Andrés Guardado y su quinto mundial con México: hacer historia o morir en el olvido

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Andrés Guardado durante la Copa del Mundo de Rusia 2018, su cuarto mundial. (Matthew Ashton - AMA/Getty Images)
Andrés Guardado durante la Copa del Mundo de Rusia 2018, su cuarto mundial. (Matthew Ashton - AMA/Getty Images)

No hay mañana para Andrés Guardado. El líder moral de la Selección Mexicana sabe que las balas se le han terminado. Qatar 2022 será la cúspide de su carrera, pero también el final. En cuatro comparecencias mundialistas, El Principio lo ha visto todo: una obra de arte, un penal maldito; partidos que silenciaron al mundo y otros que México perdió antes de salir al campo. El último suspiro mundialista espera en suspenso para el capitán tricolor: la historia o el olvido.

Cuatro mundiales y una frustración sin fin

En Alemania 2006 todo fue luz para Guardado. Deslumbró en el momento cumbre de la cita: contra Argentina en Octavos de Final. Era su día. Como toda joya en ciernes, el mediocampista de extracción atlista se rebeló contra la lógica y le pintó la cara a todos los prejuicios. Que si era muy joven, que se iba a morir de miedo: patrañas. Cuando tomaba el balón, Guardado era más que un jugador de futbol de 19 años: simbolizaba el idealismo de quienes confían en el talento como motor del juego. Todo murió en los pies de Maxi Rodríguez.

Guardado en Alemania 2006 enfrentando a Lionel Scaloni, actual entrenador de la Selección Argentina. (OMAR TORRES/AFP via Getty Images)
Guardado en Alemania 2006 enfrentando a Lionel Scaloni, actual entrenador de la Selección Argentina. (OMAR TORRES/AFP via Getty Images)

Cuatro años después, en Sudáfrica, el Zorro Plateado ya era un referente nacional. Jugaba en Europa y su coeficiente futbolístico había crecido en los campos españoles. Pero Javier Aguirre lo excluyó del once titular en casi todos los partidos del certamen —solo fue titular en la última cita—. Su furia se tradujo en un violento izquierdazo que casi termina en el ángulo de Fernando Muslera, portero uruguayo. Entró de cambio y quiso demostrar por qué merecía alienar. Poste. Casi, ya mérito: Guardado no fue ni referente ni cambio de lujo. México, para variar, quedó eliminado ante Argentina con los brazos cruzados.

Guardado junto a Lionel Messi en un partido de la Liga española. (Quality Sport Images/Getty Images)
Guardado junto a Lionel Messi en un partido de la Liga española. (Quality Sport Images/Getty Images)

El siguiente periplo, rumbo a Brasil, representó la etapa más oscura de Andrés en el tricolor: se cuestionó su condición de líder y, para redondear la crisis, se puso en entredicho su valor dentro del campo. Ya estaba viejo, decían. El mandato futbolístico no tiene huecos legales: alguien que fue prodigioso a los 19 años tiene estar acabado antes de los 30. Guardado eligió salir de la penumbra y revitalizar su juego. Dejó la banda, ese terreno que colmó de desbordes y centros, y pasó al centro del campo. Perdió irreverencia, pero ganó lucidez. Era el jugador que siempre pudo ser. Sin embargo, Robben y Países Bajos editaron el guion de última hora.

Y El Principito se hizo Príncipe. Había navegado por Galicia, Valencia y Leverkusen, pero su lugar en el mundo estaba en Eindhoven. Los aficionados del PSV lo idolatraron hasta la médula. Él se marchó aunque lo tenía todo: quería volver a la élite. En el Betis consagró la versión más sofisticada de su juego. Estoico, generoso, hombre de equipo: Guardado ya vivía para el lucimiento ajeno. Y ese es el punto más alto que puede alcanzar un jugador de futbol: hacer mejores a quienes le rodean. Batacazo contra Alemania, deshonra frente a Suecia y Brasil como verdugo. Otra vez. Cuarto mundial eliminado en el cuarto partido.

Andrés Guardado durante un partido amistoso con el Tri.  (Jamie Sabau-USA TODAY Sports)
Andrés Guardado durante un partido amistoso con el Tri. (Jamie Sabau-USA TODAY Sports)

Cinco Copas del Mundo. Guardado no será el único, pero el club sigue siendo muy selecto: Carbajal, Matthäus, Buffon y Márquez. En esta edición se sumarán Cristiano Ronaldo, Messi y Guillermo Ochoa —quizá Sergio Ramos, si Luis Enrique lo permite—. No es raro verlo entre grandes nombres: ha pasado la mitad de su vida fotografiándose junto a futuras leyendas de este deporte. 35 años y jamás sucumbió ante las ofertas de México ni de la MLS.

Qatar es el fin del reloj. Lo sabe y no tiene problema en decirlo. Su jerarquía es más grande que nunca, pero la velocidad del juego le pasa las facturas naturales. Es la ley del juego: la madurez llega cuando la energía se ha ido. Guardado conoce todo del futbol y entiende que en su quinto Mundial está todo en juego. El legado eterno o un adiós melancólico.

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