Aran Aznar y cómo tras 'Supervivientes' no es oro todo lo que reluce

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A menudo, en televisión nos encontramos con personas que aspiran a ser famosas. Gente anónima que entra en un reality y rompe a llorar, porque siempre ha sido ese su sueño. Muchos creerán que si metes cabeza en un formato de convivencia donde todo se ve y se oye tu vida económica estará asegurada durante los próximos años, pero esto no es así en absoluto. Y prueba de ello es el testimonio de Aran Aznar, de Supervivientes 2014, que este fin de semana se ha abierto en canal en Ya es verano.

Imágenes promocionales de Supervivientes 2014 (archivo, cortesía de Mediaset)
Imágenes promocionales de Supervivientes 2014 (archivo, cortesía de Mediaset)

Cuando se fue como concursante de este formato hace ya ocho años, junto a Bibiana Fernández, Oriana Marzoli o Rafa Lomana, entre tantos otros, Aran era una mujer bastante desconocida. Pertenecía a ese perfil de Supervivientes (o concursos similares) en la que la única percha de la fama es el apellido, la familia. En su caso, era una sobrina de José María Aznar, expresidente del Gobierno, y había trabajado como comercial, azafata, administradora de una agencia de eventos o relaciones públicas, pero no era una celebridad conocida por todos, ni mucho menos. Ella fue a Supervivientes dispuesta a ganar, según sus primeras declaraciones de aquel momento, pero fue la cuarta expulsada tras 22 días de competición.

Ocho años después, sin embargo, su vida no está llena de vino y rosas precisamente. En el plató de Ya es verano realizó una llamada de socorro, y expuso que está a punto de ser desahuciada. Una situación complicada de la que no estaría al tanto ni buena parte de su familia, y que la va a llevar a abandonar la casa en la que vive de alquiler con su hija, de 24 años. A sus 48, Aran está desempleada y solo recibe un subsidio por su condición de mujer maltratada. “Cuando salí del reality monté una empresa de eventos, pero no me fue bien y desde entonces estoy sin trabajo y sin recursos”, se lamentaba.

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Dejaba así claro que en la televisión se puede ganar un buen dinero con relativa facilidad, pero que tal como viene se puede ir. Para ella, perder ese anonimato que gozaba previamente no ha significado una colección de contratos, de colaboraciones y de trabajos de lo más variado. De hecho, ni siquiera ha tenido la suerte de otros compañeros de saltar a otros programas de convivencia, como Gran Hermano VIP o La Casa Fuerte. De hecho, contó que su intención original era entrar en el Gran Hermano de toda la vida, el de anónimos, pero no se lo permitieron porque sabían que era cuestión de tiempo que se conociese su árbol familiar. Pasó por Cámbiame y algún espacio más de forma puntual, pero poca cosa. Hace unas semanas, con tal de ganar algo de dinero, probó suerte (como anónima) en Alta Tensión, de Cuatro.

En Ya es verano, Aran tuvo un cara a cara con el periodista Saúl Ortiz, quien aseguró al inicio del programa que ella había hecho daño a su familia. Ahí, Aran tuvo que desmentirle, aclarando que sí decía que era sobrina de José María Aznar, pero que jamás habló mal de él, ni de nadie. Y esa es otra lección que deben aprender los futuros concursantes de realities: cualquier cosa que se haga o se diga pasará factura en el futuro, a veces, con percepciones personales que se acaban contando como verdades absolutas.

MADRID, ESPAÑA - 12 DE MARZO: La concursante del programa de televisión 'Supervivientes 2014', Aran Aznar es vista en el aeropuerto de Barajas para viajar a Honduras para filmar el programa de televisión el 12 de marzo de 2014 en Madrid, España. (Foto de Europa Press/Europa Press vía Getty Images)
MADRID, ESPAÑA - 12 DE MARZO: La concursante del programa de televisión 'Supervivientes 2014', Aran Aznar es vista en el aeropuerto de Barajas para viajar a Honduras para filmar el programa de televisión el 12 de marzo de 2014 en Madrid, España. (Foto de Europa Press/Europa Press vía Getty Images)

Aunque el mercado laboral está cambiando, lo cierto es que a sus 48 años Aran Aznar tiene más dificultades de encontrar un empleo que otras personas más jóvenes. Y más si a esto le añadimos el estigma que tienen muchos concursantes de realities, que luego no pueden acceder a puesto de lo más normal, como se ha denunciado en muchas ocasiones. Almudena Martínez, Chiqui (GH10), María José Galera (GH 1) o Marina Díez (GH 1) son otras famosas que han contado cómo han pasado por baches económicos en los que nadie ha confiado en ellas, pues la sombra de la fama es demasiado alargada.

Con la historia de Aran queda claro que en el universo de Supervivientes y los demás realities no es oro todo lo que reluce, y que tras un despunte de popularidad puede llegar una era de vacas flacas de la que es difícil escapar. Que tengan su testimonio en cuenta todos aquellos que aspiran a entrar en un concurso donde la vida se retransmita en directo, pues a veces, lo peor que te puede suceder es que se cumpla aquello que deseas.

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