Los apicultores de la Cachemira india y sus abejas, rumbo al sur en busca del calor y de polen

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Abid Hussain y sus millones de abejas se preparan, como cada año, para dejar atrás las montañas de la Cachemira india y dirigirse al sur, en una gran trashumancia en busca de calor y de polen.

El largo viaje de Hussain y de sus colmenas, empieza en noviembre, cuando las temperaturas caen por debajo de los 0 ºC en el Himalaya.

"Todo se para en Cachemira en invierno, incluso la naturaleza", comenta.

Tras una difícil travesía por las carreteras de montaña y por las llanuras del Punyab, llega con sus abejas a los extensos campos de mostaza de los alrededores de Sri Ganganagar, en los confines del desierto de Thar, en Rajastán.

Los apicultores de Cachemira se hicieron nómadas en los años 1980, cuando una enfermedad casi acabó con la población de abejas local. A causa de esto, empezaron a utilizar una especie de sustitución procedente de Europa, mucho más sensible al frío del Himalaya.

Desde entonces, decenas de millones de abejas viajan en camión, cada año, hacia climas más cálidos, donde se deleitan con los ricos cultivos y contribuyen a alimentar una floreciente y lucrativa producción de miel.

Todo el mundo encuentra lo que quiere. Las abejas, alimento, y los agricultores, garantías para el futuro de sus plantaciones gracias a la polinización. Cada colonia de las 600 que tiene Hussain produce hasta 60 kilos de miel durante las cuatro cosechas del invierno.

"Hay quien piensa que, en cuanto has instalado una colonia de abejas, ellas lo hacen todo solas, pero eso no es verdad", explica el apicultor. El sector "reporta mucho, pero para ello, hay que trabajar muy duro".

- Un producto muy demandado -

La miel de Cachemira es muy codiciada, y cada colmena puede reportarle al apicultor hasta 9.000 rupias (103 euros) por el producto elaborado durante su estancia en Sri Ganganagar.

Pero hay otras variedades de miel de Cachemira todavía más demandadas, con poca concentración de agua, lo que hace que la miel sea fluida incluso a bajas temperaturas, y que se venden casi siete veces más caras.

Cuando las temperaturas empiezan a subir, en febrero, Hussain emprende el camino de regreso, deteniéndose dos meses en la vieja ciudad de Pathankot, no muy lejos de la frontera pakistaní.

Allí, alquila unos terrenos en los que sus abejas se regodean entre las flores de lichi, de lo que extrae una última cosecha de miel antes de volver a Cachemira.

A su regreso a Cachemira, Hussain y sus abejas esperan a que florezcan las acacias, a finales de primavera, para la sexta y última cosecha antes de tomarse un descanso y reponer fuerzas para la próxima trashumancia.

Según el apicultor, el cambio climático está afectando a su trabajo en su región.

"Demasiado calor puede destruir las flores y a las abejas les falta néctar que colectar", señala. "Y en los últimos tiempos, hemos tenido demasiado calor y demasiadas lluvias".

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