Arrimadas, la 'apagafuegos' que cubre los volantazos de su jefe

Asier Martiarena
La portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas.  (Photo by Eduardo Parra/Getty Images)
Inés Arrimadas ha asumido la portavocía de Ciudadanos cuando el partido atraviesa la mayor de sus crisis. (Photo by Eduardo Parra/Getty Images)

Llegó a Madrid con un currículum impoluto. Tras recoger el testigo de Albert Rivera en Cataluña, cuando éste extendió la marca Ciudadanos a todo el país, rompió récords llegando, incluso, a ganar las elecciones a la Generalitat. Fue en diciembre de 2017 cuando Inés Arrimadas planteó una oposición implacable frente al nacionalismo catalán y cuando capitalizó la mayor parte del voto útil del constitucionalismo ganando en votos y escaños en aquellos comicios. Superar el 25% del voto, rebasar el millón de apoyos y obtener 37 diputados le permitió tener voz y mando en su partido para alternarse el foco mediático con un Albert Rivera que no daba abasto para cubrir todos los frentes.

Después decidió no quemarse en balde con un independentismo que, sumando fuerzas, tenía la mayoría parlamentaria en el Parlament. Por no hacer, ni siquiera se presentó a una investidura. Para qué. ¿Si le había ido bien como freno al independentismo para qué cambiar? Y así lo hizo. Exhibió su victoria electoral para reinar en la oposición y esperó su momento de dar el salto. Cataluña se le quedaba pequeña.

Subidos a la ola del 8-M, en Ciudadanos comenzó a tomar forma la idea de que una mujer sucediera tarde o temprano a Albert Rivera. Teniendo en cuenta la cortísima lista de dirigentes naranjas con proyección, Arrimadas era la elegida. Así saltó a Madrid en las últimas elecciones generales, con tremendo apoyo mediático de los medios de corte conservador quienes ensalzaban su presencia y solvencia por encima de la de Albert Rivera. Pero este le tenía preparado un regalo envenenado. Ser portavoz de Ciudadanos en el Congreso.

El problema es que ya han pasado dos meses y no hay Gobierno, ni investidura... ni plenos en la Cámara Baja. Así que Arrimadas está ejerciendo de portavoz de Ciudadanos en general. Y justo en este momento el partido naranja se ha visto envuelto en la mayor de sus crisis. Con un partido dividido por el 'no' a Sánchez y la abstención, y por su acercamiento a la ultraderecha de Vox. Arrimadas está haciendo frente a las dimisiones de su Ejecutiva y a las críticas internas... y a los volantazos de su jefe.

Porque Arrimadas tuvo que dar la cara por orden de Rivera para apercibir con cariño a Manuel Valls 24 horas después de su expulsión por favorecer la investidura de Ada Colau en Barcelona.

Lo mismo ocurrió con sentarse a negociar con Vox. Mientras le ordenaban salir a la palestra para negarlo, se hacían públicos documentos que lo certificaban.

Total, que de posicionarse como el relevo de Rivera ha pasado a ser la bombera de Ciudadanos. Un cargo poco agradecido por el que es más fácil quemarse que revalorizarse. Porque, ser portavoz del partido te impide tener voz propia. Tienes que cumplir a pies juntillas con lo que se dictamina desde la dirección. Arrimadas no lo sabía, pero ha ligado su futuro al de Rivera.

Si él acierta, ella también, pero a ver quién le convence a Rivera para dejar el cargo.

Y si fracasa, ella también. Ya se ha posicionado demasiado en contra de las voces discordantes y centristas del partido. Ciudadanos ya puede preparar otro relevo, porque Arrimadas se ha quemado en apenas dos meses.