En una ambulancia española, la tensión es "constante" aunque el virus remita

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En una ambulancia española, la tensión es "constante" aunque el virus remita

Jordi Rodríguez cruza la ciudad a toda velocidad en su ambulancia mientras sus compañeros empiezan a colocarse el equipo de protección. La epidemia remite en España pero no la "tensión constante" en su lucha contra un virus del que "no te puedes fiar".

Estaban en su puesto de guardia en el hospital Parc Taulí de Sabadell, una ciudad industrial de 210.000 habitantes al norte de Barcelona, cuando les llegó un aviso de una mujer de 65 años que se había desvanecido súbitamente en su casa.

No había indicios de coronavirus pero "no te puedes fiar, porque ahora todos son sospechosos".

"Tienes que protegerte, no tocar nada, limpiarte bien y eso te hace estar en tensión constante", explica este hombre achaparrado, con un brillante pendiente en la oreja, que trabaja para el Sistema de Emergencias Médicas (SEM) de la región de Cataluña.

Cuando el vehículo frena, el doctor Pere Lanau y la enfermera Mónica Naval saltan ya con las batas puestas. Con movimientos rápidos pero precisos, se colocan guantes, gafas y dos mascarillas antes de entrar a la puerta entreabierta en los bajos, de donde se escapan los sollozos de una mujer.

"Estamos acostumbrados a entrar directamente, pero ahora tenemos que dedicar tiempo a protegernos. Lo pasas mal porque sabes que tienes que entrar rápido, porque el tiempo puede ser vital", afirma Rodríguez, de 47 años.

Un largo pasillo conduce al salón donde yace un cuerpo ya sin vida. La fallecida, con múltiples patologías, llevaba días sintiéndose mal pero no llamaron al médico hasta que se desmayó.

"Con todo esto del virus, pensamos que era mejor esperar", explica entre balbuceos su hija, mientras la nieta, que juega distraída con sus muñecas en otra habitación, pregunta qué le pasa.

"La gente tiene miedo, mucho miedo de los hospitales y apura hasta el final", explica la enfermera Naval, de 41 años.

"Llegan pocos casos, pero los que llegan, son graves, graves de verdad" lamenta, ya de regreso en la base donde se deshacen del material que, con suma delicadeza, se retiraron al abandonar el domicilio y colocaron en una bolsa cerrada.

El equipamiento no desechable, como las gafas, se desinfecta, así como el interior del vehículo y los utensilios médicos.

- "A veces, nos derrumbamos" -

Estos trabajadores de salud son testigos de la paulatina ralentización de la pandemia en España, uno de los países con más muertos por coronavirus pero donde el parte de defunciones diarias cayó de 950 a menos de 200 en el último mes.

Los servicios en su zona, el norte del área metropolitana de Barcelona, disminuyeron entre un 20 y un 30% respecto a lo registrado en el peor momento. Y ese día, en diez horas de guardia, no tuvieron ningún paciente de coronavirus.

"Llevamos unos días que parece que mejora. Ahora los covid son casos muy excepcionales, especialmente de traslados entre hospitales", explica el doctor Pere Lanau ya relajado, con unas gafas de sol donde antes llevaba las lentes protectoras.

A sus 60 años, este hombre canoso y con voz de locutor radiofónico no recuerda una situación "tan complicada".

"Sobre todo por el tipo de enfermedad, tan infecciosa, y los equipos de protección. Son instrumentos que nosotros no solemos llevar y nos ha llevado un tiempo acostumbrarnos", explica.

Las primeras semanas fueron frenéticas. El pánico cundió en la población que, al mínimo síntoma, temía estar contagiada, explica el jefe del SEM del área metropolitana norte de Barcelona, Antonio Carballo.

"En dos o tres días de diferencia, pasamos de 6.000 a 25.000 llamadas diarias", recuerda.

Aunque en el SEM no faltaron equipos de protección, sus trabajadores temían contagiarse en algún descuido, y poner así en peligro a los suyos, y lidiaban al mismo tiempo con situaciones emocionalmente complejas.

"Lo que es muy duro es dejar a los familiares en casa y llevarte al enfermo. Muchos se van llorando", explica Jordi Rodríguez.

"En algunos casos sabes que, depende de cómo vaya la historia, puede ser la última vez que lo vean. Y es duro, pero tienes que intentar no llevártelo todo a casa", dice el doctor Lanau.

Ante esta situación, el SEM reforzó la asistencia psicológica a sus profesionales. "Es constante la tensión y esto acaba minando a algunos de nuestros profesionales", explica Carballo.

"Es cierto que es nuestro trabajo, estamos preparados para eso y lo hacemos con gusto, pero a veces nos derrumbamos, como todo ser humano", añade.