Andrés Molteni, un obrero del tenis al que le llegó su momento en la Copa Davis

LA NACION

ASTANA, Kazakhstán.- Diez años tenía Andrés Molteni . La ropa que le habían dado en el club le quedaba holgada. No le importó, claro. Por delante tendría su primer acercamiento al mundo de la Copa Davis y estaba muy entusiasmado, como la mayoría de sus amigos del Buenos Aires Lawn Tennis Club. El equipo argentino recibía a Eslovaquia en el polvo de ladrillo de Palermo con el anhelo de ascender al Grupo Mundial. Molto había empezado a jugar al tenis en CUBA Villa de Mayo, pero al poco tiempo se asoció al BALTC para poder entrenarse cerca de su casa, en Recoleta. Molteni fue alcanzapelotas en esa serie de septiembre de 1998, en la que la Argentina perdió 3-2 frente a un rival que ostentó a un picante Dominik Hrbaty. Aquella experiencia, inolvidable, fue la primera para Molteni en la Davis. Diecinueve años después, el tenista diestro y 48° del mundo en dobles, volverá a saborear la misma competencia aunque ya sin pantaloncitos de ballboy: lo hará como jugador titular -y debutante- en el repechaje frente a Kazakhstán. Daniel Orsanic, ex doblista, lo seleccionó para que el sábado próximo forme pareja con Machi González (esa misma sociedad tuvo éxito este año, ganando el Challenger de Tigre, en superficie dura).

A Molteni le costó convencer a su padre, Hugo (un conocido juez), de que su futuro se encontraba entre raquetas. Si bien sus hermanos varones habían practicado deporte (rugby), luego optaron por carreras universitarias. Aplicados al estudio, no se llevaban materias en el secundario y así, las vacaciones veraniegas de los Molteni, mayormente en la casa familiar de Mar del Plata, se prolongaban durante más de dos meses, sin apuros. Andrés estudió en el colegio Champagnat, pero cuando su carrera en el tenis fue avanzando, se vio obligado a cambiar de establecimiento ya que la doble escolaridad no le permitía entrenarse todo lo que pretendía. Eso sí, la escuela tenía que terminarla; donde sea, pero terminarla. Desde los 12 años, Molteni empezó a jugar interclubes (todavía hoy lo sigue haciendo para el BALTC); su primer viaje al exterior fue en un Sudamericano Sub 12, en Ribeirao Preto, Brasil; y pertenece a la misma camada que Juan Martín del Potro ("Pero Juan siempre jugaba en una categoría más alta. Compartí pocos torneos con él", cuenta). A los 17 años sacó su primer punto ATP, tan simbólico para los tenistas, en Caracas. Jugó Futures, Top Serv, Challengers. Hasta que llegó al exigente ATP Tour. Como singlista alcanzó el puesto 181° en 2011, sin embargo, desde hace varias temporadas encontró, en el dobles, una manera de fortalecerse y vivir de lo que le gusta. Es más, ya tiene tres títulos ATP: Atlanta 2016 (con Horacio Zeballos), Lyon y Umag 2017, con el canadiense Adil Shamasdin y Guillermo Durán, respectivamente.

"Nunca puso en duda que quería ser tenista. Siguió, siguió y encontró el camino en el dobles. Ahora está viviendo la vida de tenista, codeándose con los top ten. Lo veo disfrutar; ahora no sufre las giras. Es un luchador del circuito. Le gusta el tenis, tiene talento para jugarlo, es rápido, con una volea bárbara, pareciera como que jugara al paddle. Y es muy exigente". El que ilustra a Molteni es uno de sus mejores amigos, Bruno Tiberti, ex 650° de ATP e hijo del Gurí Tiberti (número 5 de la Argentina en singles en 1982 y jugador de Copa Davis). Antes de jugar en el circuito grande, Molteni conoció el lado B, y también el lado C, donde mandan la austeridad y las limitaciones. "Hay muchos que tienen que dejar de jugar por el tema económico. No es fácil. El tenis no está bien pago. ¿Quién va a ver a un 80 contra un 110? Todos quieren ver a los mejores. La ATP tiene que encontrar algo para repartir más dinero a los de abajo", explica Molteni. Y añade: "Con los gastos de hotel, pasaje, comida y entrenadores, jugando Futures y Challengers muchas veces no salís arriba. Por eso algunos caen en el tema de las apuestas. Están tantos años allí perdiendo plata que se tientan. Pero está mal. Encima, cuando perdés un partido tenés que soportar que te insulten o te amenacen por las redes sociales".

Según Molteni, el tenista perfecto sería "muy parecido a Federer con el revés de Nalbandian y la mentalidad de Nadal". Dice ser tímido y todavía se arrepiente de no haberle pedido una foto a Andre Agassi durante el último Roland Garros ("Me lo crucé en un pasillo solitario y no me animé. De chico lo idolatraba", confiesa). Fue durante un tiempo a un psicólogo deportivo, pero desde hace dos años visita a uno clínico. "Para que toda mi vida no pase por el tenis y pueda hablar de otras cosas", dice. Uno de sus hobbies es esquiar, pero representa un peligro para su profesión de tenista, entonces lo tiene abandonado. Tiene un grupo de WhatsApp llamado "Asado monumental" con más de 30 amigos (la mayoría, tenistas), donde siempre hay lugar para el debate, los chistes y las comidas. Es "futbolero". Parte de su familia creció en el barrio de Boedo y tuvo un tío abuelo que jugó en San Lorenzo; obviamente, su sangre es azulgrana. Hace unos meses conoció a Pipi Romagnoli, uno de sus referentes. Y atesora una anécdota sobre la final de la Copa Libertadores 2014 que ganó el Ciclón: "La viví en Praga, como a las tres de la mañana de allá. Estábamos jugando un Challenger y compartía habitación con el venezolano Roberto Maytin, que dormía porque jugaba al otro día temprano. Miré el partido por la computadora, en mi cama, mordiéndome la lengua, no podía ni gritar, porque mi compañero me mataba si se despertaba", sonríe Molto, aunque más que ver el fútbol le gusta practicarlo. Claro que eso también es peligroso para los tenistas. "Jugando campeonatos me fisuré dos veces las costillas. La última vez, hará tres o cuatro años, estuve un mes parado; pero ahora ya aprendí y no voy más".

Con Molteni, el BALTC, emblemático club del tenis nacional, vuelve a tener a un representante en la Copa Davis. "En estas horas uno siente responsabilidad y presión. Se pasa por todos los estados. Nunca en mi vida me habló tanta gente por teléfono; me siento importante, jeje. Pero quiero aprovechar la experiencia, no sufrirla. Estoy preparado", aventura Molteni, un obrero del tenis al que le llegó su momento.

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