Antes de exhumar a Franco hay que extirpar el franquismo

Fieles del franquismo en el Valle de los Caído
Fieles del franquismo en el Valle de los Caídos. (Photo by Pablo Blazquez Dominguez/Getty Images)

La declaración del auto del Tribunal Supremo sobre la suspensión de la exhumación de Francisco Franco por la que el Alto Tribunal asume que el "general ya era jefe del Estado en el año 1936 tras el golpe" ha despertado las críticas de una parte de la clase política. Pero más allá de la barbaridad histórica reflejada, demuestra una gran evidencia. Que el dictador murió en 1975, pero el franquismo no. Y sigue muy vivo en España. Tan vivo como que el Estado democrático aún no ha logrado vencerlo de una vez por todas porque no se han desmontado las estructuras de poder procedentes del franquismo.

Se trata de una aberración democrática única en Europa. Y como tal, los vecinos europeos nos observan con incredulidad teniendo que verbalizar lo que en otros países no ha sido necesario. Aquí van algunos ejemplos:

-El grupo de los liberales en Europa (ALDE) en el Parlamento Europeo se ha planteado amenazar a Albert Rivera con expulsar a Ciudadanos del mismo en caso de llegar a acuerdos en España con Vox.

-El Club Bilderberg -uno de los foros políticos y económicos de más alto nivel por la importancia de sus participantes- invitó recientemente a Pablo Casado (PP) e Inés Arrimadas (Cs) a una de sus reuniones y ambos dirigentes escucharon críticas de los líderes mundiales a los pactos con Vox.

Todo ello es sintomático de la ineficaz transición que se llevó a cabo en España entre la dictadura y la restauración de la democracia. En realidad, lo que hubo fue una transacción. Así se entiende mejor que en Alemania, la práctica totalidad de los alemanes apellidados Hitler, incluso los que no eran parientes del dictador, se cambiaran el apellido tras la II Guerra Mundial mientras que en España los Franco no solo los exhiben con orgullo, sino que disfrutan de prebendas difíciles de digerir. España es el único país en el que las altas instancias no se han preocupado en desterrar de sus sociedades el pensamiento fascista.

Tampoco hay que olvidar que la propia Constitución de 1978 blindó en la forma y en el fondo el período dictatorial anterior mediante la Ley de Amnistía de 1977, que aún continúa en vigor, y que los franquistas y la derecha política se resisten a derogar. Es decir que la conciliación fue forzada y no natural.

Así han seguido campando a sus anchas tanto los descendientes como sus acólitos y fieles. Centenares de altos cargos que fueron recolocándose en numerosos estratos del país bajo el concepto de la división de poderes que, ayer mismo, quedó en entredicho dejando claro que algunos organismos aún funcionan como una unidad de mando bajo el orden y la jerarquía franquista. En especial, en la Justicia como bien ha demostrado el Tribunal Supremo.

El nepotismo imperante ha quedado fuera de toda duda con numerosos casos como el de 2013 de los Fernández Montalvo por el que la hija (Carmen Fernandez-Montalvo García) y el yerno (de apellido Aparicio de Lázaro) del Presidente de la Sección II de la Sala Tercera del Tribunal Supremo de lo contencioso-administrativo, el Magistrado Rafael Fernández-Montalvo, fueron designados letrados del Gabinete Técnico del Tribunal Supremo.

No olvidemos tampoco el caso de Felipe Rodríguez Franco, ponente de la sentencia de Juan Antonio García, un albañil de la CNT fusilado, que tras la dictadura fue premiado como primer fiscal jefe de la Audiencia Nacional.

También hay una clara relación entre el Supremo y algunos jueces muy vinculados con la Fundación Francisco Franco como José Luis Requero Ibáñez uno de los cinco magistrados que ha decidido suspender la exhumación de Franco. De hecho, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica presentó el lunes una queja ante el CGPJ por la presencia de Requero en el grupo. Según detalla Público, la denuncia se cimenta sobre los vínculos de amistad que unen a este juez con Santiago Milans del Bosch, sobrino del ex teniente general golpista, colaborador de la Fundación Francisco Franco y dueño de un bufete de abogados que ha representado a la familia del dictador.

Y por si esto fuera poco, también hay una buena dosis de simbolismo. El antiguo convento de las Salesas donde hoy tiene la sede el Tribunal Supremo, cuenta con la iglesia de Santa Bárbara, que es donde Franco celebró su victoria en la Guerra Civil.

Franco no saldrá del Valle de los Caídos el 10 de junio, porque el franquismo no ha desaparecido de España.