Ansia viva por presumir, aunque estemos cometiendo un delito.

Carme Chaparro
·2 min de lectura

Hemos llegado a un punto en el que lo importante es presumir. Aunque estemos cometiendo un delito. Tenemos tantas ganas de alardear, vanagloriarnos, jactarnos o fanfarronear -sirve cualquier sinónimo-, que esas ganas pueden a cualquier miedo. Sentimos una necesidad irresistible de hacer público dónde estamos, qué hacemos, con quién, o cómo. 

Aunque no esté bien.

¿Cuántas veces hemos pensado cómo pueden ser tan imbéciles esos jóvenes que circulan a velocidades extremas y suben videos a las redes sociales presumiendo de ello? Videos para regocijo de la Guardia Civil, que no tarda demasiado en dar con ellos. ¿Cómo pueden ser tan imbéciles?, pensamos. ¿Cómo pueden ser tan imbéciles como para delatarse a ellos mismos?

Las ganas de presumir les pueden.

Para ese tipo de gente, algo no existe si no lo cuentas. 

Y cada vez hay más enfermos de esa necesidad. 

Algunos de los que se han saltado las restricciones Covid y han viajado esta Semana Santa atravesando provincias no han tenido suficiente con tumbarse al sol y regodearse de los que nos hemos quedado encerrados en casa para evitar expandir el virus -y saturar hospitales, y matar-. No era suficiente, no. 

Playa de Palma, esta Semana Santa. REUTERS/Enrique Calvo
Playa de Palma, esta Semana Santa. REUTERS/Enrique Calvo

Porque, si no presumes, es como si no contara. Como si nunca lo hubieras hecho. 

Así que no han dejado de colgar fotos en las redes sociales. La playa. El chiringuito. La piscina. Los niños en bañador. La marca del sol en la piel. Los espetos asándose sobre las brasas. Una tras otra. 

Y no sólo eso, una parte de las personas que se han quedado en casa sentirán envidia por los que han tenido el valor de saltarse las reglas del juego. Y, la próxima vez, lo intentarán.

Ansia viva de presumir. 

La siguiente casilla es ponernos en peligro sólo por colgar la foto. 

Y hay quien ya está en ella. 

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