cemento o con varillas metálicas, para impedir que nadie las utilice. Exactamente lo mismo ocurre con los bancos, que suelen estar divididos para que ninguna persona se pueda tumbar, adolecen de respaldo o brazos o incluso están inclinados. Madrid es un ejemplo, pero evidentemente no es el único.

Un caso sonado se produjo también en 2014 en Londres cuando una comunidad de vecinos instaló 16 púas metálicas para librarse de una persona que dormía en el suelo. Las muestras de indignación fueron abundantes y se generó una honda polémica, pero lo cierto es que cada vez más las grandes urbe utilizan más elementos disuasorios. El paso de los años también está haciendo que las sociedades se vuelvan menos tolerantes y que estas personas sin hogar estén cada vez sean más rechazadas por la sociedad.