Apple TV es el mayor fracaso de Apple de los últimos años: nadie le hace caso

Pedro J. García
·11 min de lectura

La guerra por el streaming alcanzó su punto de ebullición en 2019 con la llegada de dos plataformas dispuestas a arrebatarle una buena porción del pastel a Netflix: Disney+ y Apple TV+. La primera superó sus proyecciones económicas en menos de un año, mientras que la segunda ha pasado a segundo plano. O quizá sería más correcto decir a tercer plano.

Apple TV+ llegó en noviembre de 2019 prometiendo mucho. Un año después, su app ha llegado a PlayStation y Xbox, haciéndola así más accesible a muchos usuarios. Pero aun así, si observamos su impacto en el mercado y su influencia en el público, descubrimos que es una de las plataformas más importantes a las que se les hace menos caso, a menudo considerada menor y en muchos casos completamente ignorada. ¿A qué se debe esto? ¿Saturación del mercado? ¿Escasa oferta original? ¿Demasiadas series de nicho?

Analicemos las razones por las que Apple TV+ está pasando sin pena ni gloria con la excepción de un par de series que sí consiguieron dar que hablar… aunque fuera durante un momento.

Jennifer Aniston y Reese Witherspoon promocionando 'The Morning Show' (AP Photo, Willy Sanjuan, Gtres)
Jennifer Aniston y Reese Witherspoon promocionando 'The Morning Show' (AP Photo, Willy Sanjuan, Gtres)

Apple siempre ha estado a la vanguardia de la tecnología, pero en el mundo del streaming es posible que llegase un poco tarde. Sí, se adelantó 11 días a Disney+, pero ni aun así consiguió hacerle sombra. El streamer de Disney irrumpía rodeado de expectación y con la baza de un catálogo que incluía su extensa librería abarcando décadas de éxitos y clásicos (y que aumentaba aun más con la compra de Fox), además de la promesa de nuevas series originales de Star Wars y Marvel. Por el contrario, Apple no tenía apenas nada.

Cuando Apple TV+ aterrizaba en el mercado el 1 de noviembre de 2019, el público ya sentía que la burbuja del streaming estaba a punto de estallar. La abundancia de plataformas de pago multiplicaban la oferta de tal manera que hacer selección era inevitable, y Apple tenía que ofrecer algo muy atractivo para que la gente desplazase lo que ya conocía (Netflix, Amazon Prime Video, HBO, la inminente Disney+, y en el caso concreto de España, Movistar+) en su favor. Para atrapar a la audiencia, Tim Cook recurrió a los grandes nombres de Hollywood, estrellas consagradas del mundo del espectáculo que ejercían como madrinas y padrinos de la plataforma.

Así, Apple TV+ se lanzaba por todo lo alto con el apoyo (enorme cheque mediante) de gente como Steven Spielberg, M. Night Shyamalan, Oprah Winfrey, Octavia Spencer, Jennifer Aniston o Reese Witherspoon, denominados por la propia Apple como “los mejores narradores del mundo” y catalogados en la plataforma como “las estrellas de Apple TV+”.

En cuanto a oferta original, el streaming se presentaba en sociedad con títulos como The Morning Show, See o Dickinson, series que descansaban principalmente en el aliciente de sus estrellas, pero que también favorecían los puntos de vista diferentes a la hora de contar historias, algo de lo que la compañía se enorgullece especialmente. De sus primeras ficciones originales, fue The Morning Show la que consiguió calar más en la audiencia, gracias quizá al tirón comercial de su trío protagonista: Jennifer Aniston, Reese Witherspoon y Steve Carell. Pero el resto no dieron demasiado que hablar.

A lo largo de este año, Apple TV+ ha estrenado series cuanto menos curiosas e interesantes, pero no ha conseguido que sus títulos entren en la conversación seriéfila, con la excepción de Defender a Jacob. La miniserie protagonizada por Chris Evans y Michelle Dockery, sobre un niño acusado de asesinato y el efecto que esto provoca en sus padres, enganchó a la audiencia; y según Apple (que no desvela regularmente datos de audiencia, al igual que Netflix y otras plataformas), se convirtió en su serie más vista desde The Morning Show. Sin embargo, la conversación sobre Defender a Jacob se disipó una vez terminada la miniserie, y entonces Apple TV+ volvía a su rincón.

Como decía, lo cierto es que Apple TV+ tiene en su catálogo series bastante llamativas, favoreciendo la calidad por encima de la cantidad, contrario a la criticada estrategia de producción de Netflix. Entre ellas destacan Dickinson, la comedia irreverente sobre la juventud de Emily Dickinson que protagoniza y produce la joven estrella Hailee Steinfeld, serie ganadora del prestigioso Peabody Award que ya recomendé fervientemente en este artículo. Y también Servant, inquietante thriller de misterio producido por M. Night Shyamalan que de estar en Netflix habría dado mucho que hablar y habría desatado miles de memes.

Otras series recomendables de Apple TV+ son Little America, inspiradora dramedia antológica sobre la experiencia de los inmigrantes en Estados Unidos, Para toda la humanidad, ucronía sobre la carrera espacial que se plantea qué hubiera pasado si los rusos hubieran sido los primeros en llegar a la Luna, Mythic Quest: Raven’s Banquest, divertida sitcom laboral ambientada en el mundo de los videojuegos, Central Park, musical animado de los creadores de Bob’s Burgers, Ted Lasso, comedia protagonizada por Jason Sudeikis sobre un entrenador de fútbol americano que es contratado por un equipo británico de fútbol sin experiencia en el deporte rey o Little Voice, entrañable drama juvenil creado por la cantautora Sara Bareilles, sobre una cantante de Nueva York que lucha por cumplir su sueño.

Claro que, por mucho que la calidad acompañe a estas series, la repercusión no ha estado de su parte. Y esta es quizá una de las claves principales por las cuales Apple TV+ no ha conseguido encontrar a su audiencia. Se trata de ficciones en su mayor parte de nicho, propuestas que parecen diseñadas para un público minoritario. ¿Un musical animado? ¿Una workplace sitcom sobre desarrolladores de videojuegos? Sí, son buenas series en la mayoría de casos, pero carecen del atractivo general que la plataforma necesita para atraer a un público más amplio.

Volviendo al principio, Apple TV+ se estrenó simultáneamente de forma global en más de 100 países, incluida España. La suscripción cuesta 4,99 euros al mes, un precio bastante reducido si lo compramos con el de Netflix, HBO o Movistar+, pero lógico teniendo en cuenta que pagamos por un catálogo mucho más escaso. Y aquí es donde nos encontramos otro de los factores clave en la decepción de Apple TV+. No son muchos los que están dispuestos a pagar una nueva plataforma que tiene una oferta tan reducida.

Apple siempre ha ofrecido una experiencia muy exclusiva y distintiva para sus fieles. De ahí que sus productos, especialmente el iPhone, sean tan exitosos y provoquen auténticas avalanchas de compradores cada vez que se pone a la venta una nueva versión. Pero esto no se ha traducido en éxito al trasladarlo al mundo del streaming. Sí, la plataforma y sus series poseen esa imagen de marca indudablemente Apple, pero la marca por sí sola no ha sido suficiente para atraer a los que no están dentro del “culto de Apple”.

En relación a esto, el gigante de la tecnología tuvo una idea muy buena para dar a conocer la plataforma aprovechando su influencia y poder entre los compradores: los que adquiriesen productos de Apple tendrían automáticamente un año de suscripción gratis, tras lo cual tendrían que empezar a pagar los 4,99€ de suscripción si deseban conservarla. De esta manera, Apple se aseguraba nada más empezar millones de suscriptores, compradores de teléfonos, tablets y ordenadores Apple que, queriéndolo o no, tenían acceso directo a Apple TV+. Con esta estrategia, Cook garantizaba un buen lanzamiento en lo que respecta a estadísticas, pero, ¿aseguraba esto la permanencia o el interés de esos espectadores? Con un catálogo tan escuálido, era difícil.

¿Qué más ofrece Apple TV+ aparte de un puñado de buenas pero minoritarias series originales? Pues poco más. Y es que si uno se da un paseo por el menú de la plataforma descubrirá que casi todas las películas que hay son de pago. Es decir, que no están incluidas con la suscripción y hay que desembolsar un premium para poder acceder a ellas. Con excepción de films originales como On the Rocks, la última película de Sofia Coppola con Bill Murray y Rashida Jones, o Greyhound, protagonizada por Tom Hanks, las películas que nos encontramos en Apple TV+ hay que comprarlas o alquilarlas.

Y como comprenderán, no voy a pagar 9,99€ por ver María Antonieta cuando la puedo ver en Netflix con mi suscripción o el mismo precio por Avatar cuando está “gratis” en Disney+, a la que también estoy abonado. Esto tiene sentido para los estrenos más recientes (al fin y al cabo, Apple TV+ también es un proveedor de contenidos digitales a la carta como otros, en el que nos encontramos productos de otras compañías y plataformas), pero no para clásicos de toda la vida o cintas que podemos encontrar en otros servicios sin tener que pagar un precio adicional.

Darse una vuelta por el catálogo de Apple TV+ es desalentador. Al margen de las series y películas originales mencionadas, no hay prácticamente nada. De ahí que recientemente hayan incorporado otros servicios de VOD, StarzPlay (otra plataforma de streaming con series aclamadas como Normal People, Ramy o The Great) y Noggin (app de Nickelodeon con contenido para los más pequeños), a los que se puede acceder también pagando una suscripción extra desde Apple TV+. Las series y películas de estos servicios hacen bulto en el menú, pero no deja de ser un espejismo. Para verlas hay que pagar más y lo que ofrece Apple por esos a priori atractivos 4,99€ al mes es más bien poco. En conclusión, la percibimos no como una plataforma más, sino como un suministrador o un complemento a los dispositivos Apple, y por tanto como algo prescindible para muchos.

Haciendo balance a poco más de un año de su lanzamiento a bombo y platillo, Apple TV+ no ha cumplido con las expectativas de los espectadores, a pesar de los pesos pesados de la industria que apadrinaron el invento, y del gancho de los productos Apple. A excepción de The Morning Show, Defender Jacob y en menor medida See, drama fantástico protagonizado por Jason Momoa, sus series originales no han conseguido causar el menor impacto. En la más reciente edición de los premios Emmy, la plataforma consiguió solo 18 candidaturas para seis de sus programas, destacando la presencia de The Morning Show con 8 nominaciones, de las que solo ganó una, mejor actor secundario de drama para Billy Crudup.

¿Se puede considerar esto un fracaso? Todo es relativo. Para ser una plataforma todavía dando sus primeros pasos, no está nada mal (de hecho logró el récord a mayor número de nominaciones para un streamer en su primer año), pero en términos generales, es imposible sacudirse la sensación de que Tim Cook apuntaba mucho más alto con ella.

Claro que tenemos que tener en cuenta que Apple TV+ todavía es prácticamente un bebé y tiene detrás un sistema de apoyo gigantesco. Mientras otra nueva plataforma como Quibi ha tenido que cerrar sus puertas debido a su estrepitoso fracaso, Apple TV+ puede seguir adelante hasta que logre cumplir las expectativas que se había marcado y remonte, con la posibilidad de afianzarse en el futuro. Y desde luego, la compañía ya está pensando en ese futuro.

Con la pandemia azotando fuertemente la industria del cine, el foco se ha trasladado al streaming y plataformas como Netflix, Amazon Prime Video, Hulu o HBO Max están adquiriendo proyectos inicialmente creados para la gran pantalla con el objetivo de estrenarlos en exclusiva, de la misma manera que grandes estrenos de Disney como Mulán o Soul están yendo a parar a Disney+.

Sin el fondo de armario de Disney o HBO/Warner, el catálogo de Apple TV+ es muy escuálido y necesita más contenidos, algo en lo que la compañía ya está trabajando. Por lo pronto, se ha hecho con los derechos de Cherry, la nueva película de los hermanos Russo (Capitán América, Vengadores) protagonizada por Tom Holland, y está a punto de estrenar Wolfwalkers, nuevo film de animación del estudio de La canción del mar y El pan de la guerra -que ya apunta a Oscar. Por otro lado, se ha aliado con Leonardo DiCaprio, que desarrollará contenidos exclusivos desde su productora Appian Way (incluida una serie protagonizada por Elisabeth Moss), con la que la compañía firmó un acuerdo de compra preferente el pasado mes de agosto (Deadline), y ha adquirido una serie dramática de la productora de Robert Downey Jr., Team Downey, sobre un detective canadiense en horas bajas que investiga casos abiertos de hace décadas con la esperanza de convertirse en un héroe (Variety).

Todo esto, sumado a los acuerdos que Apple mantiene con Scott Free (la productora de Ridley Scott), la prestigiosa A24 o Sesame Workshop, indica que no todo está perdido y Apple seguirá luchando por su trozo del pastel en la guerra del streaming. Si lo consigue o no, está por ver.

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