Ansu Fati da una bofetada de ilusión a los propagadores del "es lo que hay"

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BARCELONA, SPAIN - SEPTEMBER 26: Ansu Fati of FC Barcelona celebrates with team mates after scoring his team's third goal during the LaLiga Santander match between FC Barcelona and Levante UD at Camp Nou on September 26, 2021 in Barcelona, Spain. (Photo by Pedro Salado/Quality Sport Images/Getty Images)
Pedro Salado/Quality Sport Images/Getty Images.

"El chaval ha nacido con estrella", comentó una de las que seguro más ha aplaudido la vuelta de Ansu Fati desde el cielo, Michael Robinson, el día que debutaba como titular con el Barcelona, instantes después de anotar ante el Valencia, al minuto y cincuenta segundos del pitido inicial, su prim... segundo gol como profesional.

La perspectiva del tiempo tiende a minimizar el efecto sorpresivo de los acontecimientos y acercar la realidad a su punto exacto, pero la épica narrativa de Ansu Fati no ha cambiado lo más mínimo. Sigue en el mismo renglón donde se quedó pendiente esperando a ser reanudada. 323 días y cuatro visitas al quirófano después, Fati está de vuelta para retomar su rumbo y convertirse en algo más que un futbolista prodigioso. En un símbolo. En un refugio al que acudir para poner cara al futuro, luz a la zozobra, esperanza al desánimo y goles al juego. 

Mirando desde el presente, se hace complicado no pensar que hasta para el mismísimo Leo Messi hubiera sido un papelón suceder a Leo Messi. No así para Fati. Porque Anssumane creció con la plena de consciencia de que ese, tarde o temprano, sería su destino. Alguien tendría que cargar con el adiós definitivo del mejor jugador de la historia, a su vez último reducto de uno de los mejores equipos de todos los tiempos, descompuesto año a año, pero vivo mientras Leo seguía en pie.

Echando cuentas, Ansu sabía que su explosión, por pronto que llegase, terminaría coincidiendo con la nueva era que empezaría el día que Leo se marchase. Ansu sabía que llegaría el día en el que abrigarse bajo el manto del argentino en las noches más frías ya no sería una opción. Por lo que se preparó para la faena más compleja, por irrepetible, singular y dolorosa que fuera, como finalmente ha sido, de la historia reciente del Barcelona. Porque en el dilema entre disfrutar cada segundo del '10' como azulgrana o empezar a asimilar, construir y hacer entender el futuro sin Leo, el entorno culé se quedó en lo primero. Solo Ansu vio más allá. Y ahora no solo le toca heredar la '10', sino que tiene que devolver la ilusión al club y reestructurar un proyecto que amagaba con la autodestrucción.

Cualquier lectura que pueda extraerse de los primeros pasos del Barça posLeo, incluso las más positivas, como las que envuelven a Gavi, Nico o Araujo, guardará una relación muy cercana con la desnortada deriva hacia la que avanzaba irremediablemente el club. Sin un horizonte al que mirar cuando tocaba recuperar las respuestas y resguardarse en las certezas. Sin un discurso transversal, un modelo identitario, una filosofía común ni un patrón estilístico, que ha pasado de ser santo y seña a moneda de cambio cuando el marcador aprieta. Una situación económica poco esperanzadora y más confusa si cabe en el plano de la gestión del personal. Por eso Ansu Fati lo cambia todo. Transforma el discurso del "es lo que hay" al "somos el Barça". Vuelve a dar motivos para hincharse al pecho de los culés y reivindica la grandeza del escudo. A sus 18 años, su juego, en primer lugar, y su personalidad, acto seguido, tienen la capacidad de revertir de golpe la disposición anímica del Barcelona. Casi nada.

"Ansu es muy especial para todos”, declaró Alfred Schreuder, segundo de Ronald Koeman tras su reaparición, gol incluido, por supuesto, ante el Levante. Y tiene toda la razón. Porque Ansu es especial. Es evidente. Y, más importante todavía, lo es para todos. Lo que diferencia a Fati de otros muchos especiales, que solo fueron especiales para sí mismos, es que Ansu es de todos. Es un talento definitivo, inmediato, goleador, certero, pero tremendamente fértil. El fútbol de Ansu consiste en ganar y, por tanto, todo florece a su alrededor.

BARCELONA, SPAIN - SEPTEMBER 26: Ansu Fati of FC Barcelona during the LaLiga Santander match between FC Barcelona and Levante UD at Camp Nou on September 26, 2021 in Barcelona, Spain. (Photo by Pedro Salado/Quality Sport Images/Getty Images)
Pedro Salado/Quality Sport Images/Getty Images.

Hay poco de casual en el hecho de que Ansu Fati iniciara su camino profesional con el Barcelona mientras Leo Messi le aplaudía desde la grada. Días del futuro pasado. Ya nos avisó sobre cómo respondería cuando lo inevitable terminase ocurriendo. Así ocurrió. Messi se fue, Ansu volvió, con la misma obligación que siempre ha sabido tener, un don único y otro dorsal, el 10, que por lo que sea, tiene su misticismo. Y anotó, claro, porque en eso consiste el fútbol de Ansu Fati. En aparecer en el momento justo, en el lugar exacto. Cuando la jugada lo requiere o el club lo necesita. "Aquí estoy. No hay incógnitas. Si alguien dudaba de mi recuperación, que no lo haga. Si alguien dudaba de mí, que lo haga menos todavía. Manos a la obra", o algo así debió pensar hacia sus adentros.

Sin contar los minutos de rigor que todo buen debutante debe dedicarse para fascinar con el futuro que le espera en los años venideros, correspondientes en el caso de Fati a su debut con 5-1 en el marcador ante el Betis, podría decirse que Ansu nació con la responsabilidad encima. Como sigue ocurriendo hoy, sin tiempo para entender, asimilar, ni mucho menos sentir la presión. En su segundo día, agosto de 2019, saltó a El Sadar en el minuto 46 con la tarea de remontar un resultado adverso frente a Osasuna. 5 minutos después, con Messi todavía en la grada (lesionado), balón a la cazuela. ¿Y en su primer día como titular en el Camp Nou, con Leo (sí, aún) en la grada? Efectivamente, un minuto, un toque y otro gol.

Igual que su ausencia cambió por completo la realidad del Barcelona de entonces, también lo ha hecho su vuelta. Con su lesión, Ansu dejó cojo a un equipo que disponía del jugador más decisivo, determinante e influyente que existe y, a su regreso de la cojera, tiene la misión de devolver a su club al lugar al que solo pudo acceder con el jugador más decisivo, determinante e influyente de la historia. Ha esperado 10 meses lejos de su sitio, pero ya no puede esperar más para cumplir su propósito antes de que la ola de incertidumbre inunde al barcelonismo en su totalidad. Ansu Fati ha vuelto para cambiarlo todo.

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