Aprender en verano más allá de la escuela: posibilidades y realidades

·5 min de lectura
  <span class="attribution"><a class="link " href="https://www.shutterstock.com/es/image-photo/little-preschool-girl-school-kid-boy-2056927895" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Shutterstock / Irina Wilhauk">Shutterstock / Irina Wilhauk</a></span>

Promover el aprendizaje y el desarrollo de competencias no es un atributo exclusivo de la escuela, aunque sea ésta el espacio privilegiado para ambas tareas.

Existen oportunidades de aprendizaje por todos lados y durante el verano se cuenta con más tiempo y más libertad para poder aprovecharlas de manera individual, con amigas y amigos o en familia.

Agencia y activos

El concepto clave es la “agencia” del individuo. Como explica el psicólogo estadounidense Jerome Bruner en su libro La educación, puerta de la cultura, la agencia es la posibilidad (y la conciencia) de poder iniciar y llevar a cabo actividades por nuestra cuenta y en nuestro entorno.

El entorno ofrece al individuo un número indeterminado de posibilidades para la acción, idea recogida en el concepto de invitaciones a la acción, o affordances, según la psicología ecológica. Estas invitaciones están sujetas a la motivación y la intención del agente: una hoja de papel –un ejemplo clásico en el estudio de las affordances– abre múltiples posibilidades para la acción (escribir, dibujar, cortar, quemar, arrugar, etc.) y no una única vía de actuación.

Así pues, en el entorno existen activos que nos permiten aprender o movilizar los aprendizajes adquiridos durante el año escolar. Los activos de aprendizaje se definen, según el capítulo dedicado a la familia, la ciudad y la sociedad del compendio Aprender y enseñar en tiempos de confinamiento como “aquellos recursos presentes en el contexto escolar y en el entorno urbano y que pueden ser usados conscientemente para procurar (o procurarse a uno mismo) bienestar y desarrollo físico, emocional, intelectual y social”. Entre los “recursos” podemos encontrar:

“Personas (la familia, profesionales), artefactos (analógicos, como el libro, o digitales, como un blog o un podcast), espacios (la biblioteca), instituciones (la escuela, el centro de salud, el propio ayuntamiento) o colectivos (grupos de teatro, clubs deportivos, etc.) que contribuyen al bienestar y el desarrollo el individuo o las comunidades, considerando, además, que debemos ser conscientes de que su acceso y uso están condicionados por factores de desigualdad social”.

En todo caso, cada individuo tiene a su disposición una amplia batería de “recursos”, que pueden ser usados conscientemente para ampliar su conocimiento y su competencia. La cuestión, por tanto, es localizar y poner en funcionamiento esos activos, promover su uso y potenciarlos.

Ejemplos de activos para el verano

¿Con qué activos cuentan los aprendices y sus familias para poner en funcionamiento durante el verano conocimientos que se han adquirido a lo largo del año escolar, además de para adquirir nuevos conocimientos? Pongamos algunos ejemplos que sirvan para comprender qué son esos “activos de aprendizaje” y cómo detectarlos.

Una de las mejores actividades “de ida y vuelta” entre el verano y la escuela es la lectura. Existen múltiples evidencias de que la lectura en verano es un factor diferencial para minimizar la pérdida de aprendizaje, especialmente entre alumnado con peor rendimiento escolar o con una situación socioeconómica más complicada.

Para ello, nuestras mejores aliadas son las bibliotecas municipales, que durante el verano además continúan plenamente activas, como demuestra, por ejemplo, la iniciativa 100%Estiu en las Bibliotecas de Barcelona.

Escribir, hacer fotos o mapas

Paralela a la lectura, la redacción de un diario puede servir para practicar elementos trabajados en las clases de lengua o de lengua extranjera. Además, el diario puede tomar forma de blog y ser así una buena oportunidad para trabajar la escritura y la competencia digital.

Otra actividad muy interesante es la fotografía. Una vieja cámara digital o un móvil podrían servir para hacer un álbum de fotos vinculado con viajes, visitas o simplemente rincones del paisaje urbano que podrían conectarse con ideas poderosas como los paisajes lingüísticos, el patrimonio, la diversidad cultural o el cuidado del medioambiente.

Se pueden, por ejemplo, crear postales digitales para el aprendizaje informal de la ciencia en campamentos de verano, que sean además una forma de conectar a las familias con las niñas y niños durante el campamento.

Los mapas son una maravillosa fuente de aprendizaje, además de un objeto precioso que causa asombro e interés en muchos jóvenes aprendices. Realizar una actividad de mapeo en familia o con un pequeño grupo de niños y niñas puede ser una manera de activar conocimientos y promover nuevos aprendizajes durante el verano.

Servicio a la comunidad y creatividad

Por otro lado, la escuela puede también contribuir al desarrollo de actividades veraniegas que tengan un impacto en el desarrollo personal, social y académico.

Por ejemplo, el verano es un buen momento para desarrollar actividades de servicio a la comunidad que pueden haber sido diseñadas previamente, durante el curso, con la ayuda de los docentes, pero cuya implementación puede transcurrir durante el verano, cuando los estudiantes tienen más tiempo para desplazarse e intervenir.

Del mismo modo, si en la escuela se ha trabajado la creatividad vinculada con las artes, el verano puede ser un buen momento para ponerla en funcionamiento: desde escribir un relato o un guión para una película con técnica de animación en volumen (stop motion) hasta dedicar un tiempo a la creación musical o pictórica, todas ellas pueden ser actividades que movilicen aprendizajes realizados durante el curso escolar aprovechando las largas mañanas de verano.

¿Por qué no hacer un poco de hiphop y de rap para practicar rimas y ritmos y reducir, al mismo tiempo, la ansiedad?

Deporte y conversaciones

Finalmente, el deporte, el juego al aire libre o la conversación con los amigos y las amigas son también actividades importantes y que no debemos olvidar durante el verano.

Sí, es importante evitar la posible pérdida de aprendizaje que tiene lugar durante el verano y, si es posible, aumentar la “ganancia de aprendizaje”. Pero hay actividades lúdicas y momentos de ocio que también tienen en el verano la mejor ocasión para disfrutar de ellas.

Así pues, sea el verano el tiempo para una dieta equilibrada de descanso, ocio y algunas actividades estimulantes que pongan en juego los aprendizajes que se han adquirido durante el curso escolar. ¡Feliz verano!

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Fernando Trujillo Sáez es asesor científico-tecnológico de Conecta13, spin-off de la Universidad de Granada.

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente