Aprender a conocerse, clave para elegir qué estudiar

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“Los dos días más importantes de la vida son el día que naces y el día que descubres por qué”.

Mark Twain.

Según los indicadores de rendimiento académico de estudiantes de grado en España, uno de cada tres estudiantes de nuevo ingreso para el curso académico 2015–16 abandonó el grado.

De este porcentaje (concretamente del 33,2 %), el 12,4 % cambió de grado y el 20,8 % abandonó definitivamente el sistema universitario.

Factores de abandono

Son numerosos los estudios que muestran cuáles son los factores de abandono universitario. Estos suelen clasificarse en tres grandes bloques:

  1. Factores individuales: De tipo demográfico, como el género y la edad; socioeconómicos, como la situación social, económica y cultural de la familia del estudiante o su grado emancipación; y académicos, concretamente la experiencia educativa previa y las expectativas académicas.

  2. Factores ambientales: como son la integración en la universidad y el rendimiento académico, y el grado de compromiso institucional.

  3. Factores institucionales: Tipo de universidad (pública o privada, presencial o en línea); recursos y calidad.

En marzo de 2022, el Ministerio de Universidades lanzó el “Análisis del abandono de los estudiantes de grado en las Universidades presenciales en España”.

De estas investigaciones se desprende que el principal riesgo de abandonar se da al inicio de los estudios, afecta más a los hombres que a las mujeres y a los estudiantes de familia con menor nivel socioeconómico y cultural.

El precio de la matrícula del grado es un factor crucial: a mayor precio, mayor probabilidad de abandono.

Cuándo hay más probabilidades de abandonar

Estas tasas de abandono también afectan en mayor medida a las universidades no presenciales, universidades grandes, de titulaciones de las ramas de Artes y Humanidades, de titulaciones que no son las preferidas y con menores notas de acceso a las mismas, así como los grados dobles. Los estudiantes becados con menores recursos económicos tienen mayor probabilidad de abandonar que los becados con mayor nivel de renta.

Son datos alarmantes que vislumbran una ineficiencia del sistema educativo en España y que afectan a la reputación del sistema universitario. Deben ser objeto de preocupación pública, y no debemos achacarlo a “la juventud de esta época”.

Por ejemplo, algunas universidades ya han puesto en marcha programas de mentorización para interaccionar, integrar y apoyar a los alumnos de primer curso, como la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Ciudad Real de la Universidad de Castilla–La Mancha.

Habilidades blandas preuniversitarias

La sociedad no atraviesa una época de cambios, sino un cambio de época. La definimos como sociedad del conocimiento por el volumen de conocimiento generado, el uso que hacemos de él y su difusión por los numerosos medios. Existen miles de posibilidades de adquirir conocimiento, y todo esto nos puede hacer dudar sobre el camino a seguir, incluso a los más experimentados.

Algunas de las frases que escuchamos habitualmente tienen que ver con esta sensación de “exceso” de conocimiento:

“¿Estudiar sirve para algo?”

“¿Qué estudio si no sé lo que quiero hacer?”

“¡Esta carrera no me gusta, pero tiene muchas salidas!”

“Con este panorama, ¿para qué voy a estudiar?”

“¡Un título no vale para nada, solo para colgarlo en la pared!”

“Si las personas ricas no han estudiado, ¿para qué voy a hacerlo yo?”

Las etapas preuniversitarias son fundamentales para educar en el esfuerzo, la resiliencia, la disciplina, la productividad, la planificación, la inteligencia y gestión emocional. Incluso a un nivel más espiritual, en la búsqueda de un sentido de vida, así como otras habilidades blandas.

Un sutil cambio de perspectiva

Cambiar el modo de ver la carrera universitaria también puede ayudar a tomar una elección correcta. En lugar de considerar el título como una meta, es mejor verlo como un medio para encontrar nuestra razón de ser, lo que aportaremos a la sociedad.

Debemos aprender a analizar nuestras aptitudes, pero también influirán nuestra actitud y nuestro trabajo de análisis interno, de autoconocimiento y autoobservación desde las etapas educativas previas a la universitaria.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Consoli Quintana Rojo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.