Apuestas en dlares y cero poltica, peleas de gallos en Venezuela se adaptan a la crisis

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Apuestas en dlares y cero poltica, peleas de gallos en Venezuela se adaptan a la crisis

"Mtalo! Mtalo, pues!" Dos gallos libran un duelo sangriento al calor de apuestas en dlares en una gallera de Caracas. La euforia es tal que la descomunal crisis venezolana, que empoder al billete verde, parece quedar en el olvido.

Cerveza, ron y uno que otro whisky ruedan entre los apostadores, segn su bolsillo.

"Aqu viene todo el mundo: limpio (pobre), con plata, poltico, no poltico, de todo hay", comenta ngel Salamanca, encargado del Club Gallstico de Caracas, fundado hace 70 aos y que luce congelado en el tiempo.

Un ruedo alfombrado alberga las rias. La primera fila de sillas, numerada, es la ms cara. El resto son gradas de concreto.

Botellas de ron por cinco dlares o cachapas con queso, una comida tpica a base de maz, por un dlar son ofrecidos por vendedores que buscan su sustento en una economa reducida a menos de la mitad en seis aos.

Pesados y examinados, los temblorosos animales, criados especialmente para enfrentarse en combate, son echados al coso entre gritos y manoteos que no cesan durante 15 minutos de contienda. "Es semejante al boxeo", suelta un asistente.

Los sbados se celebra un encuentro "popular" y los lunes uno "especial". La diferencia: el monto de las apuestas. En galleras ms exclusivas el premio mayor puede ser 5.000 y hasta 30.000 dlares, cuenta Salamanca.

Tambalendose por los efectos del ron, un hombre besa a su gallo tras sobrevivir a una feroz batalla. Otro, exhalando el humo de un habano, le reza al suyo al odo para darle "suerte".

Los dlares corren libres ante una devaluacin del bolvar de 98,6% en 2019, cuando abarcaron ms de 50% de las transacciones. Este ao representarn 70%, prev la firma Ecoanaltica.

La falta de bolvares en efectivo, adems, oblig a pactar apuestas mediante transferencias electrnicas, pero esta opcin fracas porque muchos "tiraban cachas (no pagaban)", relata Salamanca.

"La palabra del gallero vale mucho, apuestas y sabes que tienes que pagar, y con la crisis muchos quedaban mal", aade.

- "No se habla de poltica" -

En las galleras venezolanas, los recintos donde se celebran las rias, hay un pacto implcito: no se discute sobre poltica, al punto que chavistas y opositores se tratan con familiaridad.

Afuera quedan las acusaciones de "dictador" y "ttere de Estados Unidos" que cruzan el opositor Juan Guaid, reconocido como mandatario interino por medio centenar de pases, y el presidente socialista Nicols Maduro.

"Aqu no se habla de poltica para nada, venimos a olvidarnos de todo", comenta Avilio Subero, dueo de una gallera en la Cota 905, zona popular que acapara titulares por su elevada criminalidad.

Pero Avilio lo considera un estigma. "Esto no es violento, aqu usted deja su carro y no lo tocan", defiende entre la algaraba de una jornada cuyo premio principal es un cerdo de unos 30 kilos.

Mujeres y nios tambin observan las rias.

Mara, esposa de un gallero, se saborea con el escurridizo puerco que ha logrado zafarse varias veces de la cuerda que lo ata a un pilar de concreto. "Esa orejita frita es una delicia!", exclama.

"Me gusta ver la pelea, siento emocin", cuenta por su parte Andrena, de 16 aos, que las graba con su celular.

Galleros defienden las rias como una "cultura" y una "industria" que genera empleo, pero para organizaciones animalistas son un prctica cruel.

Puerto Rico, por ejemplo, es foco de polmica tras una ley federal de Estados Unidos que las prohibi en diciembre pasado. Desafiando a Washington, la gobernadora de la isla aprob otra ley para mantenerlas.

En Venezuela no se discute abolir esta tradicin venida de Europa, donde se ha eliminado progresivamente.

"Los poderosos de este pas juegan gallos", susurra un criador a la AFP.

- Laboratorio de gallos -

La sangre gotea, las plumas vuelan y la adrenalina se enciende en un ruedo donde obreros, empresarios y militares buscan fortuna por igual.

En un rudimentario laboratorio se verifica que las aves estn libres de drogas, espuelas envenenadas o grasa en el plumaje. scar Velsquez lleva 47 aos trabajando en un cubculo con una ventana de vidrio, rodeado por curiosos.

Con algodones impregnados de agua destilada y alcohol, este qumico de 73 aos frota al animal y pone gotas de la muestra sobre papel de tornasol: si cambia el color, hay alguna alteracin y la pelea no es concedida.

Delgado y de voz suave, scar, con 14 hijos, se apoda a s mismo "ala rota" desde que hace 12 aos perdi un brazo de un disparo en un asalto. Omar lo asiste bebiendo de vez en cuando tragos de ron.

"Qu gane el mejor!", sentencia "ala rota", mientras su ayudante lleva los gallos en una "cuna" de tela hacia el redondel.

Cobrando un dlar por revisin, en un da pueden ganarse de 12 a 15 verdes cada uno. "No est mal", dice scar, en un pas con un salario mnimo equivalente a 6 dlares.