Apología de la ignorancia

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Mujer embarazada en el Hospital Materno Infantil del Barrio Trinidad de Asunción (Paraguay). (Photo: Nathalia AguilarEFE)
Mujer embarazada en el Hospital Materno Infantil del Barrio Trinidad de Asunción (Paraguay). (Photo: Nathalia AguilarEFE)

No solo el conocimiento es susceptible de ser construido, la ignorancia también lo es y ambos procesos de construcción no son binarios ni duales, es decir, la ignorancia no es una imagen especular del conocimiento, sino que representa una entidad propia y contiene unas características particulares.

La ignorancia reproduce patrones de comportamiento social y vínculos de poder. No es simplemente un conocimiento desviado (o un no conocimiento) sino que, más bien, es una reproducción de esquemas de poder que, en muchos casos, abundan en una visión colonial que tiene un espacio protagónico en la prensa escrita, radios, televisiones y redes sociales.

Es evidente pues que el conocimiento no puede competir contra un apologista de la ignorancia: como señala Fraiman (2020), si nos reconocemos como limitados en el alcance de nuestros saberes, abrimos la posibilidad de entablar un diálogo con otros que pueden someter a crítica nuestras afirmaciones y, por ese medio, aprender o progresar en nuestro conocimiento. Y esa narrativa es algo que los apologistas de la ignorancia no solo rechazan, sino que combaten.

Hace unos días vi por redes sociales un fragmento del programa de Angels Barceló Hoy por Hoy en la Cadena Ser en el que Bob Pop se posicionaba fervientemente en contra de la gestación por sustitución. Me parece oportuno recordar que es legítimo que cada cual exprese su opinión, sus dudas e incluso su disconformidad sobre este o cualquier otro tema. El problema, en este caso, radica no solo en desconocer profundamente el tema en cuestión, sino en jactarse de ese desconocimiento.

Bob Pop utiliza un argumento falaz: entender que gestación por sustitución y adopción son vasos comunicantes, es decir, que apoyar la primera va en detrimento de la segunda, y que tenemos que dedicar esfuerzos legislativos a facilitar la adopción para todo el mundo (sic). Esta narrativa absolutamente romantizada de la adopción solo puede ser defendida por alguien con un pensamiento profundamente neocolonial que entiende que todos los niños y niñas en adopción internacional tienen que ser rescatados y cuidados porque en sus países de origen eso es una quimera. Cabe recordar que la adopción es una política de protección a la infancia y no un camino unidireccional a la paternidad o a la maternidad, a pesar de estos intentos de defender que los niños y niñas en procesos de adopción son una moneda de cambio, un elemento narrativo casi inanimado.

Me parece terrible defender que existen buenas y malas familias y me parece más terrible que se fomente el acoso a un determinado modelo familiar desde medios de comunicación. La conductora de ese programa, Ángels Barceló, no solo no preguntó sobre gestación por sustitución sino que sus palabras fueron “te lo compro, muy bien, me gusta mucho”. Siempre creí que los medios de comunicación cumplían la función social de informar verazmente a la ciudadanía, pero tristemente, en un mundo repleto de negacionistas de uno y otro signo y color, la familia y todo lo que la rodea no podía quedar exenta de esas inercias.

Ángels Barceló podía haber preguntado por gestación por sustitución en Canadá, Reino Unido o Australia, por los estudios de Miranda Montrone et. al (2020), Elly Teman (2010) o Susan Golombok et. al (2014), por los cientos de datos que ya existen sobre mujeres que gestan para otras personas. Incluso podía haber preguntado por la terrible situación de las mujeres que gestan para otras personas en países como India o Irán, con una situación real de explotación y de necesidad, como atestiguan las investigaciones de Karandikar et. al (2014) o Taebi et. al (2020). Pero en cambio, decidió abonarse a la epistemología de la ignorancia y, como tan bien señala Charles Mills (1997) defender así una concepción esencialista de la razón que no es otra cosa que una especie de dotación intelectual susceptible de ser poseída o alcanzada solo por determinadas personas entre las que, por supuesto, no puede encontrarse nadie que tenga una mirada crítica sobre gestación por sustitución.

Lo peor es que hablan de mujeres que gestan para otras personas obviando sus vidas y sus cuerpos, usando siempre el mayestático, el impersonal. Efectivamente, defienden que una mujer que gesta para otras personas es solamente un vientre y nada más, reproduciendo así esquemas que asocian a las mujeres con una minoría de edad permanente y que defienden que la gestación y la maternidad son un destino para todas las mujeres siempre y en todo caso. Y hay algo peor, las invisibilizan, también a las efectivamente explotadas, ¿acaso asimilar que una mujer canadiense presenta el mismo contexto que una mujer india no es despreciar y banalizar la violencia sistemática que sufre la segunda? ¿Hasta dónde llega el pensamiento neocolonial que asimila dos realidades tan diferentes, desdibujando así la de las mujeres indias o iraníes?

Es muy interesante leer a Axel Honneth (1997) para entender que la invisibilidad reúne todas las características que conforman el desprecio: en una situación específica, se actúa frente a una persona fingiendo desconocerla, como si ella misma no existiera, ignorándola abiertamente. Por eso es tan importante recordar que el reconocimiento precede al conocimiento, y despreciar el reconocimiento es el primer paso en la construcción de la ignorancia.

Dona Haraway (1991) nos recuerda la importancia de los conocimientos situados. Qué importante sería leer más y mejor a Haraway para salirnos de estos esquemas violentos e ignorantes en los debates. El problema no es disentir de la otra persona, el problema es tener una mirada acrítica, impositiva; el problema es, de nuevo, esencializar la razón.

Investigo sobre gestación por sustitución, y tengo muchas dudas en algunos aspectos de la misma. Debato con mucha gente a la que admiro y quiero sobre este y otros temas fronterizos para los cuerpos y las vidas: la discrepancia no es perniciosa, al revés, nos permite mirar más lejos a través de la mirada de la otra persona. Lo pernicioso (y lo peligroso) es jactarse de la ignorancia. Imagino que será más difícil cuestionar la realidad que cuestionarse el propio dogma, pero todas debemos hacer un esfuerzo por abandonar la lógica de los apologistas de la ignorancia.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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